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Después de mirar las grabaciones que le dejó su difunto marido, los días de Diana se tornaron densos y parecían durar más horas de lo habitual. Durante todo este período de tiempo suspendió toda sesión fotográfica con Julián y no permitió que él se le acercara con intenciones sexuales. Cuando Diana comenzó a pensar en frío todo lo que Eduardo dijo en los videos, su mente colapsó. Era demasiada información junta, no solo había escuchado la voz de su marido por primera vez desde su muerte, sino que además tenía que hacer encajar el hecho de que él sabía lo de su amante. Eduardo supo de la existencia del Tano prácticamente desde el principio, y hasta lo aprobaba. Eso la hizo sentirse un poquito mejor persona, al menos ya no tenía que cargar con la culpa de haber hecho sufrir a su marido, por ponerle los cuernos. No entendía por qué a él le gustaba ésto, pero Eduardo juró que así era, y Diana tenía que aceptarlo, pudiera comprenderlo o no. Dudaba que él lo hubiera hecho solo por ella, su marido era un hombre sumamente generoso, pero ella no creía capaz a un hombre de hacer semejante sacrificio, sólo para que su esposa tuviera algunas experiencias sexuales interesantes. Él debía sacar algo de provecho en todo esto, y a Diana le daba miedo averiguarlo. Especialmente porque sabía que había cámaras involucradas. Esas falsas cámaras de seguridad… ¿cuánto habían logrado registrar de lo ocurrido? ¿Qué había hecho su marido al ver eso? ¿Qué hizo con el material grabado? Porque sí, Eduardo tuvo que haber grabado todo. De eso Diana estaba segura. A su marido le encantaba tomar fotos y grabar videos. ¿Dónde había ido a parar todo ese material? ¿Lo había visto otra persona? 

Todas estas preguntas atormentaban a Diana, y sabía que obtendría respuestas si continuaba mirando los videos que le dejó Eduardo. Pero temía a lo que podía encontrar en ellos. Además no podía verlos sin Julián, ella ya le había prometido que mirarían todo juntos, y tal vez se arrepintiera de esa promesa si es que se encontraba con lo que creía que se iba a encontrar.

Tuvo que dejar pasar varios días para poder recuperar el buen humor y la energía. Sabía que necesitaba un estado de ánimo muy positivo y alegre para seguir adelante con los videos. Lo que más la alegró fue ver el pago más reciente realizado por la empresa alemana. Sus fotos se estaban vendiendo de maravilla y todavía quedaban muchas por ofrecer. Julián era muy astuto y no vendía todas las fotos juntas, esperaba unos días antes de mandar un nuevo pack. A veces los de la agencia alemana mostraban su impaciencia por recibir nuevas fotos de Diana, y ellos mismos hacían un pequeño aumento en el pago. 

Si Diana realmente es la MILF más deseada de la web, entonces merece que le paguen como tal. 

—2—

Julián supo que su madre había recuperado el buen humor cuando la vio vistiendo un nuevo conjunto de lencería erótica. Estaba compuesto por medias de red, una tanga negra diminuta que apenas le tapaba la vagina, y un corpiño que transparentaba mucho los pezones. Él mismo había elegido ese conjunto unos días antes, estaba seguro de que a su madre le quedaría espectacular, y no se equivocó. 

Para medir qué tan bueno era el estado de ánimo de Diana, se acercó a ella por detrás y bajó la mano, para acariciarle la zona de la concha con dos dedos. Hacía rato que no la tocaba de esa manera. Su verga reaccionó de inmediato. No se puso dura, pero ya estaba en proceso de hacerlo.

Cuando Diana sintió el contacto de los dedos de su hijo, se encontraba regando las plantas de la casa. No le molestó que Julián la tocara de esa manera, al contrario. Sabía que al usar ese atuendo era como si le estuviera diciendo a su hijo: Vení a tocarme la concha. Ya habían llegado a ese nivel de confianza y eso fue lo que le dio más morbo a la rubia, que se inclinó hacia adelante, mientras el agua de la regadera caía sobre un helecho. Los dedos de su hijo hicieron a un lado la tela de la diminuta tanga y se metieron, dos a la vez, dentro del agujero de su concha. Ella se excitó de inmediato. Supuso que a cualquier madre que tuviera tanta confianza con su hijo le pasaría lo mismo. El placer se disfrutaba mucho más cuando era prohibido. Diana no sabía qué tan lejos llegaría con su hijo, porque aún tenía dudas que la agobiaban; pero sí podía admitir que se sentía cómoda con la relación que tenían ahora mismo. 

Quería comunicarle esto a su hijo, pero no necesitaba palabras para hacerlo. La mejor forma de explicárselo era pasando a la acción. Diana estiró el brazo y metió la mano dentro del pantalón de Julián y se aferró a su verga con fuerza. Ella pudo notar la primeras señales de una inminente erección. Liberó el miembro y empezó a sacudirlo, mientras los dedos de su hijo entraban y salían de su concha. Como madre se sintió orgullosa, Julián estaba aprendiendo a tocar a una mujer de forma apropiada. Cuando él tuviera su propia novia sería capaz de brindarle mucho placer. A Diana le divirtió la idea de decirle a su hipotética nuera: “¿Viste qué bien que toca la concha mi hijo? Le enseñé yo. No sabés la cantidad de veces que me coló los dedos en la concha”. Por supuesto que, llegado el caso, no diría eso… pero la idea le causaba mucho morbo. 

Diana estaba muy mojada y Julián ya la tenía parada. Al pibe se le ocurrió que tal vez su madre le permitiera hacer algo… ella estaba de buen humor, valía la pena intentarlo. Si ella no quería, al menos se lo diría de buena manera y a él le bastaría con pedir perdón. Esta era una de esas situaciones en las que prefería pedir perdón antes que pedir permiso.

Agarró su verga con una mano y se paró justo detrás de su madre, con la otra mano agarró el hombro de Diana. Apuntó la cabeza de la pija a la entrada de la concha y presionó. 

—¡Ay, por favor! —Exclamó Diana, con la voz quebrada. 

En ocasiones anteriores Julián se había mostrado tímido a la hora de arrimarle la pija a su madre, la había metido de a poquito, de forma sutil. Pero en esa ocasión la sutileza quedó olvidada en algún cajón de su almacén interior. La mitad de la pija entró de una sola vez y para él fue algo absolutamente maravilloso. Adoraba sentir cómo esa concha… la concha de su propia madre… se abría cuando él introducía la pija. Le fascinaba la tibieza interior de ese sexo y la facilidad con la que Diana era capaz de recibir un miembro erecto de buen tamaño, sin necesitar mucha preparación previa. “Le meto un poquito los dedos y a esta puta se le abre la concha enseguida”, pensó. 

Se quedó quieto, sin mover un músculo. Quería saber cómo reaccionaría su mamá. 

Diana también permaneció inmóvil durante un par de segundos, como si necesitara ese tiempo para asimilar que su hijo le estaba metiendo la verga. Cerró los ojos y su mente se puso en blanco. Lo único que podía pensar era que tenía una pija rígida metida en la concha… y quería más. 

Con el corazón latiendo violentamente en su pecho, retrocedió lentamente, provocando que la pija se fuera enterrando cada vez más. Justo cuando estaba por entrar completa, ella se movió hacia adelante. La única parte que quedó en el interior de su concha fue el glande. Julián pensó que su madre ya había tenido suficiente de esas penetraciones, pero en ese momento ella lo tomó por sorpresa. Diana retrocedió muy rápido, tanto que Julián tuvo que ponerse tenso para no irse hacia atrás. Esta vez sí su pija había logrado entrar completa. Lo mejor llegó cuando su la rubia empezó a menear el culo, provocando que la pija entrara y saliera apenas un poquito, pero eso era más que suficiente para que Julián tuviera la sensación de que se estaba cogiendo a su madre. 

—Si esta es tu forma de hacer precalentamiento para una sesión de fotos, entonces está funcionando a la perfección —dijo Diana, sin dejar de moverse—. Tengo la concha toda mojada. 

Él no sabía si su madre le estaba diciendo eso en serio o si solo buscaba alguna justificación para sus actos; pero lo mejor era seguirle la corriente.

—Vos avisame cuando estés lista y busco la cámara.

—Quiero que me saques muchas fotos con la pija metida en la concha.

—¿Segura?

—Sí… no te voy a mentir, me pone incómoda tenerla adentro pero… ¿cuánto creés que nos van a pagar por estas fotos?

—Un montón. 

—Entonces vamos a hacerlo. Andá a buscar la cámara.

Julián no quería apartarse de su madre, estaba disfrutando mucho con sus meneo, pero si no hacía lo que ella le pedía podría hacerla enojar. Y por nada del mundo quería que Diana se enoje. 

Se apartó de ella y fue hasta su dormitorio, con la pija dura apuntando al techo. Aprovechó para quitarse toda la ropa que tenía puesta y dedicó apenas unos segundos para corroborar que la cámara estuviera en condiciones. Había suficiente espacio en la tarjeta de memoria y la batería estaba llena.

Volvió al living y encontró a Diana acostada en el sillón, se estaba haciendo una paja sin ningún tipo de disimulo. A Julián lo invadió un repentino sentimiento de responsabilidad profesional, se acercó a ella sin hacer ruido y comenzó a fotografiarla desde todos los ángulos. Tomó varias fotos de esa concha húmeda en la que los dedos entraban y salían sin detenerse. Su verga permaneció rígida todo el tiempo, él sabía que no se iba a bajar mientras tuviera semejante rubia desnuda ante sus ojos. Que esa mujer fuera su madre solo provocaba que la rigidez de su verga fuera aún más intensa.

No tuvo que darle indicaciones a la modelo, ella solita se dio cuenta de lo que tenía que hacer. Comenzó a desprenderse el corpiño y Julián fotografió todo el proceso, hasta que esos turgentes melones quedaron libres. Él le pellizcó un pezón, con picardía y ella le sonrió. Diana notó que la pija de su hijo estaba muy cerca de su cara. La agarró con una mano y comenzó a masturbarla. Miró a la cámara con ojos libidinosos y se metió la verga en la boca. Empezó a chuparla como si estuvieran grabando un video. Julián sabía que si su madre se movía tan rápido las fotos podrían quedar mal, pero no la detuvo. Se la estaba chupando tan bien que las fotos le importaron muy poco. Siguió capturando imágenes solo por mero compromiso, pero lo que él quería era disfrutar de la hábil lengua de su madre que le recorría toda la pija y que jugaba con su glande. 

—Si tenés que dejar salir la leche, hacelo —dijo ella—. Llename la cara de leche, van a quedar unas fotos muy lindas.

—¿Pero no íbamos a sacar fotos con la verga dentro de la concha?

—Sí, ¿me vas a decir que no se te va a volver a parar dentro de diez minutos? Con lo dura que la tenés ni siquiera creo que se te baje.

—Puede ser, pero todavía no tengo ganas de acabar.

—Está bien, hacelo cuando tengas ganas… yo sigo chupando.

Volvió a engullir esa verga, pero esta vez se arrodilló en el piso. Mientras la tragaba toda se masturbaba con una mano y acariciaba los huevos de su hijo con la otra. Julián agarró la cabeza de su madre cuando ella consiguió tragar la pija completa, demostrando su enorme talento para la “garganta profunda”. Él quería que ella se quedara allí un rato, porque la sensación de verla con la verga dentro de la boca era maravillosa; pero para disimular siguió sacando fotos. Éstas sí que se podrían vender por una buena suma de dinero, Diana estaba espléndida. 

La MILF chupó durante unos segundos más y supo que su hijo no iba a acabar, al menos en un buen rato. Tal vez lo mejor sería pasar a la siguiente fase de la sesión de fotos, la que todavía le causaba cierta incomodidad. Pero Julián ya la había preparado para eso, le había recordado qué se sentía tener la pija de su hijo dentro de la concha. Tal vez sería capaz de aguantar un rato más, por puro beneficio económico. Las fotos con penetraciones se pagaban muy bien. 

Diana soltó una risita, recordó el momento en que sacarse una foto con la tanga metida en la concha le parecía demasiado… y ahora no solo posaría con toda la concha abierta, sino que además se metería una pija… la de su hijo. Esto provocó una ola de calor en todo su cuerpo. 

Se puso en cuatro en el sofá, con el culo apuntando hacia Julián.

—Bueno, ahora sí, me tenés que meter la pija… pero despacito y con cuidado, que es para las fotos.

—Sí, eso me quedó bien claro —dijo Julián.

Él se acercó, aferrando su miembro erecto con la mano izquierda y la cámara de fotos con la derecha. Posó el glande entre los gajos de su madre y comenzó a frotar. El movimiento también generó imágenes dignas de ser vendidas, la cabeza de su pija le abría mucho la concha a Diana, casi se podía sentir como ese agujero clamaba por una buena verga.

Diana también podía sentirlo. La calentura era enorme y seguía creciendo. Se acarició las tetas porque consideró que no tenía nada de malo disfrutar un poquito de la situación. Ya habían pactado con Julián que la excitación era un componente que debían usar a su favor. Si ella realmente estaba caliente durante las sesiones de fotos, sus seguidores de internet también lo notarían. 

Ella intentó prepararse mentalmente, pero Julián no esperó a que su madre le diera la orden. Simplemente empujó hacia adelante y la cabeza de su verga se perdió dentro de la concha. 

—¡Uf! —Bufó Diana—. ¡Sí, metémela toda! 

Julián no podía creer lo que acababa de oír, y Diana no podía creer lo que acababa de decir. Las palabras escaparon de su boca, sin su permiso. Fue un mero acto reflejo. Ella estuvo en ese mismo sillón, en la misma posición, cogiendo con el Tano… tantas veces. Añoraba tanto repetir esa situación que fue traicionada por su propio cerebro. 

Pero Julián tomó las palabras de su madre como una orden. Empujó más y su pija se fue enterrando en esa cueva rosada que se iba abriendo mientras él avanzaba con su imponente miembro. Sacó tantas fotos como pudo, no quería que su madre se enojara por no tener una imagen decente de ese momento, para vendersela a los alemanes. Si él no seguía haciendo su trabajo, ya no podría disfrutar de grandes momentos como éste. 

Diana se apartó y Julián creyó que la sesión de fotos ya había terminado, pero se alegró al ver que su madre se daba la vuelta y abría las piernas, ofreciéndole la concha una vez más. Volvió a enterrar la verga, lentamente, para disfrutarlo mejor… y para poder capturar en imágenes todo el proceso. Él siguió metiendo, esperando a que su madre le dijera que hasta ahí… que ya era suficiente. Pero Diana no dijo nada. Tenía los ojos cerrados y se masajeaba las tetas, pellizcando sus pezones ocasionalmente. Julián siguió hasta meterle toda la verga. Sintió un fuerte bombeo de placer a lo largo de todo su pene, creyó que iba a acabar; pero fue falsa alarma. Su verga solo estaba respondiendo a la enorme calentura que tenía él por haber conseguido clavar la pija completa. 

Se quedó allí unos segundos, sacando fotos, y luego retrocedió lentamente. Diana no dijo ni una sola palabra en todo el proceso. Cuando la verga estuvo afuera, ella habló.

—Creo que van a salir muy buenas fotos —ella acarició su concha, la calentura que tenía en ese momento era desmesurada—. ¿Se te ocurre alguna otra pose para meterme la pija?

El cerebro de Julián comenzó a trabajar a toda velocidad, hasta que dio con una idea.

—Necesitaríamos una cámara con temporizador… no, dos. Sí, sería mejor hacerlo con dos. Pero podemos armar una pequeña escena…

—Dale, traé todo lo que haga falta.

Diana no necesitaba escuchar más sobre aspectos técnicos. Se quedó acostada en el sofá, masturbándose todo el tiempo, mientras Julián preparaba todo lo necesario. 

Trajo una cámara con un trípode y puso la cámara que había estado usando sobre una caja en el piso, para que apenas esté elevada unos centímetros. Esta segunda cámara estaba mucho más cerca del lugar que ocuparía su madre.

—Mamá, ¿podés ponerte en el piso?

Ella obedeció, se puso en cuatro, mostrando el culo a las cámaras, y siguió pajeándose. Julián programó los temporizadores, las cámaras empezarían a sacar, automáticamente, una foto detrás de otra, cada determinado lapso de tiempo. Cuando estuvo todo listo, se acercó a su madre. Ella, sin previo aviso, le agarró la pija y se la metió en la boca. Esto también quedaría capturado por las cámaras. Además Diana quería que su hijo la tuviera lo más dura posible.

—Yo tengo que estar abajo, y vos arriba, mirando hacia la cámara. 

—Entiendo. 

Julián se acostó en el piso, con la verga apuntando hacia el techo. Diana se puso sobre él, como un jinete que monta su caballo, pero dándole la espalda. Sus tetas apuntaban hacia las cámaras. Acomodó la pija en su concha y empezó a bajar lentamente, con las rodillas flexionadas y las piernas bien abiertas, como si fuera una rana. 

Diana adoraba esa pose sexual, tal vez su cuerpo ya no tenía la energía de antes; pero había disfrutado muchas veces montando buenas pijas de esa manera, haciendo saltar sus tetas para todos lados.

Pero esta vez lo estaba haciendo con su hijo, y tenía que mantener la compostura. Bajó lentamente y disfrutó cómo esa pija fue metiendo en su vagina. Porque estaba bien disfrutarlo. Era bueno para el trabajo.

Las cámaras, como testigos mudos, comenzaron a retratar el momento. Diana sonrió sensualmente. Una ola de calor recorrió su cuerpo. Le dio mucho morbo que tanta gente fuera a verla en esa posición, toda abierta… y con la pija de su hijo metida en la concha. ¿Cuánto pagarían sus admiradores por esas fotos si supieran que esa verga pertenecía al hijo de la rubia? 

Bajó más, ocultando con su concha la mitad del miembro erecto. Ahora sí que se vería como una penetración en toda regla. Traicionada por un instinto sexual emergente, Diana comenzó a subir y bajar lentamente, la pija exploró todo el interior de su vagina. 

Julián también tenía un instinto sexual que le clamaba a gritos que se moviera. Debía meterle la verga hasta el fondo a esa rubia, demostrarle que él era capaz de complacerla. Dejando de lado sus pensamientos, Julián actuó por puro instinto animal. Levantó la cadera de golpe, como si fuera un latigazo, y le clavó la verga a su madre, hasta el fondo.

—¡Ay, por dios! —Exclamó Diana, cuando recibió tan salvaje embestida.

Luego llegó otra… otra. Los testículos de Julián se sacudieron, y la onda expansiva de sus duras penetraciones llegó hasta las tetas de la rubia, que saltaron en cada ocasión.

—¡Ay, Julián… ay! —No eran gritos de dolor, sino gemidos de puro placer. Diana quería darle la orden a su cerebro para pedirle a su hijo que se detuviera; pero esta orden no llegó, parecía bloqueada—. ¡Ay, por favor! ¡Qué dura la tenés! 

Esto echó más leña al fuego. Julián agarró la cadera de su madre y empezó a darle una fuerte embestida tras otra, la pija estaba a su máximo de rigidez, cubriéndose con todos los flujos sexuales que emanaban de la concha de Diana. 

—¡Uf, me vas a abrir la concha, con esa pija tan linda que tenés!

Diana supo de inmediato que no tendría que haber dicho semejante cosa, pero ya era tarde. Julián empezó a bombear tan rápido como pudo, el chasquido húmedo de la pija entrando violentamente en esa concha se sumó a los gemidos de Diana. Ella no acostumbraba a gemir con cualquier penetración, pero éste era su hijo… y nunca se la había metido de esa manera.

Pero ya era suficiente. Habían llegado demasiado lejos, ella tenía que decirle que se detuviera… tenía que… 

Ya no sería necesario. 

Julián dio unas últimas embestidas, que fueron como espasmos eléctricos. Diana notó que su concha comenzó a llenarse de un líquido tibio y espeso. Su hijo le había acabado dentro de la concha. La había llenado de semen… y ella solo podía sentir morbo. Pura lujuria.

Cuando la pija de Julián salió, ella abrió su concha con los dedos, y apoyó una mano en el suelo, para sostenerse en la misma posición, sin cerrar las piernas. El líquido blanco comenzó a fluir por ese agujero dilatado y fue cayendo sobre el miembro erecto de Julián. Era mucho semen y Diana tuvo que pujar un poco, para que saliera todo. 

Después ella se arrodilló a un lado de su hijo y sin dudarlo, acercó su boca a la pija recubierta de semen y empezó a chuparla. Tragando todo lo que pudo. La lamió varias veces, como si fuera un helado, para dejarla completamente limpia. Para finalizar, le dio un fuerte chupón al glande.

Miró a su hijo y sonrió.

—Eso fue bastante más zarpado de lo que me había imaginado… al menos espero que salgan buenas fotos.

Diana no esperó la respuesta de Julián, aún estaba excitada, mirando esa pija con deseo… y no quería caer en la tentación. Se fue a su cuarto y se encerró, para poder masturbarse. Quería estar sola con sus pensamientos. 

—3—

Julián preparó todo para que él y su madre pudieran sentarse a mirar los videos que su padre había grabado antes de morir. Diana aún tenía puestas las medias, el portaligas y los tacos. No había corpiño cubriendo sus grandes tetas, ni una tanga que tapase su concha, que aún estaba muy húmeda. 

Diana se mentalizó para que los videos de Eduardo no le afectaran de forma negativa. Debía disfrutarlos, eran algo positivo, un regalo que su marido le enviaba desde el más allá. Ya había llorado suficiente en los últimos días. Sabía que no sería fácil volver a encarar la tarea, pero al menos ahora estaba mejor preparada. También ayudaba mucho la enorme calentura producida por la sesión de fotos eróticas con su hijo. 

“No —pensó Diana—, no fueron fotos eróticas. Eso fue porno… porno muy explícito”. 

Una ola de calor recorrió su cuerpo, esto le ayudó a sonreír. 

—La vez pasada dejamos el video en el momento en que papá explicó que las cámaras de seguridad en realidad no estaban para eso —dijo Julián, mientras se sentaba junto a su madre.

—Un aspecto muy… espeluznante de tu padre. Nunca me imaginé que Eduardo pudiera ser la clase de hombres que llena la casa de cámaras, para espiar a su esposa. 

—Sí, es todo muy creepy, pero… 

—Pero no es que yo sea la Madre Teresa de Calcuta, no le puedo recriminar nada. Además, después de pensarlo por unos días, llegué a la conclusión de que no me molesta saber que él tenía las cámaras para espiarme. Al contrario, me da un poquito de morbo.

—Claro, porque te gusta mucho exhibirte. 

—Más de lo que yo pensaba.  

Juntos miraron lo que le quedaba al video que habían interrumpido. Eduardo se puso a explicar cuestiones técnicas para que Diana pudiera entender cómo había logrado conectar todas las cámaras a una notebook, y así poder ver todo lo que ocurría en casa, desde la intimidad de su oficina. A Diana no le importaron estos datos técnicos, pero Julián los encontró fascinantes. 

Pasaron al siguiente video, que, al parecer, había sido grabado unos días después del anterior, ya que Eduardo tenía barba de unos días.

—Hola, amor —saludó Eduardo a la cámara.

—Hola —respondió Diana, con una amplia sonrisa.

—Después de haber grabado el video anterior, ya tengo los pensamientos un poco mejor ordenados. Si me animé a contar todo eso, creo que también puedo contarte el resto. Puede que te incomode saber que estuve espiándote a través de las cámaras, pero… bueno, vos me conocés, sabés que no lo hice con malas intenciones. Estoy profundamente enamorado de vos, sos la mujer más fascinante y hermosa del mundo. Quiero que seas feliz y sé que yo no puedo darte toda la felicidad que te merecés. Me dolió mucho reconocerlo, pero la realidad es que yo no soy capaz de satisfacer tus necesidades sexuales. Eso lo noto cada noche, en la cara de desilusión que tenés después de que hacemos el amor. Esa cara me mata. Por eso quiero que me seas infiel… bueno, por eso y porque… está bien, lo voy a decir. Mientras más veces lo repita, más fácil va a ser aceptarlo: Me calienta ser cornudo. Es una locura, lo sé… pero es la pura verdad. Desde que me casé con vos empecé a tener estas locas fantasías en las que vos me engañabas con tipos con vergas enormes, y la pasabas mejor que al coger conmigo. Al principio esas ideas me llenaban de rabia y dolor, pero con el tiempo empecé a notar que también me calentaban mucho. Para mí fue toda una revelación encontrarme con… no tiene sentido que lo cuente, mejor te lo muestro. Pasá al siguiente video.  

Julián se apresuró por reproducir el video que estaba a continuación en la lista numerada. Era distinto a los anteriores. No había señales de su padre y estaba grabado en una vista cenital, supo que se trataba de una de las cámaras de seguridad.

—Wow, se ve muy bien —aseguró Julián—. La imagen es a color y muy nítida. Se nota que éstas no eran las típicas cámaras de seguridad, que graban todo en baja resolución. 

—La puta madre. Estas son las cosas que me cuesta procesar. Para mí es difícil entender por qué tu padre disfrutaba al ver estas cosas. Me porté muy mal con él. Debería odiarme. 

—Ya te lo dijo, a él le calentaba ser cornudo. Sinceramente no lo entiendo, a mí eso no me produciría excitación. Pero cada persona tiene sus propios morbos, y algunos pueden ser muy raros. 

En la pantalla apareció Diana, con su radiante cabellera rubia. Llevaba puesto un camisón negro que a duras penas le tapaba el culo. La imagen pasó a una segunda cámara que parecía estar ubicada casi a la altura del piso, cerca de la puerta de entrada. El culo entangado de Diana apareció ocupando casi toda la pantalla. Ella abrió la puerta y saludó a un hombre, con un beso en la mejilla.

—No quería que lo conocieras, pero bueno… te presento al Tano.

—¿Ese es el famoso Tano?

A Julián no le impresionó demasiado. Era la primera vez que lo veía, por un tiempo pensó que el susodicho Tano era algún amigo de su madre, alguien que seguía formando parte de su vida; pero no conocía a ese hombre de ningún lado. No le pareció tan atractivo como Diana había dicho. Tenía el tabique un poco desviado y la frente demasiado cuadrada. No era feo, pero tenía un aspecto un tanto “cavernícola”. De pronto sintió una oleada de rabia, al saber que ese tipo había disfrutado tantas veces del cuerpo de su madre. 

—Vení, pasá, te estaba esperando —dijo la Diana del video, esa Diana que tenía casi diez años menos.

—Uf, mamá… no cambiaste en nada, tu culo sigue tan firme como antes… y tus tetas también.

—Gracias.

Lo que le impactó a Julián es que no existió ningún preámbulo, nada de juego previo. Su madre fue hasta el sofá, había al menos dos cámaras que apuntaban a ese punto en concreto, una que tomaba el sofá desde el respaldo y la otra lo grababa de frente. En esta segunda cámara se pudo ver el enorme culo entangado de Diana, porque ella se puso de rodillas en el sofá, ofreciendo su retaguardia. Así, sin más. Recibió al Tano y se puso en cuatro para él. No se hizo rogar, se entregó como una perra en celo.

—Dale, cogeme —suplicó ella—. No doy más de la calentura. 

—¡Cómo te gusta la pija, rubia puta!

—Me gusta TU pija. 

—Me encanta coger con putas casadas a las que el marido no puede complacer. Son las que más suplican por una buena pija.

—Yo soy una de esas. Necesito una buena pija, la de mi marido no me alcanza. La tiene corta. Yo quiero que me metan una bien grande. —Ella se quitó la tanga y abrió la concha con los dedos—. Dale, ¿querías una de esas putas que se dejan coger fácil? Acá estoy… cogeme. 

Cuando el Tano sacó la verga del pantalón, Julián sintió celos. No podía estar seguro, pero le dio la impresión de que ese tipo la tenía más grande que él, además lo odiaba… ese tipo había conseguido que su madre se comportara como una puta arrastrada que se ponía en cuatro para suplicar por una pija. Y allí estaba ella, literalmente suplicando por una buena verga. Rebajándose ante ese cavernícola. Apretó los dientes y los puños, estuvo a punto de hacer un comentario cuando, al girar la cabeza, se encontró con una escena maravillosa.

Su madre, la real, la que estaba sentada a su lado, tenía las piernas abiertas y se estaba colando los dedos en la concha. Al parecer a ella le producía mucha calentura revivir ese momento… y a él le calentaba ver como ella se pajeaba. Decidió hacer lo mismo, después de todo ya tenía la fuera del pantalón. 

Los dos se masturbaron mientras la escena en pantalla seguía transcurriendo.

La Diana del video se abrió la concha con dos dedos y el Tano, que ya la tenía completamente dura, apuntó y penetró a la mujer con extrema facilidad. Ella soltó un agudo gemido de placer.

—Uy, puta… ¡Que mojada que estás! Te entró toda la pija de una. Se nota que esta concha se muere de ganas de comer poronga.

—¡Siii! —exclamó ella entre jadeos—. Partime la concha. Quiero mucha pija. 

El tipo agarró a Diana de la cintura y empezó a penetrarla con una fuerza bestial, provocando que todo el cuerpo de la rubia se sacudiera con cada embestida. Ella soltaba gritos de puro goce cada vez que la pija se clavaba hasta el fondo. La escena fue mecánica y repetitiva, pero se extendió por el tiempo suficiente como para que Diana, la real, pasara a su siguiente estado de excitación.

Agarró la pija de Julián, sin pedir permiso. El chico apartó su mano y dejó que su madre siguiera con el trabajo masturbatorio. Pensó que ella se limitaría a eso, pero la rubia lo sorprendió una vez más. Diana se inclinó hacia su hijo y se tragó la pija casi completa. Empezó a hacerle un pete, en toda regla. Tragó y dejó salir esa pija mientras su cabeza subía y bajaba. De reojo miraba la pantalla, le fascinaba poder ver cómo se la había cogido el Tano. Su marido le había hecho un gran regalo, a ella le encantaba ver cómo se la cogían y se lamentaba no tener buenas imágenes para recordar a uno de sus mejores amantes. Pero allí estaba, imágenes de alta definición, grabadas por el cornudo de su marido. 

Pensó en Eduardo. Si a él realmente le excitaba ser cornudo, este video habría sido una bendición para él. Hasta se podía imaginar que su marido vio miles de veces ese video, masturbándose, en la privacidad de su oficina. Tal vez lo hubiera hecho pensando en lo puta que era su mujer. 

El video de ella cogiendo con el Tano finalizó cuando el tipo le rebalsó la concha de leche. Por suerte Julián podía acceder al teclado y al mouse, sin tener que moverse demasiado. Giró la silla hacia su madre y ella siguió comiéndole la pija mientras él reproducía el siguiente video.

Eduardo volvió a aparecer en pantalla, con una amplia sonrisa. 

—Amor, no pienses ni por un segundo que estoy enojado con vos por las cosas que le dijiste a ese tipo, o por lo que hiciste con él. Sé muy bien cuál es mi rol en tu vida y tengo que admitir que yo no te puedo coger de esa manera… y vos merecés disfrutar del sexo, sos una mujer demasiado hermosa como para tener que conformarte conmigo. Y bueno… también está todo ese asunto del morbo. A mí me causó un morbo tremendo ver que me ponías los cuernos. Claro, sufrí, caminé como un loco por toda la oficina, me mordí las uñas; pero todo el sufrimiento es parte del disfrute, aunque te resulte contradictorio. Sé que para vos se convirtió en un ritual esto de ponerme los cuernos con ese tipo. ¿Te acordás cuando empezaste a decirme que me engañabas?

Julián detuvo el video. No quería que su madre le dejara de chupar la pija, pero Eduardo había dicho algo que contradecía lo que ella le había contado.

—Me dijiste que nunca le confesaste a papá que le ponías los cuernos.

Ella sacó la verga de su boca y se sentó recta.

—Técnicamente no lo hice, pero creo que él se refiere a lo que pasó un día en el que llegó temprano del trabajo, mientras yo estaba cogiendo con el Tano. Vos estabas en la escuela, así que yo imaginaba que todavía tendría la casa libre durante unas cuantas horas más. Creí que era una mera casualidad que tu padre hubiera llegado justo cuando el tano me estaba clavando la pija… por segunda vez en el día; pero ahora que sé que tenía cámaras y que podía ver todo desde el trabajo, me parece que llegó justo cuando él quería llegar. Yo entré en pánico y lo único que se me ocurrió fue decirle al Tano que se escondiera en el baño. Tu papá entró justo cuando él se perdió de vista. Yo estaba desnuda de la cintura para abajo y tenía toda la concha húmeda. Él me miró sorprendido. Lo saludé con una amplia sonrisa. Él me preguntó por qué estaba desnuda, le dije que me iba a bañar. Pero se dio cuenta de que yo estaba toda transpirada. Claro, el Tano había estado dándome para que tenga… además estaba agitada. Le dije que me estaba haciendo una paja. Él no pareció muy convencido. Yo estaba muy nerviosa, me aterraba que él supiera que lo estaba engañando. Me aterraba pensar que todo el mundo se enteraría y yo quedaría marcada como “la rubia puta que le pone los cuernos a su marido”. Me escondí en el baño, junto con el Tano. Ahí fue cuando tu papá soltó la frase: “Te noto rara. ¿No habrás estado con alguien?” Me puse pálida. Lo único que atiné a decir fue “¿Pero de qué hablás? ¿Estás loco?” En ese momento se me acercó el Tano… qué tipo hijo de puta. Me agarró las tetas y me clavó la pija otra vez. Tu papá estaba del otro lado de la puerta del baño, estuvo apunto de abrir, pero yo la cerré con llave. “¿Por qué cerraste?”, me preguntó. No le dije nada, entonces insistió. “Diana, ¿no estarás ahí con un tipo?” Estuve a punto de confesar todo, y en parte lo hice. Le dije: “Uy, sí… estoy con un tipo bien pijudo, me la está metiendo toda por la concha”. Y era cierto… el Tano ya me estaba dando de lo lindo, yo estaba re caliente. La frase sonó tan sarcástica que tu padre no se la creyó. Bah, eso fue lo que yo pensé en ese momento. Pero ahora veo que en realidad él sabía perfectamente que yo estaba con el Tano dentro del baño. Solo me estaba siguiendo el juego. “¿Ah, sí?”, preguntó, también con tono irónico. “¿La tiene muy grande?”. “¡Ay sí, tan grande que me está partiendo al medio!… ¡uf, qué pijazos que me da!” Al parecer al Tano también le gustó este jueguito, por lo que empezó a cogerme sin disimulo. Se quedó en silencio, pero a la pija me la metió hasta la glotis. Me agarró de los pelos y me dio tan fuerte como pudo. Yo seguí diciéndole cosas a tu padre, como “Me encanta cómo me coge”. “Necesitaba un buen amante, que me partiera al medio”. Y él me seguía el jueguito, como si yo estuviera siendo sarcástica. Así que, bueno… cuando mencionó el día que le conté que le estaba poniendo los cuernos, tal vez se refería a esto.

—Ya veo —dijo Julián. Volvió a reproducir el video y la voz de su padre volvió a llenar el cuarto.

—Para mí fue uno de los días más excitantes de mi vida. Yo sabía que todo lo que me decías era verdad. Me cumpliste el sueño de cualquier tipo que disfrute siendo un cornudo. Sé que hay muchos… más de los que te imaginás. Uno de los mejores videos tuyos que tengo es el que está siguiente en la lista. Miralo, a ver si recordás mejor ese día.

Julián reprodujo el siguiente video.

Una vez más se repitió la escena del video anterior. Su madre en cuatro, en el sillón de la casa, y el Tano pegándole tremenda cogida. 

Diana volvió a chupar la pija de Julián, ella sabía lo que iba a ocurrir, y prefería tener a su hijo entretenido… además estaba muy caliente. Necesitaba comerse una buena poronga.

Desde los parlantes de la computadora llegó el timbre de un teléfono. La Diana del video miró su celular, un modelo mucho más viejo al que tenía actualmente, y respondió.

—¡Hola amor! Disculpá, ahora no puedo hablar… estoy ocupada —el Tano no dejó de cogerla en ningún momento, todo el cuerpo de la rubia se sacudía con las embestidas, y sus tetas rebotaban—. Puede ser.. sí, tal vez… Ajá… Sí, amor… estoy con mi amante. El pijudo de la otra vez. Ese que me coge tan bien. Sip… me está dando una cogida tremenda… ¡Ay, sí… cogeme así… así! —Los gemidos fueron un tanto exagerados pero Julián supo que en gran medida se debían a que su madre la estaba pasando realmente bien—. ¡Ay, cómo me gusta esta pija!

El video se cortó abruptamente, para pasar a otro. En este el Tano estaba sentado en el sofá, y Diana estaba montada sobre él, dándole la espalda. La pija entraba y salía a buen ritmo de esa concha húmeda. Una vez más el teléfono volvió a sonar, y Diana atendió.

—¡Ay, Eduardo! ¡Qué puntería tenés para llamarme cuando me están cogiendo! —Dijo ella, sin disimular ni lo más mínimo sus jadeos entrecortados—. ¿No te puedo poner los cuernos en paz? Sí… ajá… me está metiendo toda la poronga. Olvidate de coger esta noche, porque voy a tener toda la concha abierta. A tu pito ni lo voy a sentir después de esta poronga tan grande. 

Julián sintió rabia al saber que Diana trataba de esa manera a su padre, pero este sentimiento negativo se difuminó en cuanto recordó que a Eduardo le calentaba ser cornudo. Él mismo había provocado esta situación. Así que él debería estar en la gloria. Su padre era un tipo raro, al que no podía comprender; pero ya no le quedaban dudas de que, de una forma macabra, Diana lo había hecho muy feliz. 

Además su madre le estaba chupando la pija con maestría, no podía quejarse, sería muy estúpido de su parte. Lo mejor era relajarse y disfrutar. 

Pero Diana tenía otros planes.

—Che, ¿qué te parece si nos ponemos más cómodos? —Le preguntó a su hijo.

—¿A qué te referís?

—Es un poquito incómodo chuparte la verga en esta posición… ¿y si mejor vamos a la cama? Me imagino que todavía quedan varios videos. ¿No sería mejor si los miramos desde ahí?

Julián abrió grandes los ojos. Recordó lo que había pasado las últimas veces que tuvo a su madre desnuda en la misma cama. Esta era una oportunidad inmejorable. Sí, quedaban varios videos por ver, y él no tenía prisa, si es que podía sacarle el máximo provecho a la situación.

Comenzaron los preparativos para mirar los videos restantes desde una posición más cómoda. 

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