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Una vez más disculparme por la tardanza en las entregas, pero no dispongo de todo el tiempo que me gustaría. Para seguir correctamente la historia, si os apetece, recomiendo la lectura de las entregas anteriores. Saludos.

Me parecía total y absolutamente increíble que en tan solo un instante, en unos pocos segundos, se pudiera pasar del éxtasis, acompañado de una sensación de plenitud, al miedo, la sorpresa y la angustia. Supongo que eso debe ser muy fuerte para cualquier adulto experimentado pero, desde luego, lo es aún más para un chaval que está comenzando su camino en la vida y descubriendo el sexo, aunque sea de una forma tan atípica como la mía, de la mano de las féminas de la familia.

Ese cúmulo de sensaciones hizo mella en mí en aquel momento, y sentí una fuerte sensación de mareo y nausea, que a punto estuvo de hacerme sacar hasta la primera papilla allí mismo.

Miré a María con el pánico dibujado en mi rostro, buscando inconscientemente su protección, supongo, pero contrariamente a lo que se pudiese esperar, en la cara de mi hermana solo vislumbré una expresión de contrariedad, cercana al enfado.

–         Vicen, no te muevas

¿Qué no me moviese?, pero si acababa de sorprendernos Mel teniendo sexo en mi habitación, completamente desnudos, con mi miembro dentro de mi hermana, y a unos escasos dos metros de mi prima que, por cierto, parecía estar volviendo del mundo de los sueños etílicos y nos miraba con los ojos casi cerrados, como ausente.

Con lo que sucedió a continuación pude comprobar lo firme del carácter de mi hermana y su increíble sangre fría. Tal vez debería haber sabido leer entre líneas en aquel momento, al ver su reacción pero, sencillamente, yo no estaba preparado aún para darme cuenta de esas cosas.

Hice un intento por sacársela de dentro, pero ella me contuvo apretando con sus manos en mis nalgas

–         He dicho que te estés quieto, no te muevas, nadie me va  joder este momento

A pesar de la firmeza con la que me sujetó mi movimiento originó que una pequeña cantidad de líquido, mezcla de semen y flujo saliese del interior de María. En un instante tomó el control de la situación y se dirigió con tono firme a mi prima que permanecía tumbada con la cabeza girada hacia nosotros y los ojos medio entornados

–         Amaya, no te muevas que volverás a vomitar y bastante la has liado ya, nos has puesto perdidos a los dos y nos hemos tenido que duchar…¿ya no te acuerdas?

Pensé que eso no colaría de ninguna manera pero, incomprensiblemente, volvió a cerrar los ojos y sumirse en su trance alcohólico sin tan siquiera girar el cuello; se iba a hacer una contractura. Volví a mirar a mi hermana, perplejo.

–         pero…¿Y Mel?

Ella se acercó a mí y me habló suavemente mirándome a los ojos

–         Tú déjamela a mí; ella y yo tenemos una conversación pendiente y creo que ha llegado el momento. Ahora, Vicen, quiero que la saques cuando yo te diga, despacito, y después yo me iré al baño. Cuando entre en el baño, te vas al sofá y te acuestas sin hacer ruido, ¿entendido?

–         Si, lo que tú digas

Todo esto era absolutamente surrealista. No salía de mi asombro al ver con que aplomo estaba gestionando esta situación María. Cogió el famoso rollo de papel higiénico, se hizo con una buena porción y lo acercó hacia su vagina

–         ahora, sácala despacio

moví mis caderas hacia atrás, lentamente, y entonces fui consciente de que, aún con lo acojonado que estaba y los sobresaltos, mi polla se mantenía medio erecta. Al salir de aquel estrecho coño no pude evitar sentir una sensación de placer en mi miembro, pero también de añoranza; ¿volvería a estar así alguna vez más o tal vez sería la única y última?. Ella taponó con habilidad su cueva y bajó ágilmente del escritorio sin dejar que nada más resbalase por sus muslos; me aparté para dejarla pasar, abrió la puerta de la habitación, y ví salir aquel precioso culo y a su dueña, que recorrió la escasa distancia hasta el baño y entró en silencio. En aquel momento yo debería haber hecho caso a mi hermana y salir sigilosamente hasta el sofá, pero supongo que la sensatez no estaba entre las virtudes que me adornaban.

Me vestí de nuevo con el pantalón corto y la camiseta, desconecté la Play, y miré hacia mi prima. La posición de su cuello era imposible, por lo que me apiadé de ella y me acerqué para acomodarle la cabeza en la misma dirección que el resto de su cuerpo, es decir, mirando hacia la izquierda, hacia la pared. La moví con mucho cuidado y no pude evitar sentir cierta sensación de ternura. Dormida era como un ángel y una pequeña sonrisa se me dibujó en la cara. Pero mi pensamiento casto duró poco cuando miré más abajo de su cara y continué en línea descendente por su anatomía, porque estaba muy buena, y recordé, instantáneamente, lo sucedido con ella y que, tal vez, cabía la posibilidad de que se repitiese en el futuro.

Repentinamente un sonido me sacó de mis pensamientos; María había entrado en su habitación, donde se encontraba Mel, y enseguida comencé a escuchar lo que pareció una conversación un tanto acalorada donde las interlocutoras utilizaban un volumen muy contenido. Me precipité a la cama, por encima de Amaya, intentando evitar tocarla y pegué mi oreja a la pared, pero no conseguía escuchar nada, más allá que un murmullo de dos voces diferentes. La curiosidad me pudo más que la prudencia, y decidí salir y acercarme a la puerta de la habitación de María para intentar enterarme de que se estaba hablando; seguro que era algo en lo que yo estaba involucrado y me interesaba saberlo, para variar.

Salí con sigilo de mi habitación y llegué hasta la puerta de la habitación contigua y, en un segundo, pegué mi oreja izquierda a la puerta, y contuve la respiración. Ahora si se entendía lo que decían, aunque el martilleo de los latidos de mi corazón en la cabeza me molestaba. A la primera que distinguí fue a María

–         …entonces ¿se lo vas a decir a alguien…se lo vas a contar a nuestros padres?

–         Ya te he dicho que no. No quiero ser la culpable de que esta familia se desmorone, pero ¿cómo has llegado a esto con Vicen?, ¡me parece increíble!

–         Es mi hermano pequeño, y desde que falta nuestra madre siempre he cuidado de            él, y pienso seguir haciéndolo

–         Pero precisamente por eso, es tu hermano pequeño, ¿qué tiene que ver eso con follártelo?¿cómo puedes tener sexo con él?, ¿te has vuelto loca?, ¡esto es muy fuerte!

–         Simplemente le estoy ayudando a descubrir el sexo

–         No creo que lo que estás haciendo esté nada bien, además, seguro que está mucho más espabilado de lo que tú te crees

–         No, Mel, está muy verde…llevó tiempo observándole y sé de lo que hablo…

–         Pero ¿no podías tener una charla con él?, no sé…aconsejarle y ya está

–         ¿y qué soluciono con eso?, ¿y qué sucede si viene una golfa y le hace daño?, es demasiado buena persona y gusta a las chicas, y sé que lo van a destrozar, sufrirá mucho…

–         Bueno, razón de más para dejarle, ya espabilará. Creo que no me estás contando todo…aquí hay algo más, María, esto no me cuadra…

–         Simplemente tiene las hormonas demasiado revolucionadas, está fuera de control, y hay muchas tentaciones muy, muy cerca…, por ejemplo tú

–         ¿Qué quieres decir?

–         Vamos Melinda, ¡sabes perfectamente cómo te mira!… y eso te encanta, te pasas el tiempo provocándole, igual que haces con todos…te encanta calentarlos, que te miren, que te deseen, pero no me gusta que actúes así con él, Vicen es distinto

–         ¿pero qué coño estás diciendo?

–         ¿Te crees que no me he dado cuenta de cómo dejas que te observe y como lo miras tú a él?, haces que se ponga como una moto para nada…

–         ¡Esta conversación ha terminado María!

Esa última frase la escuché con la voz en movimiento, como acercándose hacia la puerta, y salí de estampida caminando rápidamente de puntillas en dirección al salón, y me abalancé sobre el sofá para hacerme el dormido, justo en el momento en el que escuchaba la puerta del baño cerrarse, con menos sigilo del debido, para la hora y la situación en la que nos encontrábamos. Me mantuve inmóvil y escuché la puerta de la habitación del fondo abrirse y la voz de mi padre peguntar en voz baja

–         ¿María?¿Vicen?, ¿sois vosotros? ¿habéis llegado bien?

María abrió la puerta de su habitación y conversó en voz aún más baja con mi padre, sin que yo pudiese entender lo que decían, luego escuché cerrarse las dos puertas y comencé a respirar tranquilo, por fin.

Me tumbé boca arriba, puse mis manos cruzadas tras mi nuca y, mirando en el techo el reflejo de la tenue luz que se filtraba desde la terraza abierta, intenté ordenar un poco mis ideas. La noche había sido muy movida, demasiado, y tan solo recordar lo que había ocurrido me hacía sentir una cierta tensión en la boca del estómago. Por mi mente se sucedían un carrusel imparable de imágenes…lo guapas que estaban todas esa noche, la actitud de Mel en el coche, el acoso de Raquel, la amiga de mi hermana, y la reacción de mi prima Amaya, y luego el juego y el sexo con María, ¡qué maravilla!, eso era lo mejor que había sentido nunca, jamás me hubiese imaginado que fuese una sensación tan excitante, tan placentera, tan sublime…¿sublime?. Esa palabra la había escuchado antes pero no estaba seguro de si tenía el significado que yo creía…-bueno tenía el móvil en la habitación, ya lo miraría mañana-. Pero es que, es que…¡es que era muy fuerte!.

Un instante después una sombra gris hizo que mis pensamientos no fueran tan agradables. Si Amaya recordaba lo que había visto cuando se recuperase ¿cómo reaccionaría?, a juzgar por lo visto esa noche podía hacer cualquier cosa…¿y Melinda?, aún después del fragmento de conversación que había escuchado no me fiaba de ella, tal vez podía esperar cualquier cosa. ¡Joder qué agobio!. Comencé a sentir un sudor frío y una fuerte sensación de náusea, me incorporé para ver si se me pasaba, pero no fue así, iba a vomitar sin poder evitarlo y el baño me quedaba demasiado lejos, además no quería que nadie me escuchase…así que corrí descalzo, lo más rápido que pude, y me dirigí a la terraza; llegué con el tiempo justo de asomarme por la baranda por el lado que daba al solar abandonado de nuestra izquierda, y mi estómago se vació como una fuente, a través de mi boca, en tan solo unos segundos.

Me senté en el suelo con la espalda pegada a la baranda y la sensación de vértigo comenzó a diluirse. Un minuto después empecé a notar en mi cara la suave brisa de la noche veraniega y recuperé la calma. No podía seguir así. Todo esto que me sucedía era muy excitante y divertido, pero emocionalmente era una montaña rusa para la que no estaba preparado; bueno, creo que nadie lo estaba. –intenta dormir, chaval-, me dije. Si tal vez era lo mejor, ya era muy tarde y llevaba mucha tralla encima.

Llegué al sofá, me tumbé, y me sentí un tanto más calmado, si, a fin de cuentas me estaban pasando cosas buenas, aunque nunca había oído que esto le pasase a nadie con su familia…claro que debe ser algo que no se va contando por ahí…imagino. –Tampoco yo se lo puedo contar a nadie, no debería-. Y dándole vueltas a esa idea estaba cuando, por fin, me venció el cansancio y me dormí.

Tuve un sueño inquieto, en el que se entremezclaban imágenes de lo sucedido la noche anterior con situaciones extrañas en las que yo me veía a mí mismo, siempre desnudo, ante la mirada de todos y sin poder cubrirme. Finalmente me desperté inquieto y con la sensación de no haber descansado bien. Cuando abrí los ojos vi a mis tíos y mis padres sentados en la terraza, desayunando tranquilamente. No debía ser muy temprano, porque entraba mucha claridad y el Sol parecía estar ya muy alto. Me los quedé mirando desde mi posición y me reconfortó aquella imagen familiar en la que tomaban café, zumo, churros y galletas, y charlaban tranquilamente con una sonrisa amable en la boca, pero la sola idea de acercarme allí me inquietaba, porque, en mi cabeza, había una cierta sensación de culpabilidad producida por una sola idea: lo que estaba pasando con las hijas de los que estaban allí sentados. Me estaba tirando a mi hermana, (o ella a mí), había tenido sexo con mi prima que, aparentemente, estaba muy colada por mí, y deseaba a mi hermanastra, la deseaba intensamente.

Me armé de valor y salí hacia la terraza mirando la expresión de sus caras al verme llegar, por si tenía que prepararme para alguna bronca, pero todo discurrió con normalidad. Saludé al acceder donde se encontraban

–         buenos días a todos

–         hombre, buenos días triunfador –saludó mi padre-

–         tri…¿triunfador?

–         ¿Anoche no fuiste la envidia de todos, rodeado de las bellezas de la familia?

–         Si, Vicen, y nos han dicho que algo más –añadió mi tía-

–         No sé…no sé a qué te refieres…

–         Si hombre, si nos lo ha contado todo María antes de irse

¿María les había contado algo?¿se había ido?¿a dónde?. Demasiada información para estar recién levantado

–         Nos ha contado que una amiga suya está loquita por ti

–         Ahh, bueeeno, no es nada, solo jugaba conmigo, además es mayor que yo

–         Así se empieza, ¿verdad Carmen?

Mi madrastra me miró fijamente y respondió

–         yo creo que este chico está más espabilado de lo que parece, ¿eh, Vicen?

–         Estooo, ¿y dónde está María?

–         Hijo, cada día estás más tonto, ¿no te acuerdas que hoy se iba a Madrid con las compañeras, van a mirar pisos para cuando empiecen las clases de la Universidad?. Estará fuera unos días…

Me quedé de una pieza. No lo recordaba en absoluto. Pero no sé que es lo que me impactó más, si la noticia de que se había ido en un momento como este, con todo tan liado, el saber que no iba a tenerla cerca durante esos días, o el ser consciente de que se marcharía a estudiar fuera y ya no la tendría en casa

–         me ha dicho que te dejaba un mensaje en el móvil, ¿no lo has visto?

–         Pues no, tengo el móvil en la habitación y Amaya estará durmiendo aún

Preguntó mi madrastra, Carmen

–         ¿y qué hace tu móvil ahí?

–         Estooo…pues lo dejé anoche al llegar, que entré un momento a cambiarme y supongo que se me olvidó. Estaba muy cansado.

Nadie pareció darle más importancia, pero Carmen me siguió con la mirada mientras yo iba camino de la cocina. Me serví un baso de leche bien fría de la nevera y cogí unas galletas del armario, no quería salir otra vez y exponerme a algún comentario incómodo. Estaba deseando leer el mensaje que me había dejado María, pero no quería ir a la habitación y arriesgarme a que se despertase Amaya y tener que enfrentarme, a vete a saber qué comentarios; si lo pensaba bien, la reacción de ayer de mi prima, no solo fue poco agradable para todos, sino que nos jodió la juerga, (para una vez que salimos de noche), y, para postres, me creó unas expectativas que luego se fueron a tomar por saco, solamente por sus celos y su mala cabeza. Si, en realidad estaba molesto con ella y lo de después con María, bueno, eso era otra cosa…y supongo que no tenía nada que ver…¿o sí?

No tuve que esperar mucho, porque una media hora después apareció Amaya, recién duchada, con su cara de niña buena y de no haber roto un plato en su vida. A mí me pilló en el sofá pero solamente me saludó y pasó de largo, camino de la terraza. Me temí lo peor

–         buenos días, Vicen

–         buenos días, Amaya

Dio un beso de buenos días a todos, y se sentó junto a su madre para dar cuenta del desayuno. –tócate los cojones, ¿y a esta que le pasa ahora?-. Como por fin quedó libre mi habitación aproveché para ir a coger algo de ropa y recuperar mi móvil. Ella la había ventilado y estaba todo ordenado, aunque aún tenía sus cosas por en medio, con su maleta a medio hacer. Observé su ropa durante un instante y cogí mi móvil que se encontraba sobre el escritorio, todavía en modo silencioso. Busqué con una cierta ansiedad en mi whatsapp y, junto con otros dos mensajes, allí estaba el de María. En realidad eran dos, uno escrito y un audio.

“Buenos días enano. Como estabas frito te he dejado dormir. Nos vemos el jueves o el viernes cuando vuelva de Madrid” y le seguían varios emoticonos de caritas sonrientes que lanzaban besos en forma de corazoncitos a través de su boquita.

El audio prometía algo más porque era de casi un minuto de duración y, por si acaso, saqué la cabeza por la puerta de mi habitación, y miré hacia el pasillo, para asegurarme de que no había nadie cerca. Tras cerrar la puerta bajé el volumen para que no se escuchase en la habitación de al lado y así nadie se enterase de lo que no debía.

En el audio, además de explicarme que se había ido a Madrid con sus dos amigas, y futuras compañeras de piso, (para intentar dejar cerrado el alquiler de alguno de los pisos de estudiantes que visitarían en los próximos días y que previamente habían seleccionado para cuando se iniciase el curso), me pedía que fuese amable con Amaya, que seguramente estaría muy avergonzada, que había hablado con Melinda y todo estaba arreglado –si se refería a la conversación que escuché yo ¿Qué entendía ella por arreglado?, supongo que intentaba tranquilizarme-, que me llamaría y me enviaría mensajes, que me echaría de menos, que pensara mucho en ella y lo que más me sorprendió y transcribo literalmente:

“…y no se te ocurra correrte pensando en ninguna otra; si tienes alguna tentación recuerda nuestros juegos y, si no puedes más, llámame. Besos, hermanito”.

Dijo esto último con una intención y un tono de voz tan sensual, casi en un susurro, que hizo que mi ánimo se calentase casi de forma instantánea. La hubiese llamado en ese mismo momento. Ya era muy evidente para mí la influencia que mi hermana tenía sobre mí, sexualmente hablando, la cuestión era: ¿ella lo tenía así de claro?¿sería así de evidente también para otros observadores?, y lo que me parecía aún más importante: hasta dónde nos llevaría eso?.

Dejé el móvil y me dispuse a cambiarme con la intención de ir a la playa; necesitaba salir de casa cuanto antes y estar solo pero, de momento, no iba a ser así. Se abrió la puerta y entró rápidamente Amaya, sin llamar, cerrando enseguida la puerta tras de sí, para después, literalmente, abalanzarse sobre mí con fuerza, haciendo presa con sus brazos y sus piernas en mi cuerpo, lo que provocó que mí espalda fuese a chocar contra la puerta del armario y mi cabeza rebotase fuertemente contra ella

–         ¡que me matas, loca!

Me liberó del nudo de sus piernas, pero se quedó literalmente pegada a mí con su abrazo a modo de lazo, mientras hundía su cara entre mi cuello y mi hombro. Escuché su voz, un tanto ahogada, por la presión que ejercía su boca sobre mi hombro

–         lo siento, lo siento, lo siento

–         ya vale Amaya, suelta, va mujer

–         no te suelto hasta que me perdones, me comporté como una gilipollas, como una niñata. Lo siento Vicen

Era un alivio que no hubiese venido a lincharme o montarme una escenita. Supongo que estaba demasiado borracha como para ser consciente de lo que había sucedido a su alrededor. Pasada la sorpresa inicial, comencé a ser consciente de su proximidad física, y ya lo que notaba eran sus pezones que se clavaban en mi, libres del sujetador, bajo su camiseta, sus muslos pegados a los míos, y su pelvis pegada a mi miembro que estaba comenzando a crecer preocupantemente rápido

–         ummmm, que es esto que se está poniendo tan durito

–         Amaya que la vamos a liaaaar ,y está toda la familia despierta, córtate un poco

–         Además de hacer el idiota, anoche falté a mi promesa, tanto calentarte para luego dejarte así, pensarás de mí que soy una calienta pollas cualquiera, cómo no va a estar cachondo mi primito…

Comenzó a frotarse como un felino contra mí, presionado con su pelvis y sus caderas sobre mi miembro, lentamente, acompañando su movimiento, de arriba hacia abajo, mediante una ligerísima flexión de sus rodillas. No soltaba el nudo de sus brazos de mí y solo movió su cara para acercarla a la mía y darme pequeños besitos en el cuello, acompañados de algún pequeño lametón. Se me puso todo el bello de punta y la fina tela de mi pantalón corto dejaba traspasar, fielmente, todas las sensaciones que ella me estaba procurando, por lo que la polla se me estaba poniendo como una piedra y a buen seguro que ella la debía notar. Intenté recordar las palabras que había escuchado unos momentos antes en el mensaje que me dejara mi hermana, de alguna manera, en ese momento me estaba sintiendo como si le estuviese poniendo los cuernos a María, pero Amaya liberó uno de sus brazos de mi cuello y fue directamente a poner su mano sobre mi rabo, encima del pantalón, mientras me hablaba con la respiración entrecortada en el oído

–         estoy muy cachonda primo, y quiero compensarte lo de ayer

en ese momento las hormonas tomaron el mando y envié a tomar por culo todas las promesas de fidelidad que, en mi ignorancia, había creído hacerle interiormente a mi hermana tras escuchar su mensaje. Llevé mi mano izquierda al esplendido culo de mi prima y lo apreté con la mano abierta a la vez que la atraía aún más hacia mí

–         oooohhh si primo, tócame…tócame por todas partes

–         joder Amaya, me estás poniendo muy cachondo…

Dirigí mi mano derecha desde su vientre, por el hueco que dejaba su camiseta, para bucear bajo la prenda hasta llegar a su pecho derecho que me recibió, ardiendo, con aquel pezón en forma de cono, que yo ya conocía, muy duro. Estrujé el pecho y dejé deslizar mi mano, como si lo exprimiese, hasta atrapar su pezón entre mis dedos pulgar e índice, estirándolo un poco

–         aaahhhh, siiii, Vicen, asiii

En ese instante fui consciente, primero, de que mi prima era una chica muy caliente y, segundo, de que aún estábamos de pie y me tenía, literalmente, empotrado contra el armario por lo que pensé que lo mejor era buscar una posición más cómoda que me permitiese disfrutar mejor de la anatomía de la gatita en celo, pero…¡toc,toc,toc!

–         ¡Amaya, cariño! ¿estás ahí?

Mi prima se despegó de mí a la velocidad del rayo y antes de responder ya estaba frente a la cama, fingiendo que hurgaba en su maleta

–         si, tía, pasa…

Se abrió la puerta y apareció la cabeza de Carmen, mi madrastra, que miró primero hacia Amaya y después hacia mí, que a duras penas había podido reaccionar aún. Abrió más la puerta, y aunque no entró podía ver con claridad toda la habitación

–         Amaya, que dicen tus padres que vayas acabando que quieren salir ya, antes de que se haga más tarde

–         Vale tía, gracias

–         Por cierto, no tenéis mucho calor aquí, estáis los dos sudando como pollos

Y dijo esto bajando su mirada, discretamente, hasta el evidente bulto de mi pantalón. No sé si debido a la sorpresa o, sencillamente, a que soy un pardillo, seguí su mirada hasta la más que evidente tienda de campaña que habitaba en ese momento en mi entrepierna. Subí rápidamente la mirada y la miré, con la cara roja como un tomate

–         bueno, os dejo que os despidáis

Por fin salió y cerró la puerta. Yo estaba cagado

–         joder Vicen, ¿tú crees que se ha dado cuenta?

–         No sé, creo que sí

–         ¡ostia chaval!¿te ha visto así? –miró hacia mi persistente erección-

–         Eso creo…

–         Pues así no puedes salir…

–         Me voy a la ducha

–         ¿Te vas a hacer una paja?

–         ¡joder Amaya!, no sé, ahora mismo estoy agobiado

–         ¿si te la haces pensarás en mí?, porfaaaa –volvió a poner cara de niña buena-

–         Desde luego, eres tremenda

Salí de la habitación, asegurándome que no me veía nadie y me colé rápidamente en el baño. Al final solo me di una ducha de agua fría porque si no había podido llegar a más con mi prima, tampoco me correría de una manera tan fría. En mi mente era como si estuviese cumpliendo la promesa mental que le había hecho a María.

El agua fría me vino muy bien, me ayudó a bajar la calentura, aunque las imágenes que golpeaban mi cerebro no ayudaban tanto y, entre una imagen caliente y otra se abrió paso la conclusión de que en cierto modo mi hermana tenía razón: yo era un títere en manos de las chicas; hacían conmigo lo que les daba la gana.

Me sequé, y un poco más calmado, me dispuse a pasar un rato con mis tíos antes de que se marchasen. Cuando llegué a la terraza solamente estaban mi padre, mi madrastra y Mel, que debía de acabar de levantarse, los demás estaban ultimando sus equipajes. Me miró fijamente y me senté sin decir nada al otro lado de la mesa. Mi padre nos regañó cariñosamente

–         ¿ya no está de moda saludarse en esta familia?

–         Perdón, buenos días Melinda

–         Hola, Vicen

–         Pues si que os ha sentado mal salir anoche de fiesta…

Su saludo fue muy frío, solamente le faltó apartar la mirada. Me refugié en mi móvil y le envié un mensaje a María

“¿Cómo te va?. Te echo de menos”

Y se lo envié, pero no obtuve respuesta, no debía estar muy pendiente de su móvil. Enseguida llegó Amaya con expresión compungida

–         Ya estoy mamá…

–         Pues entonces nos vamos a tener que poner en marcha, que nos quedan unas cuantas horas de viaje y queremos llegar con tiempo para poder descansar un poco en casa.

Mis tíos residían en Zaragoza, casi a 500 Km de mi ciudad. Se inició el típico zafarrancho que se organiza cuando alguien se marcha y saca su equipaje, unos se preguntan a otros con cierto nerviosismo si lo llevan todo, pero en pocos minutos ya tenían todo listo y estaban preparados para iniciar el viaje. La primera en comenzar la ronda de despedidas fue mi tía, con su simpatía habitual y sus sonoros besos

–         bueno sobrinos, nos vemos en agosto en el pueblo, portaros bien y disfrutar de la playa por nosotros, ¡muac!¡muac!

–         nos vemos pronto, tita

Y todo el mundo besó a todo el mundo, aunque mi padre bajaba a acompañarles hasta su coche, y llegó el turno de despedirme de Amaya.

–         primo…

Y, sin más, se abalanzó sobre mí dándome un fortísimo abrazo. No supe como reaccionar y apenas puse mis manos en sus hombros, muy castamente. Mi prima casi rompe a llorar mientras me daba dos marcados besos en mis mejillas, uno de ellos muy cerca de la comisura de mis labios, todo ello ante la atenta mirada de Melinda. A pesar de ello, no pude evitar disfrutar de la agradable sensación del cuerpo de Amaya pegado al mío y percibir la suavidad de su piel, su calor y su aroma; tuve un conato de erección. -¡mierda!-.

Les acompañamos al ascensor y, cuando la puerta de este se cerró y perdí de vista a mi padre, a mis tíos y a mi prima, no pude evitar sentir una sensación de soledad, casi de vacío. Con la marcha temporal de mi hermana fuera de casa y los que acababan de salir, quedarían lejos, aunque fuese momentáneamente, todos los que significaban algo importante para mí, eran todo lo que tenía en la vida.

Volví a entrar en casa y cerré la puerta. Mi hermana/hermanastra, Mel, y mi madre/madrastra Carmen, se habían vuelto a sentar en la terraza y, al acercarme hasta allí, las dos detuvieron sus comentarios y dirigieron sus miradas hacia mí. Me sentí incómodo, como si me hubiese quedado solo con un depredador que hubiese entrado en mi segura y acogedora madriguera. Di media vuelta y me dirigí hacia mi habitación, necesitaba la intimidad de mi cuarto y volver a sentirme seguro, necesitaba coger oxígeno y quizás pensar en serio sobre todo lo que me estaba pasando.

Me senté frente al escritorio, pero en pocos segundos sentí la necesidad de salir de mi casa, de alejarme de todo. Preparé rápidamente mi mochila, con mis bártulos para la playa, me vestí con un bañador y camiseta limpios, me puse las gafas de sol y salí a despedirme. Mi padre ya se había unido a ellas en la terraza

–         me voy a la playa, vengo a la hora de comer

–         vale, ¿estarás donde siempre?

–         Supongo que si, con los colegas

–         Vale, te pasaremos a buscar que hoy es domingo y comeremos por ahí. Por si acaso llévate el móvil…

–         ¡Anda!, que me lo olvidaba

–         Un día te vas a olvidar la cabeza, hijo

Volví raudo a mi habitación y lo recuperé. Salí al pasillo y me encontré de frente con Mel que venía en dirección contraria. Ni tan siquiera me miró al pasar. –joder, vaya panorama-. Salí de casa, cogí el ascensor y sentí una sensación de alivio. Durante el camino hacia la playa iba pensando, intentando poner en orden mis ideas, pero lo único que conseguía era una sensación de mareo. Debo confesar que mi capacidad de concentración, se veía constantemente alterada por la visión de los esculturales cuerpos de las chicas que me encontraba en el trayecto hasta llegar a la Playa del Postiguet, que era nuestro habitual punto de encuentro. A pesar de ello, creo que esa misma distracción fue la que me ayudó a llegar a la conclusión de que todo lo que me estaba sucediendo, todas las alteraciones que se estaban produciendo en mi vida, venían de la mano del sexo…¿o el sexo era solamente una consecuencia más de todo lo que me estaba pasando…?

Llegué a nuestro punto de encuentro el primero de mi panda, como casi siempre. Estiré la toalla, me quité la camiseta y las zapatillas de deporte, me coloqué mi gorra y me tumbé boca abajo para intentar dormir un poco más y, de paso, evitar pasarme todo el tiempo mirando chicas y acabar más caliente que el palo de un churrero y con otra incómoda erección.

No tardé en quedarme frito, supongo que es uno de los privilegios de la adolescencia, o por lo menos eso le escucho decir a menudo a los mayores, junto con el tema de la vitalidad inagotable; pues tan inagotable no sería, porque yo me encontraba realmente cansado.

El amable balonazo que me propinó mi amigo Juan en la cabeza cuando llegó, me devolvió al mundo de los conscientes bruscamente. Era buen tío pero siempre hacía alguna idiotez

–         ¡qué pasa bella durmiente!

–         Pero ¿tú eres gilipollas o qué?

–         Venga hombre, que no te he hecho daño

–         Pero estaba sobando, cabronazo

–         ¿el señor está cansado?, claro con tanta hembra buenorra en casa, seguro que no paras de machacártela

–         Joder, siempre estás con lo mismo

–         Va, no te cabrees

Lo cierto es que me vino bien la llegada de mi colega y el mosqueo me duró muy poco. En pocos minutos me estaba partiendo de risa con sus bromas y había conseguido desconectar de mis agobios relacionados con las mujeres de mi familia. Nos dimos un baño reparador y seguimos comentando sobre la noche anterior

–         ¿así que anoche saliste de fiesta con tus hermanas y tu prima?

–         No, solo con María, sus amigas y mi prima

–         ¡qué suerte tienes!, mira que están buenas todas….si ya sé, ya sé, que son de tu familia y todo eso… –puso la palma de sus manos mirando hacia mí en señal de que no quería provocarme-

–         También iban dos amigas de mi hermana

–         ¿las que van con ella a la playa?

–         Si

–         ¡no veas qué suerte tienes!, esas dos también están buenísimas

En eso llegó también mi colega Pedro y mientras nos saludábamos con nuestros gestos habituales nos preguntó

–         ¿qué pasa?¿de qué habláis?

–         Este, que anoche salió de fiesta con todas tías buenas de la zona, el solo

–         ¿y eso?

Sonó el aviso de la llegada de un whatsapp y me desconecté, momentáneamente, de la conversación de mis amigos. María me había respondido por fin

“hola hermanito. Yo también me acuerdo mucho de ti. Todo bien?. Si puedo te llamo esta noche pero aquí estoy siempre acompañada. Recuerdos de Raquel”

Y varios emojis: uno guiñándome el ojo y tres lanzándome besos con corazones

–         ¿quién te escribe, ligón?

–         Ehhh, naaaa, es mi hermana María, que dice que ya ha llegado a Madrid

–         ¿y qué hace allí?

–         A buscar piso de estudiantes para cuando empiece el curso

–         ¡ostras!, ¿te va a dejar solo?

La pregunta me sentó como una puñalada en el costado

–         eso parece…

–         ¡no te preocupes tío que te queda Melinda en casa!

–         Juan, a veces eres gilipollas

–         Pero Juan tiene razón, está buenísima

–         Tío, Pedro, córtate un poco que es mi hermana

–         Pero no es la mía, colega, y está cañón. Sin ir más lejos, ahora cuando venía la he visto cerca de aquí

Que extraño, mi hermana siempre iba a una playa bastante más alejada

–         ¿no te habrás confundido, Pedro?

–         ¿Confundir yo a semejante pibón?, que va, si hasta me he esperado un rato para ver si se quitaba la parte de arriba del bikini, pero no he tenido suerte; supongo que como estaba acompañada…estaba con otra pareja

–         Pues no tenía ni idea…

La información que me proporcionó Pedro me dejó un tanto confuso. Desde que conocía a Mel, ella nunca había frecuentado esa playa, y respecto a sus acompañantes, lo cierto es que me daba cuenta de que no sabía prácticamente nada de ella, fuera del ámbito estrictamente familiar.

Pero lo peor fue que, desde que recibí esa noticia, empezó a martillear en mi cerebro la idea de que mi hermana podía estar muy cerca, exhibiendo su maravillosa anatomía, y yo me lo estaría perdiendo. Debo reconocer que desde que la descubrí como a una mujer exuberante y sexy, cada vez necesitaba ver más y más de ella, era como una extraña adicción, tal vez por lo que conllevaba de prohibido. Me había convertido en un coleccionista de imágenes de Mel, pero a diferencia de mi amigo Juan, yo guardaba esas instantáneas en mi memoria y no en la de mi móvil.

Nos dimos un par de baños y jugamos un rato a palas para pasar el rato. A los pocos minutos de sentarme en la toalla me llamó mi padre

–         dime, papá

–         oye, en media hora en el quiosco de los helados que os recogemos

–         ¿a quién?

–         ¿a quién va a ser?…a Mel y a ti, ella ya está avisada

–         Vale…hasta luego

Me mantuve nervioso y distraído hasta que llegó el momento de acudir al punto de encuentro que me había indicado mi padre. La sola idea de encontrarme de nuevo con Mel me inquietaba. No sabía como gestionar ese encuentro después de lo que ella sabía y su última actitud hacia mí.

Llegué casi diez minutos antes de lo acordado al quiosco y me dispuse a esperar a la sombra. El lugar era de lo más concurrido a aquellas horas, y un gentío iba y venía sin parar. Un instante después llegó Melinda

–         hola

–         hola, Mel

Aguanté la respiración esperando el chorreo que me iba a caer pero, para mi sorpresa, se entretuvo en mirar su móvil y no hubo ningún tipo de comentario por su parte. Pasado el temor inicial me dediqué a contemplarla lo más disimuladamente que pude, parapetado tras mis gafas de sol. Para la ocasión llevaba un diminuto pantalón de deporte negro, muy ceñido a su cintura y, tan cortito, que dejaba ver el inicio de sus nalgas, una camiseta de algodón, también negra, que se adhería a sus formas y cubría justo, hasta debajo de su ombligo, y unas zapatillas de deporte del mismo color. El cabello suelto y una mochila completaban su atuendo. Recorrí su anatomía por enésima vez mientras hacía ver que yo también miraba mi móvil. Siendo lo más objetivo posible, estaba claro que era una mujer espectacular, y así lo confirmaban las miradas que le dedicaban el nutrido público masculino que pasaba junto a nosotros, y alguna que otra mujer.

Un par de minutos después ví acercarse el coche de nuestros padres

–         ya vienen, Mel

Ella levantó la vista de su teléfono y miró hacia donde le indicaba, después se acercó a mi oído y me dijo

– ¿lo pasaste bien anoche?

Me quedé petrificado mientras ella se acercaba a la acera para facilitar la recogida por parte de nuestros progenitores. Tuvo que volverme a llamar para que yo reaccionase

–         Vicen, ¿vienes o qué?

–         Voy, voy

Subimos a la parte de atrás del coche. Conducía mi padre y Carmen iba en el asiento del acompañante. Fue ella la que nos preguntó

–         ¿cómo ha ido la playa hijos?

–         Bien, mami, de relax y tomando un poquito el sol

–         Si Carmen, bien, descansando y con los colegas

–         Claro, salís por la noche y luego no servís para nada…¿pero hambre si tendréis, verdad?

–         Si, eso sí

Le respondí sonriendo porque, la verdad, es que mi padre era una auténtico encanto

En unos minutos llegamos a un restaurante donde solíamos ir, y que se encontraba dirección aeropuerto. Se comía realmente bien y su terraza a la sombra era espectacular. Nos sentamos enseguida y a mí me tocó a la izquierda de Mel. Todo discurrió dentro de lo normal, en un tono relajado, como cabía esperar, auque cuando salió la conversación relacionada con María y con su próxima marcha, mi ánimo se resintió y eso no pasó desapercibido a mi familia

–         vamos hijo, tu hermana estará bien, ya sé que estáis muy unidos pero tiene que formarse para el futuro; para mí también va ser muy duro que mi pequeña se marche de casa, pero hay que pensar que es por una buena causa. Además María es muy responsable y la veremos todo lo que podamos

–         si Vicen, no te preocupes; además aquí estamos Melinda y yo para cuidar de ti

Melinda se acercó a mí y pasó su brazo izquierdo sobre mi cuello, tirando de mí y atrayéndome hacia ella, hasta que mi cara quedó muy cerca de la suya y me propinó un sonoro beso en la mejilla. La reacción de mi hermanastra me pilló totalmente desprevenido

– si, no te preocupes que yo cuidaré de ti como lo hace María. Para algo soy tu hermana mayor

¿A qué venía eso?. Ahora sí que no entendía nada. Aún me quemaba el tacto de sus labios en mi mejilla. Era como si mi cerebro repitiese la sensación en mi piel, una y otra vez. Pasado el susto inicial, mis padres se pusieron a hablar de temas relacionados con nuestras próximas vacaciones, aunque yo andaba un tanto ausente, circunstancia que aprovechó Melinda para girarse hacia mí, y poniendo su mano en mi muslo derecho me dijo con total normalidad

–         aún no me has contestado a la pregunta que te he hecho antes

–         eeehhh, sí estuvo bien, había mucho ambiente…¿y tú?

–         ¿yo?, fenomenal, imagínate que la noche fue sorprendente hasta el último momento

Tocado y hundido. No supe que más decir. Pero ella no lo iba a dejar ahí

–         ¿te apetece que demos una vuelta por el jardín?

–         Bueno…

Comunicamos que íbamos a estirar las piernas unos minutos y nos levantamos de la mesa. La parte más alejada de la zona de mesas de la terraza daba paso a un camino empedrado que enseguida conducía a una bonita pineda. Mi hermana caminaba delante de mí, y mientras pasábamos pude observar las miradas furtivas que le lanzaban desde las mesas, unas menos discretas que otras. Una vez alejados de la gente me sentí bastante indefenso

–         Mel, me he dejado el móvil en la mesa

–         No te escaquees, que no te voy a comer. Además no te va a hacer falta

Caminé unos segundos junto a ella y me sentí un tanto extraño; era la primera vez que estábamos así

–         Vicen…

–         ¿si?

–         Dime una cosa. ¿tú no estabas liado con Amaya?

–         ¿cómo?…no, que va, lo que pasa es que nos queremos mucho

–         Ya…¿cómo quieres a María?

–         ¡no!, o sea…es distinto…quiero decir María es mi hermana…

Me estaba metiendo en un auténtico jardín, (nunca mejor dicho), al que ella me estaba conduciendo hábilmente, y no sabía hasta donde me iba a llevar. Estaba claro que esto solo podía hacer que empeorar

–         entonces…¿ a las dos las quieres mucho?¿no es eso?

–         Si claro, ¿cómo no las iba a querer?

Se hizo un incómodo silencio hasta que Mel se sentó en un banco y cruzó sensualmente una pierna sobre la otra. Me hizo una señal para que me sentase a su lado y obedecí, resignado. Tras un instante prosiguió

–         y a mí…¿me quieres, Vicen?

–         Claro, eres mi hermana…

–         Pero no me quieres como a ellas, es evidente…

–         No es eso…es que…es que a ti te conozco hace menos tiempo y también hay una diferencia de edad y eso…

–         Ya…

Se quedó otra vez en silencio, como calibrando su siguiente paso

–         ¿te parezco guapa?

–         Si, claro…eres una chica muy guapa, todos mis amigos lo dicen; además tú lo sabes, ves como te miran y eso

–         ¿me miran?

–         Si, ya lo sabes…

–         ¿y tú?

–         ¿yo qué?

–         ¿tú también me miras?

–         Mel…eres mi hermana, mi familia, yo no, yo…

–         Si, pero Amaya y María también son tu familia y “las miras” con muchísima atención y muchísimo interés, ¿no es verdad?

Se inclinó ligeramente hacia mí mientras me decía esto último, como para remarcar la intención de lo que me decía

–         Mel…yo

–         ¿te parece que estoy guapa hoy, ahora?

–         Si, mucho, claro

Se aproximó más a mí en el asiento y quedó a escasos centímetros. Su presencia, tan cercana, embotaba mis sentidos y sentí como se aceleraba mi pulso

–         ¿te gusta lo que llevo puesto?

–         Si…

–         ¿me queda bien?

Se levantó un instante y dio una vuelta levantando ligeramente los brazos para que la viera. Enseguida volvió a sentarse en el mismo lugar

–         Muy bien…si

–         Pues me alegro de que te guste, porque me lo he puesto para ti

Se aproximó aún más a mí, me dio un beso en la mejilla, muy suave, y tras dedicarme una sonrisa se levantó y se alejó caminando con elegancia, como si desfilase por una pasarela. Yo me quedé perplejo y con una mano en la mejilla donde me había besado. No reaccioné hasta que pasó una pareja, un matrimonio mayor, por mi lado y ella me comentó:

–         tienes una novia muy guapa, ve tras ella, no dejes que pasee sola, hombre…

–         no, si no…

No pude decir nada más, ellos se alejaron paseando tranquilamente, cogidos de la mano, y lo único que pude hacer fue regresar al restaurante tras Melinda, antes de que mis padres se inquietaran.

Cuando entré ella estaba sentada relajadamente, como si nada, ni tan siquiera me miró cuando me senté de nuevo a su lado

–         bueno ya he pedido la cuenta y nos vamos

–         si, papá

Resuelto ese trámite, regresamos al coche y nos dispusimos a regresar a casa. Nada más arrancar Carmen comentó:

–         creo que me voy a echar una buena siesta reparadora

–         si, cariño, nos vendrá muy bien

Observé que ambos se miraban con cierta complicidad. No sé yo si iban a dormir la siesta precisamente…, pero me parecía muy bien que disfrutaran de la vida, sobre todo mi padre que sufrió mucho con la pérdida de mi madre. Me alegraba de que hubiese podido rehacer su vida y Carmen era una buena mujer.

Melinda me sacó de mis pensamientos, acercándose a mí y poniendo su cabeza sobre mi hombro, mientras hacía un comentario para que lo escuchásemos todos

–         me parece que yo también me voy a echar una siestecita esta tarde, ¿y tú hermanito?

–         No, creo que…creo que jugaré un rato con la Play

Enseguida volvió a su posición en el asiento y se puso a mirar por la ventanilla, distraídamente. Estaba jugando conmigo, eso lo veía claro, pero no sabía muy bien que era lo que quería de mí, a donde quería llegar, tal vez lo único que hacía era aprovechar la ausencia de María para divertirse a mi costa, o era cierto lo que había dicho durante la comida y se preocupaba por mí y sencillamente quería ser cariñosa conmigo, aunque más bien parecía que aquí todas las chicas de mi familia se empeñaban en acaparar la atención y el protagonismo en lo que a mí se refería. La verdad es que todo esto me estaba inquietando mucho.

En poco tiempo estuvimos en casa, mis padres se fueron a su habitación, Melinda a la suya y, tras ocuparme de mi higiene bucal, me dispuse a hacer lo propio. Cuando cerré la puerta me sentí más tranquilo, casi seguro. Miré por enésima vez mi móvil, pero seguía sin recibir ningún nuevo mensaje de María; debía estar muy ocupada con sus amigas, paseando por Madrid…sentí una punzada de celos y algo de sensación de abandono. Tal vez ya era momento de que me fuese haciendo a la idea de esa iba a ser la tónica a partir del mes de septiembre, en cuanto mi hermana comenzase la universidad. Por otra parte, Amaya tampoco me había escrito…La verdad es que en ese momento me sentí muy solo y las consabidas hormonas tampoco ayudaban a calmar mi mente en esos instantes complicados, supongo que hacían que percibiese todo de una manera más…¿exagerada?…debía ser así. En ese momento me sentía el ser más olvidado en la faz de la tierra. Puse el volumen de mi móvil en modo silencio, ya estaba harto de vivir pendiente del teléfono si todo el mundo pasaba de mí.

Tenía que reaccionar. Dudé unos instantes entre echarme un rato o jugar una partida con mi videoconsola, (tales son las difíciles encrucijadas en las que nos pone la adolescencia), pero me decanté por la segunda opción y lo dispuse todo para disfrutar de una tarde de tranquilidad y entretenimiento; así no pensaría en nada más. Conecté los auriculares para no tener que preocuparme por el volumen, me repantingué en mi cómodo asiento e inicié una nueva misión, dispuesto a machacar al enemigo como si no hubiera un mañana. Con el mando en la mano el mundo se veía distinto.

Quince minutos escasos duró mi tranquilidad, hasta el momento en que giré mi cabeza a mi derecha me llevé un sobresalto al ver unas bonitas piernas de mujer. Miré hacia arriba y reconocí enseguida el pantaloncito de deporte negro de Melinda. Pausé el juego y me quité los auriculares

–         me has asustado, Mel

–         perdona, es que he llamado a la puerta pero no me contestabas y luego te he visto tan concentrado…que me ha sabido mal distraerte. Juegas muy bien

Qué narices iba a saber ella de cómo jugaba, si no debía haber tocado una videoconsola en su vida. Aunque lo intenté, no pude evitar que lo que le dije sonara borde

–         ¿qué quieres Melinda?

–         Vaya recibimiento; si molesto me voy

–         No, no, perdona…es que es muy raro que vengas a mi habitación

–         No seas tonto, venía a ver como estaba mi hermano favorito

–         Vale…

–         ¿puedo sentarme a ver como juegas?

–         Eh, bueno pero no sé…

–         No te preocupes ya me siento aquí en la cama…

–         Pero no verás nada desde ahí

–         Entonces, espera que voy a por una silla

Salió rápidamente de la habitación. Pensé que tardaría más pero, en unos segundos, estaba de vuelta con la conocida silla del dormitorio de María. Se situó muy cerca, a mi derecha pero en una posición un  poquito más retrasada, de manera que yo no podía verla. Me dispuse a ponerme de nuevo los auriculares, pero me detuvo

–         ¿no te irás a poner eso ahora?

–         Es para no molestar a nadie

–         Hombre, pero no me vas a escuchar si te hablo, además, los papás están en la otra punta de la casa, con que no pongas el volumen muy alto…

–         Bueeeeno,

Siempre cedía, pero ya me estaba tocando las narices todo esto. No soy persona de perder los papeles con facilidad, a pesar de mi juventud, pero la actitud de mi hermanastra me estaba sacando de quicio. Reinicié la partida antes de que perdiese los estribos, pero Mel no parecía tener la más mínima intención de dejarme tranquilo

–         ¿este es el juego al que tanto le gusta jugar a María?

Tragué saliva con dificultad antes de balbucear una respuesta

–         ¿el juego…?

–         Si, últimamente le gusta mucho venir a “echar unas partiditas” contigo

Dijo esto último poniendo todo el énfasis y toda la intención del mundo en su voz

–         bueno, si, está empezando a jugar, está probando varios juegos y parece que le está gustando…

–         pues a mí me da la impresión, por lo que he podido ver, de que María ya debía haber “jugado” antes muchas veces

Esta última afirmación me molestó mucho, incluso me dolió, no solamente porque estaba hablando de mi hermana, que a fin de cuentas también era de alguna manera la suya, sino también por que el solo hecho de imaginarme a María “jugando” con otras personas, era algo que nunca me había planteado y me producía una fuerte punzada en el pecho, y durante un momento me corroyeron los celos. Se produjo un tenso silencio

–         vamos hermanito, no te enfades

Se acercó a mí para darme un suave beso en mi mejilla derecha, junto al oído…sentí el calor y el tacto de sus labios, su aroma una vez más… Tragué saliva y noté que se me encogía el estómago. No reculó en su posición, se quedó apoyada con su mano izquierda sobre el cabezal de mi asiento, la sentía muy cerca.

Intenté concentrarme en el juego, y prácticamente lo conseguí, circunstancia que no pasó inadvertida a Mel; ella quería el protagonismo a toda costa

–         ¿te molesta si te miro cómo lo haces?

–         Pero si ya me estás mirando…

–         No, si miro la pantalla no me entero de nada, y si quiero aprender…

–         Pues no sé…¿qué quieres decir?

–         Si hombre, ya verás

Y ni corta ni perezosa, se levantó, apartó los objetos que había en mi escritorio, sin demasiados miramientos, y se sentó en el borde, a un lado de la pantalla, cruzando las piernas y sus brazos

–         venga, ya puedes empezar, ahora si que veré como usas los mandos

–         pero…pero no verás el movimiento en la pantalla…ni sabrás para que sirve

–         tú, dale caña

Eso hice, comencé a jugar, o lo intenté, porque el panorama que tenía delante era abrumador. Pegada a la derecha de la pantalla, estaba aquella belleza mirando mis manos y a mí, alternativamente, sin demasiado disimulo por su parte. Aquella mujer que estaba de vicio estaba a muy pocos centímetros, solo tenía que estirar un poco mi mano para poder tocar uno de aquellas espectaculares piernas, pero yo no me atrevía ni a mirarla directamente. Cada vez estaba más nervioso.

–         tienes unas manos muy bonitas, Vicen. ¿no te lo habían dicho nunca?

–         No…

–         Pues sí lo son

–         Gracias…

La miré tímidamente y descubrí sus ojazos negros clavados en mí… y sus fantásticos pezones claramente marcados bajo la ceñida camiseta, debía haberse quitado el sujetador antes de venir a mi habitación. Ahora si que se intensificó el cosquilleo en mi estómago y comenzó su descenso hasta mis genitales; iba a tener una erección

–         ¿no sigues jugando?

–         Si, si…claro

–         ¿pareces distraído?

–         Si…bueno no…es que

–         ¿hay algo que te ponga nervioso?

–         Joder Mel…

–         No seas mal hablado

–         Pero Melinda…

–         ¿qué te pasa hermanito?

Su voz era cada vez más melosa, más sensual

–         ¿por qué me haces esto?

–         ¿hacerte qué?

–         Pues esto, estás jugando conmigo…te estás burlando de mí…

–         Nooo, yo nunca haría eso, mi niño

Le salió la vena canaria y se puso aún más dulce

–         ¿qué es lo que te pone nervioso?

–         Tú, es decir…eres muy guapa…estás muy buena…y yo…yo

Estaba a punto de desmoronarme, o de salir corriendo, tal vez de ambas cosas, pero Melinda sabía muy bien hasta donde podía llegar y recondujo la situación a su antojo

–         así que piensas que tu hermanita mayor está muy buena…vaya, vaya

–         no te enfades…

–         como me voy a enfadar por eso, si es todo un halago, y más aún viniendo de ti. ¿y que es lo que más te gusta de mí?

–         Eres…eres muy guapa

–         ¿y no podías ser un poco más concreto?

Se estaba divirtiendo mucho a mi costa, tenía la situación totalmente controlada. Estaba tejiendo su red a placer y yo era el insecto más torpe del mundo esperando para caer en ella.

–         pero Mel…

–         vamos a ver si puedo ayudarte un poco. ¿te gustan mis piernas?

Y dijo esto acariciando lentamente con sus dedos sus muslos, hasta llegar a las rodillas, regresando de nuevo hasta dejarlas descansando cerca de sus ingles

–         si, son…son preciosas

–         y mi vientre…te parece atractivo

con su mano izquierda subió ligeramente su camiseta, mientras pasaba sensualmente su mano derecha por la zona, introduciendo su dedo meñique distraídamente por dentro del pantalón para volver a sacarlo, un segundo después, mientras yo miraba como hipnotizado. Casi no podía articular palabra

–         es…es…muy bonito…y parece muy…muy suave

¿Y qué me dices de mis pechos?

Sin dejar de mirarme, subió sus manos por su barriga hasta llegar a sus maravillosos pechos, arrastrando ligeramente la camiseta, de manera que, cuando sus manos abarcaron aquellas dos maravillas, la parte inferior de sus senos quedó visible durante un fugaz instante. A esas alturas, mi erección amenazaba con reventar mi pantalón de deporte

–         parecen…parecen…increíbles

–         ¿solo lo parecen?, vamos hermanito, sé que ya los has visto varias veces, ¿verdad?

–         No..no…Mel…yo

–         No te preocupes que no me voy a enfadar por eso

Pero Melinda siguió con su tortura. Se bajó ágilmente del escritorio, se puso de pie, se dio la vuelta y se inclinó ligeramente hacia delante para mostrarme aquel perfecto y redondo culo

–         y mi culito…¿te gusta?

–         Sabes que sí…me gustas toda tú, estás buenísima…eres una diosa

Ya a punto de perder el control, estiré mi mano para intentar tocar aquella maravilla, pero ella se apartó con un movimiento lento pero efectivo, mientras me daba un suave manotazo en mi mano.

–         ehhhh, pervertidillo se mira pero no se toca, ja, ja, ja

–         pero Mel…es que…es que…

Volvió a sentarse en el borde del escritorio

–         ¿Qué le pasa a mi hermanito?¿estás maliiitooo?

–         Si…si…estoy muy, muy malito

Aún sentado, mi erección era muy evidente, y un pequeño cerco de líquido se había formado a la altura de mi glande

–         uuummmm, que tenemos ahí, ¿eso es por mi culpa?

–         Sabes que sí…¿por qué me haces esto?

–         Vamos, vamos no te preocupes que “eso” tiene solución. Anda déjame que vea lo “malito” que te has puesto

¿Realmente mi hermanastra, aquella hembra espectacular me estaba pidiendo que le enseñase mi polla?, no me lo podía creer. Evidentemente, en aquel momento yo me hubiese tirado de cabeza por un barranco si ella me lo hubiese pedido, y obedecí sin rechistar. Intenté bajarme el pantalón corto sin levantar el trasero de mi asiento, pero entre la erección y mi posición era muy difícil conseguirlo

–         Vicen, no seas tímido y ponte de pie, que yo te vea bien

Me levanté, aparté a un lado el sillón y me situé frente a Melinda, a poco más de medio metro de ella. Me armé de valor y bajé con cuidado mi pantalón, ante su atenta mirada. Cuando por fin abandonó su escondite, mi rabo salió disparado hacia arriba como un resorte haciendo el ruido característico al golpear mi vientre; unas gotas hacían brillar mi glande. Mel se lo quedó mirando muy fijamente, totalmente absorta

–         es…es bastante grande…y bonita. Seguro que es muy suave

El tono de su voz se tornó más ronco, percibía la excitación en él. A pesar de todo acerté a preguntarle

–         ¿te…te gusta?

Tardó algún tiempo en responder, mientras no le quitaba la vista de encima a mi miembro.

–         si, si que me gusta, me gusta mucho…ahora entiendo…

–         ¿qué?

–         Nada, nada, cosas mías. Ven, acércate

Me aproximé todo lo que pude, de manera que mis piernas quedaban muy cerca de sus rodillas y mi polla ligeramente sobre sus muslos. Me miró un momento, como decidiendo qué hacer, y después me hablo en un tono muy bajo, casi susurrado

–         ahora, hermanito, ¿qué te parece si jugamos al juego que te voy a proponer?

–         Dime…

–         Verás, en este juego tú no puedes tocarme, y yo no te voy a tocar a ti

–         Pero…

–         Ssshhhh, déjame acabar. A mí no me gusta que me toquen, y tampoco me gusta demasiado tocar, pero eso no significa que no nos lo podamos pasar muy bien ¿entiendes?

Así que de eso se trataba, esa era la famosa parafilia a la que se refería María el otro día, ahora lo entendía todo, ahora entendía porqué nunca la veíamos con ningún chico, su afán en mostrar su magnífico cuerpo…era una exhibicionista, le excitaba ser admirada sexualmente, calentar a los hombres, pero, parece ser que también le gustaba mirar, debía ser eso que llamaban voyeurismo. Ahora entendía muchas cosas.

–         ¿que…qué tengo que hacer?

–         ¿porqué no te acaricias esa polla tan bonita para que tu hermana mayor vea como lo haces?…anda hazlo para mí…venga

No lo dudé un instante, Melinda me tenía ardiendo como una brasa, y comencé una lenta paja, estaba tan excitado que pensé que me correría enseguida, pero intenté calmar los latidos de mi corazón y controlarme un poco

–         si eso es Vicen, así…déjame que te ayude un poco…

Llevó sus manos a la parte inferior de su camiseta, y sin quitar sus ojos de mi miembro, tiró despacio hacia arriba hasta dejarla justo por encima de sus pechos. Fue una visión celestial, aquellos dos magníficos pechos, totalmente erguidos, grandes, redondos, con sus generosas aureolas contraídas, rematadas en unos pezones grandes, totalmente erectos por la excitación. Mi rabo dio un brinco

–         mejor así, ¿no?

–         Si…

–         ¿qué dices Vicen?, ¿te gustan?

–         Muchísimo, son espectaculares

–         ¿te gustan más que los de Amaya?

–         Por supuesto

–         ¿y más que los de María?

Así que se trataba de eso, para ella era una competición, quería quedar por encima de María, ser la primera, la mejor…Aunque en ese momento fui consciente de esa rivalidad, la intensa realidad de lo que estaba viendo y la tensión sexual del momento me impidió seguir razonando. Mientras me hacía sus preguntas ella había separado sus muslos y su mano buceaba descaradamente entre sus piernas, por dentro del pantalón, permitiéndome ver con claridad como sus dedos hurgaban en su coñito

–         si, me gustan mucho más, son totalmente espectaculares, fantásticos, nunca he visto nada igual…

–         ooohhh, si…buen chico….mmmmm. sigue acariciándote, no pares Vicen

–         es…estoy muy caliente…no podré aguantar mucho…Mel

–         espera…

Sacó su mano de dentro del pantalón, levantó un poco su magnífico culo y se bajó el minúsculo pantalón hasta las rodillas, lo ayudó a bajar con su mano y luego se lo sacó con la punta de su pie izquierdo, hasta que resbaló hasta su tobillo. Luego volvió a quedarse sentada en el borde del escritorio; era exactamente la misma posición en la que nos sorprendió a María y a mí la noche anterior. Me quedé mirando su precioso coñito totalmente extasiado, sus labios visibles eran pequeños y sonrosados, y estaba totalmente depilada. Me quedé fascinado con su visión. Me hizo un gesto para que me aproximase.

–         ven, ven aquí, más cerca

Ella separó aún más sus piernas para que pudiese acercarme, sin llegar a tocarla, de manera que mi glande quedaba justo a la altura de su cintura y casi podía rozar su vientre, sus pechos casi se tocaban con mi pecho y su cara apenas estaba separada de la mía por unos centímetros. Podía escuchar con claridad su respiración alterada y su voz cálida y sensual

–         mira lo que me estás obligando a hacer…

Miré hacia abajo, justo a tiempo, para ver como los dedos índice y corazón de su mano derecha desaparecían por completo dentro de su húmedo coñito. Me miró con los ojos casi entornados y continuó hablándome

–         ahora quiero que me mires, que disfrutes con lo que ves, y que te hagas esa paja para mí, quiero que te corras para tu hermana mayor, ¿lo vas a hacer Vicen?

–         Si…claro

–         Vamos, adelante, quiero que me riegues con tu semen, que me des tu leche, ¿lo harás por mí?

–         Oohh, Mel, me vuelves loco

–         ¿sí?, ¿te gusto mucho?

–         Siii, me encantas

–         Dime cuanto, mmmmm…quiero oírtelo decir

–         Muchísimo, no me podrías gustar más, eres perfecta

–         ¿te gusto más que Amaya?

–         Mucho más…

–         ¿más…más, oooohhh…que María?

–         Si, si, si

Cada vez le costaba más hablarme, su respiración estaba muy alterada, entorpecida por los gemidos que se le escapaban sin remedio, y mientras lo hacía, sus dedos entraban y salían sin descanso de su mojadísima cueva, y acompañaba su movimiento con un vaivén de su pelvis y sus caderas que marcaba una cadencia que me parecía hipnótica, casi imposible. Aunque ella no lo notase, la parte interior de sus muslos rozaba los míos y sentía su piel suave y ardiente.

No podía más, y se lo hice saber

–         me voy a correr Mel, me corro

–         si…ooohhh, córrete para mí, uuuuuuffff, córrete para la zorra de tu hermana mayor…

–         siiii, ¡ahora!

Me tensé y sentí brotar el primer chorro de semen con una fuerza que me sorprendió, y este fue a parar directamente un par de centímetros por encima de su ombligo. Cuando notó el contacto de mi corrida, dejó sus dedos bien adentro de su coño, se puso rígida, detuvo sus movimientos, hasta su respiración, echó la cabeza hacia atrás y con sus incisivos mordió su labio inferior, con fuerza, mientras su expresión se contraía. Mi segundo disparo salió casi con la misma fuerza del primero y esta vez fue a parar directamente a su ombligo mientras mis caderas sin movían sin control adelante y atrás acompañando a mi mano. Melinda volvió a incorporarse, abrió los ojos de repente y soltó un fuerte gemido

–         Oooooohhhh, siiiii, joder qué bueno

Volvió a follarse con sus dedos, frenéticamente y, justo cuando salía mi tercera andanada, ví como brotaba de repente un chorro del interior de mi hermanastra que me salpicó todo el vientre, los huevos y el rabo. Eso si que no lo había visto nunca, salvo en algún vídeo porno; lo cierto es que pensaba que eso era solo un efecto especial y que no sucedía en la realidad. Aunque me sorprendió mucho continué con mi intenso orgasmo, y mientras recibía otro chorro de mi caliente hermana, (de lo que luego supe que era una mezcla de flujo y orina), disparé otras dos veces más, pero esta vez los dirigí a su muslo derecho, cerca de su ingle. Solamente se me ocurrió decir

–         ¡qué pasada!, Mel

Ella continuaba moviendo sus caderas, cada vez más lentamente, mientras no quitaba ojo de mi miembro, intentando recuperar el ritmo de su respiración. Llevó sus dedos a su boca y los chupó golosamente. Me quedé inmóvil, con mi herramienta en la mano, acariciándola con suavidad mientras miraba el maravilloso cuerpo de Melinda y seguía disfrutando de aquel espectáculo. Para rematar la fiesta, recogió con sus dedos los restos de mi corrida de su muslo y los llevó a su boca

–         Uuuummmm, sabes muy bien, hermanito

No supe que decir, solamente podía mirarla boquiabierto. Luego pasó su mano por su vientre y la utilizó para extender los restos de mi leche sobre su cuerpo, hasta llegar al magnífico canal que formaban sus celestiales pechos y lo usó para embadurnarlos, primero el derecho y después el izquierdo. Se puso seria un momento y me habló, ya más calmada

–         dame tu móvil

–         ¿mi móvil?

–         ¿no me has oído?

Me aparté un poco, a mi izquierda, y lo recuperé de encima del escritorio para ofrecérselo. Lo cogió con cara divertida, estiró su brazo derecho un poco y sacó una foto.

–         toma, para que tengas un recuerdo y lo uses cuando lo necesites…

Se bajó la camiseta, descendió del escritorio con un pequeño salto, se subió el minúsculo pantalón, me rodeo, despacio, sin dejar de mirarme y se acercó lentamente a mi oído derecho para hablarme. Casi temblé ante su proximidad

–         como se te ocurra contarle esto a alguien, te corto los huevos y te hago la vida imposible, ¿queda claro?

–         Si…si…muy claro

Desapareció de mi habitación y noté que me temblaban las piernas. Me senté en el sillón sin tan siquiera subirme del todo el pantalón, y miré rápidamente en la galería de mi móvil: había una foto espectacular, casi un primer plano de las fantásticas tetas de Mel, con las aureolas todavía contraídas, y los pezones muy erectos y restos de una sustancia blanquecina y brillante que, efectivamente, era mi semen. ¿Realmente me había sucedido aquello?. Había sido muy, muy excitante, pero en cierto modo me sentía utilizado. Me hubiera gustado poder disfrutar mucho más de aquella hembra, poder tocarla, sentirla…

Un poco más calmado miré la pantalla de mi teléfono, salí de la galería y miré los mensajes y llamadas. Aparte de un par de mensajes de mis colegas, había una llamada perdida de Amaya y, ¡mierda!, diecisiete llamadas perdidas de María; una sensación de culpabilidad me atenazó el estómago

CONTINUARÁ…SI OS PARECE BIEN

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