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Vanessa, 23 años. Escort de lujo. Estoy muy cachonda y esperando por ti, abriéndome el coño con mis propias manos. Lo estoy dejando bien preparado para que lo revientes en todas las posturas que te gusten. 

Realizo TODOS los servicios y fantasías que quieras: francés natural hasta el final, 69, griego para que me petes bien el culito, besos con muchísima lengua, todo tipo de masajes eróticos, beso negro de locura haciendo un remolino con mi lengua en tu ano, cubanita para que acabes en mis tetorros de infarto, y literalmente LO QUE QUIERAS.

Una hora, solo 150 euros. No pierdas la oportunidad de ponerte en mis manos, no te arrepentirás.

Mi teléfono es 76XXXXXXX.

Se me puso el rabo como una barra de diamante con ese anuncio. Sin dudas, esa prostituta iba a ser la elegida. Llevaba ya tres meses sin tocar a una hembra, y ya era hora de darme un capricho de primera, sobre todo porque a mis 21 años todo es fogosidad, y ahora que no tengo novia, necesito descargar los huevos, que si no se resiente la próstata, y no queremos problemas de esa índole. Todo es por salud al final. 

Dios mío, menuda zorrita que iba a follarme. En las fotos se podían divisar dos melones absolutamente descomunales, que para un tetófilo como yo es lo más importante, un culo que se antojaba bien voluptuoso, justo como a mí me gustan, un cuerpo moreno absurdamente escultural y una carita que, aunque estaba difuminada, me la imaginaba con expresión de pedazo de guarra ninfómana, todo ello adornado por una cabellera morena muy sexy. 

Pero, sin duda, lo que más amaba del cuerpazo de esa puta de lujo era su parecido irreal con el de mi hermana mayor Lucía, la musa de mis pajas desde que tengo uso de razón. 

Sin dudarlo un segundo más, concerté cita con ella por WhatsApp y acordamos estar juntos durante una hora. 

Quizás os haya sorprendido a muchos lo de mi hermana. No sé si es común o no, supongo que no, pero Lucía es la chica que más deseo en el mundo, mi sexualidad se ha desarrollado amoldándose a su cuerpo. De hecho, me di cuenta más pronto que tarde que buscaba en otras chicas el cuerpo y la personalidad de mi hermana, y por eso es por lo que probablemente las cosas no me hayan ido muy bien con mis dos parejas, porque al compararlas con Lucía siempre me acababan pareciendo insuficientes, con el riesgo de sonar machista con dicha afirmación. 

Igualmente, tengo la sensación de que, desde niña, Lucía ha estado provocándome sexualmente todo el rato. Cuando mi sexualidad despertó, era obvio que pondría mis ojos sobre el cuerpo exageradamente desarrollado que mi hermana tenía en ese momento a pesar de su corta edad. Pronto empecé a notar sus flirteos y provocaciones inacabables, seguramente nacidos de la excitación de sentirse deseada incluso por su propio hermano, y en vista de que nunca podríamos cruzar la línea fraternal, empezó a divertirse torturándome. 

Me abrazaba fuerte cada dos por tres para poner mi cara en sus tetas, que ya en aquella edad eran bastante grandes, se paseaba cerca de mi cuarto solo en toalla cuando salía de la ducha, saludándome si estaba allí, se encargaba de que nos rozáramos si nos encontrábamos por el pasillo. Incluso me daba picos como “regalo por mi cumpleaños”.

Muchos pensaréis que esto terminó pronto, y yo tengo que deciros que no es así. A pesar de que la frecuencia e intensidad de las provocaciones ha bajado, aún hoy en día sigue siendo un suplicio vivir con tu mujer ideal en la misma casa, y que de vez en cuando se insinúe para ver tus reacciones.

Y he tenido que aguantar durante tres meses para poder reunir dinero y desfogar toda la tensión sexual que ella me provoca. Estaba ya a una parada de metro del lugar acordado, impaciente y excitado. 

Llegué a la portería, me dijo el piso, y tras abrirme la puerta de la calle, subí a la habitación.

La chica era independiente, y su nombre “artístico” era Vanessa. Piqué levemente a la puerta, y esta se abrió tras unos segundos. Sabía que la chica estaba detrás y lo hacía para no ser vista en lencería por los vecinos, pues no era la primera vez que visitaba a una chica de compañía.

Entré decidido, y la chica cerró tras de mí.

― ¿Qué tal, cariño?

Nada más oír el timbre y tesitura de la voz de dicha diosa me dio un vuelco el corazón. La había cagado pero bien…

Al darme la vuelta, mis sorprendidos ojos se encontraron con los de la chica, y estos se desencajaron también.

― ¿Hugo?

― ¿Lucía?

Dios mío, no sé ni como describir el silencio tan fantasmagórico que se apoderó del recibidor de aquel habitáculo. Quizás una buena forma de transmitiros la sensación es decir que fue como estar cayendo a un vacío infinito en el que sabes que vas a topar con el suelo, pero no cuando vas a hacerlo.

― Joder, que vergüenza… Mi vida se ha terminado… Me quiero morir…

Mi hermana comenzó a llorar como una descosida, tapando su cara como queriendo ocultarse. 

Yo no pude hacer más que ponerle una mano en el hombro.

― No te preocupes, hermanita… No voy a juzgarte y mucho menos a decir nada. Yo debería ser el avergonzado por ser un putero, ¿No?

Lucía elevó su electrizante mirada, que en ese momento estaba llorosa, hasta toparse con la mía.

― ¿De verdad? ¿No dirás nada?

― ¿Por quién me tomas? ¿Crees que le jodería la vida a mi propia hermana? Esto se irá a la tumba conmigo, te doy mi palabra.

― Solo hago esto temporalmente, ya sabes que no estamos muy bien económicamente en casa, y he de trabajar a veces de esto para pagarme la carrera.

― No tienes que darme explicaciones, de verdad. Es tu cuerpo y tu dinero… Por qué no lo harás obligada o algo así, ¿no?

― No, no. Yo decido todo. Tarifas, servicios, clientes, etc. Estate tranquilo por eso.

― Perfecto. Entonces todo bien. 

― Oh… Sí, sí… Claro. Gracias. 

Sin previo aviso, me abrazó muy fuerte, como solía hacer cuando teníamos 15 años. 

― De verdad, muchas gracias por entenderlo. Eres el mejor.

― Descuida ― Le di un beso en la frente. ― Es nuestro secretito ahora.

Ella sonrió gentilmente.

― ¿Pero podría quedarme aquí buscando a otra chica por Internet? Prefiero que sea aquí a ponerme a buscar en la calle…

― Eh… Oh… Sí, está bien… Durante esta hora ya no atenderé a nadie y tengo margen hasta el siguiente, así que…

Me senté en una silla y me puse a buscar.

― ¿Y por qué elegiste a Vanessa?

― ¿Eh? Bueno… Me gustaron mucho las fotos.

― Oh… Ya veo… ― Una sonrisa juguetona se dibujó en su boca. ― ¿Y qué parte del cuerpo de Vanessa te hizo decidirte?

Yo solté una risotada cómplice, despegando mis ojos del catálogo de meretrices informático.

― No creo que sea lo más apropiado decírtelo dadas las circunstancias, pero sobre todo las tetas. Soy muy tetófilo, ¿Sabes?

― Oh… Con que a mi hermanito le vuelven loco los pechos… Nunca me lo hubiese esperado de ti.

― Siento ser tan pervertido, hermanita…

― Escucha, ya que has venido… ¿Por qué no te quedas?

― Es un placer estar contigo, ya lo sabes, pero estoy muy cachondo y he estado ahorrando durante tres meses para descargar hoy… Lo entiendes, ¿no?

― Lo entiendo perfectamente. Digo que te podrías quedar para follar. 

― ¿Hay más chicas?

― No.

La sonrisa de mi hermana en ese instante podría ser portada por una Súcubo, y me lo creería. Tragué saliva, mientras mi corazón latía descontrolado. 

― Entonces…

― ¿Entonces?

― ¿Hablas en serio, Lucía?

Tras formularle esa pregunta, caminó lentamente hacia mí, cogió una de mis manos y las posó sobre una de sus titánicas berzas, aún cubierta por su sujetador de encaje. Me quedé de piedra.

― Totalmente en serio.

― Pero… Lucía… Somos hermanos… 

― Ahora mismo soy Vanessa. Un cliente muy especial necesita descargar y yo quiero hacerle disfrutar por la hora que va a pagar… ¿Qué te parece?

― No sé… Es una locura… Pero…

― ¿Pero?

― Que me está excitando mucho la idea, la verdad. 

― Oh… Qué cliente más guarro me ha tocado hoy…

― Mira… A la mierda todo, me quedo. Toma los 150 euros.

― Pasa a la ducha y desnúdate. Ahora voy yo.

Obedecí sus órdenes sin rechistar, con el corazón que me salía por la garganta. 

Ahí estaba yo, mirándome en el espejo del baño, totalmente desnudo.

― Con que esta es la cara de alguien que se va a follar a su hermana…

Picaron a la puerta, y di un respingo. Estaba muy nervioso.

― ¿Ya estás, Hugo? 

― ¿Eh? Sí, sí…

Lucía comenzó a abrir la puerta pausadamente, y tras hacerlo completamente, quedó a merced de mis ojos. 

Estaba desnuda, sonrojada y mirando a un lado, en signo de vergüenza.

― Luc- Vanessa… ¿De verdad estás segura de…?

Me miró, sonriente.

― Estoy totalmente segura de ello. 

Entró y cerró la puerta tras de sí.

Yo intentaba abarcar con mis ojos la máxima cantidad del cuerpo de mi hermana, totalmente anonadado ante tanta sensualidad. 

Estaba como bajo los efectos de un hechizo de deseo y lujuria, recorriendo con mis ojos desde las delicadas facciones de su cara hasta sus torneadas piernas de gimnasio, pasando por sus labios carnosos que llamaban al desenfreno, por sus pechos descomunales que parecían gritar “¡Llénanos de leche!”, por su vagina parcialmente rasurada y ligeramente lubricada, por las curvas de su trasero, y por el brillo sibarítico de su tez. 

La deseaba tanto que era sencillamente inevitable que mi miembro estuviese ya botando de la alegría. Literalmente estaba subiendo y bajando de la excitación, cosa que provocó una pequeña sonrisilla en la boca de mi hermana.

― Parece que alguien se alegra de verme…

― Em… Esto… Sí… Eso parece…

Se me escapó una risa nerviosa que hizo soltar una carcajada a mi hermana.

― Qué mono eres cuando te pones nervioso…

― ¿Eh? Lo siento… Es solo que… Dios mío… Mírate…

― ¿Te pongo cachondo?

Gesticulé, como diciendo “Mira mi pene, ¿No ves cómo bota?”. Pero ella negó, sonriente.

― Quiero que me lo digas.

― Me pones tan cachondo que creo que no sé ni como expresarlo con palabras.

― Qué bien…

Se acercó a mí sin dejar de mirarme fijamente, y sin dilación, se giró y empezó a restregar su culo esculpido por los dioses en mi excitado pene… ¡Dios de mi vida, qué culazo! 

Tras estar un rato atendiendo a mi pene con su culo, se despegó y se puso detrás mío, sin dejar la sonrisilla traviesa que me estaba poniendo malísimo, y pegó su cuerpo a mi espalda, restregando sus tetazas gigantes ahí, y empezó a acariciarme mis erectos pezones desde esa posición.

En un momento dado llevó su boca a mi oído.

― Qué tenso estás, cariño… ― Me susurró sensualmente. ―Voy a hacerte poner los ojos en blanco, así que deberías disfrutarlo…

― Lo sé… Es solo que… Bueno… ¡Siempre he querido que pasara esto! Ya está, ya lo he dicho…

― ¿Eh? De verdad… Entonces quizás te pone más que te trate como Lucía y no como Vanessa… Seguro que quieres que te trate como tu… H-E-R-M-A-N-I-T-A.

― Dios mío… Esto debe ser un sueño erótico, Lucía… Es imposible que esto esté pasando…

― Eres un depravado incestuoso con mucha suerte, tu hermana va a cumplir todas tus fantasías por esta hora.

― ¡Sí! ¡Sí! ¡Sí! ¡Joder, sí!

― No me esperaba que la idea te pusiese tan feliz. ―Mi reacción le hizo reír a carcajada limpia. ―Dime, ¿Desde cuando llevas deseándome, hermanito?

― ¡Desde siempre! ¡Desde que descubrí el sexo no he parado de pajearme con fotos tuyas e imaginando situaciones eróticas contigo como protagonista!

― Que cerdo asqueroso… Pero la verdad es que siempre lo he sabido, hermanito… Y es culpa mía… Me encanta sentirme deseada por ti. Me pone tan cachonda que tengo que reprimirme hasta límites insospechados para no dejarme el papo al aire y hacerme un dedo delante de ti. 

Su confesión me dejó helado.

― ¿De verdad? ¿Tanto te pone que tu hermano te deseé?

― Estoy todos los días mojada en casa. De hecho, trabajar en esto me viene bien para desfogarme. 

― ¡Joder, ¡Qué puta!

― ¿Y qué fantasía tienes, hermanito?

― He estado esperando estos tres meses para un masaje Nuru… ¿Lo das? En tu anuncio pone que haces todo tipo de masajes eróticos. 

― No solo lo hago, es mi masaje favorito y mis clientes dicen que soy una experta en él… Con que quieres sentir las curvas de tu hermana toda pringada de gel Nuru, restregándose en tu cuerpo, ¿Eh?

― No puedo esperar para hacerlo. 

― Primero entremos a la ducha, quiero demostrarte un poco de lo que soy capaz.

Entramos juntos a la ducha y activó el chorro de agua, que nos caía a ambos cual lluvia de mayo, y acto seguido empezó a manosear mi cuerpo. Yo solo me dejaba hacer, tenía que grabar cada pequeña sensación en mi cerebro para siempre, pues no sabía si esa situación se iba a volver a dar. 

― Mmmmm siempre me ha encantado tu cuerpo de gimnasio, vaya pectorales y mira estos abdominales… No entiendo como tienes que recurrir a esto para tener sexo, hermanito.

― No pienses que lo hago siempre. Es solo cuando me apetece, y ha sido ver la foto de… Bueno, ver una tía que era clavada a ti, y no he podido evitarlo.

― Por cierto, puedes tocarme cuanto quieras. No sé a qué esperas.

Con un brillo ciertamente potente en mis ojos, fui sin dudarlo ni un segundo más a hundir mis manos en aquellas tetas que tanto había deseado desde siempre. No sé cómo no empecé a babear con el tacto tan sedoso de esos senos bendecidos con la gloria divina… ¡Qué sensación de culminación! ¡Qué gustazo cumplir una de tus más improbables fantasías eróticas! Mis manos y sus tetas se atraían como cargas de signo opuesto, mientras amasaba cada parte de aquellas mamas interminables, de aquellas eminentes montañas, de aquel melodioso busto. Fue casi como una experiencia mística para mí, algo que sé que nunca volveré a sentir.

― Deberías verte la cara, hermanito. Sí que es verdad que eres un tetófilo de pura cepa.

― Te voy a comer estos tetorros sin cortarme un pelo. Me da igual que seas mi hermana, quiero comerte las tetas como un gorrino.

― ¡Chúpamelas, pedazo de guarro!

Empecé a succionar sus pezones, mientras el agua nos seguía cayendo, formando una harmoniosa melodía entre el sonido de esta golpeando nuestros excitados cuerpos y los gemidos de placer absoluto de Lucía. 

― ¡Oh! ¡Por fin! ¡Qué tetas! ― Tras volcar mis sentimientos de tetófilo, volví a comer teta. ― ¡Te las voy a chupar hasta el infinito! ― Y de nuevo volví a la acción, en un toma y daca entre guarrería y comida de pecho. 

― ¡Qué mala hermana que soy! ¡Cómo me estoy excitando por la comida de tetas de mi hermanito!

― Al revés, eres la mejor hermana del mundo. Me ha tocado el gordo contigo, no me puedo creer que pueda hacerte cosas como estas durante una hora entera.

Estuve un rato más chupando sus tetas, mientras restregaba mi polla dura en su entrepierna y agarraba sus nalgas como si me estuviese cayendo por un precipicio. El agua que regaba nuestros cuerpos era la única testigo de nuestro encuentro incestuoso.

― ¿Quieres enjabonar mi cuerpo, hermanito? ― Cogió el boté de gel. ― ¿O prefieres que lo haga yo misma?

― No, no, no. De eso nada. Tu cuerpo lo enjabono yo ― Con una sonrisa de oreja a oreja, cogí un poco de gel y me lo restregué por mis manos. ― Mis manos van a recorrerte entera. Voy a aprovechar cada segundo.

― Así me gusta, hermanito.

Comencé por sus pechos, llenándolos de jaboncito mientras los sobaba como un enfermo mental. Creo que incluso se me tenía que estar cayendo la baba, porque ella no paraba de reírse por lo bajo.

― He dicho que me enjabones el cuerpo, no solo las berzas, pedazo de tetófilo incestuoso.

No paraba de reír por mi obsesión por sus pechos, pero yo no paraba de agarrarlas. Tendría que venir el ejército entero para separarme de esos bienaventurados senos.

― El cliente siempre tiene la razón, ¿No?

― Por supuesto, hermanito. Tú toca lo que más te guste. Soy tu puta al fin y al cabo.

― No me puedo creer que esto sea real. Puedo tocarte tanto como quiera… Es de locos. 

Pasé a acariciarle el vientre, plano y algo definido por las horas de gimnasio. Acto seguido, extendí jabón por sus brazos y piernas, femeninos y sensuales. 

― Eres la chica perfecta… Una diosa, un ángel, una Venus de Milo, el culmen del erotismo…

No paraba de piropearla mientras agarraba sus nalgas con fruición, pegando mi cuerpo al suyo y hundiendo mi cara entre sus descomunales tetas. Si alguna religión hubiese prometido algo como esto en su paraíso, me hubiese hecho fiel feligrés hasta el día de mi muerte. 

― ¿Tanto te gusto? Nunca me habían piropeado tanto, hermanito…

― Eres la mejor. Simplemente.

― Está bien, ahora te voy a enjabonar yo. 

Las tornas cambiaron y me encontré siendo acariciado por las manos de Lucía por todos lados, extendiendo el jabón por cada parte de mi cuerpo.

― Mira esta espalda fornida, estos abdominales, estos glúteos prietos, estos pectorales definidos… Se te nota mucho el gimnasio, hermanito. Siempre me han puesto cachonda tus músculos. Desde que éramos adolescentes y empezaste a hacer Judo, tu cuerpo se fue moldeando, cumpliendo justo mis cánones sexuales. Le doy gracias al deporte por haber formado este cuerpo tan sexy que voy a disfrutar hoy, hermanito. 

Sus palabras me pusieron a mil. El hecho de que ella me deseara de manera tan sincera, alabando mi cuerpo y musculatura, era demasiado para mí. 

― Y por supuesto… ― Sin previo aviso, empezó a acariciar sensualmente el tronco de mi excitadísimo pene. ― Nada me excita más que este pollón que gastas. Era lo único que creía que nunca podría ni siquiera rozar y mucho menos ver o disfrutar, pero dios… Es mejor de lo que imaginaba. He de confesar que nada más verlo al entrar en el baño una corriente eléctrica de pura excitación a recorrido todo mi cuerpo. 

Yo estaba que no cabía en mí de lo cachondo que estaba. Estaba empezando a sentir mis piernas más débiles. El efecto que provocaba en mí mi hermana era incluso algo vergonzoso para mí, sabía que estaba en la red de la araña y cubierto por tres capas de tela de araña. No podía ni siquiera pensar en escapar. 

― Pero la verdad es que… ― Se posicionó detrás mío, y agarro mi pene del todo, mientras aplastaba todo su cuerpo contra mi espalda y lamía el lóbulo de mi oreja derecha. ― Quiero tomarme mi tiempo contigo. Olvídate de la hora, vamos a disfrutar de esto, vamos a saborear cada momento lentamente…

Empezó a masturbarme lentamente, con sus labios atendiendo mi lóbulo derecho. Yo no podía contener mis gemidos, debería ser incluso jocoso desde fuera.

Bajaba y subía su mano a un ritmo muy lento, con una maestría envidiable y el agarre perfecto. 

― Disfruta de la paja, que yo disfruto de tu polla y el tacto de tu cuerpo en mis tetas.

― Oh… Dios… Lucía… Que rico se siente…

― ¿Te pone cachondo esta paja bien cerda de tu hermanita? 

― Eres mi sueño erótico… ¿Cómo no me va a excitar esto?

― Como me pone saber que te pongo tanto… ― Se acercó de forma seductora a mi oído ― Tú también eres mi sueño erótico.

Seguí disfrutando del tacto experto de Lucía durante casi cuarenta y cinco minutos en total. En ese momento, cerró el agua y me dijo que pasara a la habitación.

Una cama perfectamente hecha y una colchoneta hinchable decoraban la estancia que olía a vainilla. 

― Túmbate boca abajo en la colchoneta, y espera ahí, que voy a buscar el gel Nuru y te doy el masaje. 

― Será un placer.

Obedecí sus órdenes mientras ella salía de la habitación para buscar el gel. 

Estaba tan excitado que podía sentir mi propia erección intentando atravesar la colchoneta debido a la posición en la que me encontraba.

― Ya estoy aquí, hermanito. 

― Qué bien…

― Verás… ― Se arrodilló en frente de mi cuerpo, y se dispuso a cubrir mi espalda de gel Nuru. ― Está un poco frío, pero no te preocupes, ya estoy yo para calentarte…

Si estaba frío no lo noté. De hecho, estaba tan excitado que me dio la sensación de que incluso podría evaporarlo debido a mi temperatura corporal. 

― Allá voy…

Se subió encima de mí y empezó a restregar su cuerpo desnudo en mi espalda, deslizándose hacia arriba y abajo. El gel Nuru está formado a base de un alga japonesa llamada alga Nori, y tiene como característica principal la capacidad de hacer resbaladizo el cuerpo humano. 

Imaginaos el cuerpazo descomunal de mi hermana deslizándose grácilmente a lo largo de mi espalda gracias a ese gel, sintiendo cada rincón de su piel. Intentaría describirlo, pero creo que no hay palabras para plasmar tanto placer en un texto. 

El restriegue estaba totalmente cargado de una carga erótica inusitada, tenía toda la piel erizada debido al enorme placer recibido, y no podía aguantar pequeños gemidos que salían de mi boca.

Estuvo un rato atendiendo mi espalda, y cuando me vio en el mood correcto, se bajó y me dijo que me diese la vuelta. No he dudado menos en toda mi vida.

―Bufff hermanito… Mira como la tienes… Bien gorda y preparada para que la toque…

Se volvió a subir, pero esta vez nos mirábamos de frente. Mi mirada y la suya colisionaban de forma absolutamente mágica, mientras sentía todo su cuerpo resbaladizo subir y bajar, acariciando mi pecho, mi abdomen, y rozando mi polla con sus tetas enormes, para volver a subir hasta mi pecho. No me importaría morir sintiendo esas sensaciones tan placenteras.

― Mírame a los ojos y dime como te sientes.

―Buffff esto… Creo que es lo mejor que he sentido en toda mi vida, hermanita.

― Quiero detalles, guarradas, dime todo lo que piensas…

―Lo que pienso es que me gustaría hacerte de todo, desde comerte el culo hasta follarte bien duro contra la pared mientras te tiro del pelo. Siempre he imaginado que eres de las que les va el sexo Hardcore, bien sucio y extremo.

―Me vuelve loca que me follen como si fuese un juguete sexual, y si hablamos de que me coman el ojete mmmmmm Me encanta sentir la lengua en mi culito.

― Madre mía, te voy a hacer de todo… ¡Nunca he estado más cachondo en toda mi vida, hija de puta!

Mientras subía y bajaba no pude resistir más, agarré su angelical y sensual rostro y sin más dilación le pegué el morreo más cerdo del mundo. Como se notaba que ella también quería juerga… Estaba más que activa en el beso francés. Podía notar el reguero de humedad que dejaba su coño en mi cuerpo al restregarse. 

Seguimos con el besuqueo una media hora, sin ningún tipo de prisa, disfrutando del erótico baile de nuestras lenguas, y acto seguido prosiguió bajando hasta mi sobreexcitado miembro, y lo puso entre sus tetas con una sonrisa abrumadora.

― ¿Quieres que juegue con tu polla entre estas?

― Joder, Lucía… ¡Pues claro!

― Pídemelo.

― Tienes las mejores tetas del mundo, por favor, déjame disfrutarlas con mi polla.

― No, así no. Tienes que recordarme todo el rato que somos hermanos. A las guarras como yo hay que recordarles todo el rato lo putas que son.

― Joder, eres la puta más baja del universo. Ponte la polla de tu hermano entre tus melones, y déjale ver lo que la guarra incestuosa de su hermana mayor sabe hacer. 

―Eso está mucho mejor.

Soltó una risilla y se puso manos a la obra. Bueno, más bien tetas a la obra. 

Con rítmicos movimientos ascendentes en velocidad, mi hermana me estaba regalando la mejor cubana de mi corta vida. La profesión se le notaba… ¡Menuda técnica! Aunque para ser justos, era pan comido hacer buenas cubanas con unas berzas tan perfectas como las de Lucía. Grandes, pesadas, llenas de venas y muy suaves. Además, el plus del aceite corporal hacía todo mucho más resbaladizo y excitante. 

Ciertamente, tuve que hacer acopio de toda mi fuerza de voluntad para no dejarme ir entre esas ubres de locura, más conseguí aguantar durante unos quince minutos esa cubana, pasados los cuales le pedí cambiar de posición. 

Un 69 fue el segundo paso, en el que obviamente le pegué una comida de ojete de campeonato, de esas que ya no quedan, mientras ella hacía gala de sus dotes para el Deep Throat. Me comí su culazo azotándoselo, amasándole las nalgas y sacando mi lengua de él de vez en cuando para decir cosas como “Este culo es un manjar de los dioses”, “Para desayunar quiero que mi hermana se siente en mi cara a partir de hoy” o “Ya no puedo vivir sin que mi cara sea la silla de mi hermana”.

― Qué hijo de la gran puta, hermanito… Me has puesto como una moto. Ahora vas a tener que darme bien duro contra la pared…

― Eso está hecho, puta zorra de mierda.

Sin mediar palabra, la cogí bruscamente y la empotré contra la pared, forzando su cabeza contra esta. Si esa puta quería sexo Hardcore lo iba a tener. 

― Joder… Sé que eres tú el cliente, pero por favor… ¡No puedes desperdiciar el mayor calentón de toda mi vida! ¡Fóllame bien rico!

Jugué con mi polla extradura en la entrada de su coñito palpitante. Nuestros cuerpos seguían repletos de aceite, resbaladizos. 

― Si quieres que te pegue una follada bien rica, pídemelo como una jodida furcia sin honor.

― Hermanito, fóllame. Quiero sentir tu polla de macho Alpha en mi chochito de puta barata, hazme tuya, vuélveme una asquerosa adicta al sexo.

― ¿Más de lo que ya eres? Joder, menudo putón… Te lo has ganado.

Se la metí de golpe, y comencé a follármela contra la pared, forzando su cara contra ella muy bruscamente. Ella casi ni podía hablar debido a la posición, aunque por los gemidos que propiciaba sabía que le estaba encantando. 

― Quieres que te folle como una loca, ¿eh?

― ¡QUIERO QUE ME REVIENTES!

Sin que ya nada me importase una mierda, empecé a azotarle el culo bien fuerte y a hacer mis envestidas super exageradas, haciendo que sus gemidos fueran a más.

― ¡PÁRTAME EN DOS! ¡ASÍ, JODER! ¡TRÁTAME COMO A UNA PUTA BARATA!

Me la llevé a la cama, y poniéndola a cuatro patas, la agarré del pelo mientras me la follaba como a una cualquiera. 

― ¡AY SÍ, HERMANITO! ¡COMO ME PONE QUE ME PEGUES LA FOLLADA DE MI VIDA MIENTRAS ME TIRAS DEL PELO!

― ¡ESTÁS LOCA, HIJA DE PUTA! ¡ERES MEJOR QUE EL GORDO DE LA LOTERÍA!

Con el griterío que estábamos montando no me extrañaría que algún vecino llamara a la policía, pero no podría importarme menos.

― ¡ME CORRO! ¡ME CORRO! ¡DIOS, QUE ME CORRO COMO UNA LOCA!

Me acerqué a ella al oído desde atrás y le dije algo mientras la envestía y le azotaba por todos lados. 

― No tan rápido… Para correrte quiero algo a cambio. Follaremos siempre que quiera, y gratis. A partir de ahora vas a ser mi puta personal si quieres más corridas como estas…

-Soy toda tuya… Ningún hombre me había hecho sentir tanto placer… No te preocupes, en casa follaremos cada vez que podamos y como quieras. 

―Entonces te lo has ganado, ¡CÓRRETE, PUTA!

―Espera…

Se giró, quedando mirando hacia mí.

― Sé que esto suena muy fuerte, pero necesito que hagas algo. Me pone muchísimo que me peguen, y este orgasmo no lo puedo desaprovechar… ¡TIENES QUE DARME CACHETAZOS EN LA CARA MIENTRAS ME CORRO! ¡PERO BIEN FUERTES!

― Suplícame que te pegue.

― Por favor, hermanito. Úsame de saco de boxeo para hacer que me corra un montón, te lo suplico…

― Qué puta… No te importa rebajar tu dignidad a la de una cucaracha…

― Claro que no. Soy tuya. Te pertenezco. 

― Muy bien.

Me la follé como un loco, y cuando me avisó que estaba a punto de correrse, empecé a meterle guantazos en la cara, y ella los recibió todos con una sonrisa de absoluto éxtasis. Esa desquiciada en verdad le gustaba el sexo Hardcore… ¿De verdad esa zorra era mi hermana?

― ME COR-

Su grito se cortó de golpe debido a una convulsión increíble que dejó sus pupilas en blanco. La zorra de mi hermana estaba teniendo el mejor orgasmo de toda su vida siendo follada y golpeada por su hermano… No se puede ser más zorrón de mierda… No se puede caer más bajo… Un cuarto reservado en el infierno era poco para ella. 

Y ahí, una vez su orgasmo terminó, cosa que supe debido a que sus contracciones se tranquilizaron y sus piernas dejaron de temblar, la acosté en la cama, y empecé a pajearme encima del cuerpo totalmente ido de mi hermana. Estaba en Narnia. El orgasmo le había dejado totalmente fuera de sí, con los ojos en blanco y la lengua fuera. No aguanté mucho más, y acabé vaciando mis huevos sobre todo su cuerpo.

Calló leche desde la cara, hasta el vientre, pasando por las tetas… ¡Menudo corridón! Aunque nada comparado con el suyo…

Le costó una media hora recuperarse, y reactivar su cerebro. 

― Esto ha sido lo mejor de toda mi vida. Por favor, quiero que te quedes junto a mí para siempre. 

Mi hermana me abrazaba muy muy fuerte, estando ambos desnudos aún. 

― Por mí perfecto. Eres mi sueño erótico al fin y al cabo…

― Joder, es que menudo orgasmo me has dado. Qué locura… No me puedo creer que eso haya sido real…

― Pues a partir de hoy te daré varios de esos todos los días.

Y así fue la primera vez con mi hermana, la puta de profesión que acabó siendo mi puta personal en casa. 

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