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Capítulo 1

Realmente me sentía mal. Tenía más de un mes que no avanzaba en mi trabajo. A ver, déjenme ordenarme un poco. Yo soy un escritor de novelas. No muy conocido, es verdad, pero las dos primeras que había publicado se habían vendido lo suficientemente bien como para abandonar mi trabajo de empleado y dedicarme full-time a la escritura. Así logré realmente mi primer gran éxito, del que se habían vendido casi 20.000 ejemplares. Luego publiqué otro libro que se vendió mucho menos y ahora estaba escribiendo mi quinto libro, que esperaba que fuese tan exitoso como el tercero.

El problema era que no avanzaba. Había probado de todo. Aislarme, olvidarme del libro, consultar otras cosas, en fin. ¡Hasta me puse a buscar consejos por internet!

Así pues, finalmente me vine a la casa de mi madre en la playa, sólo y a mitad del otoño, cuando probablemente no encontraría más que algún alemán perdido por ahí, a desintoxicarme y ver si podía alejar la presión que me ejercía yo mismo y encontrar la inspiración que me había acompañado los últimos cinco años. 

En realidad no tenía ninguna necesidad de terminar el libro ya. Ni siquiera este mismo año. Todavía tenía suficiente dinero para vivir unos meses más sin preocuparme, pero… no sé. Siempre me habían salido las palabras tan fácilmente que ahora, cuando no lo hacían, me sentía perdido.

Había dejado mi maleta en el cuarto y como eran como las tres de la tarde, me senté en una tumbona en la piscina con una botella de whisky a contemplar el mar. La casa estaba en una montaña y la vista del mar era bellísima. Claro, no tenía acceso directo a la playa, pero tenía una piscina donde podías pasar todo el día echado desnudo a emborracharte.

Mis padres habían sido medio hippies y era muy común que anduvieran por ahí con poca o ninguna ropa fumándose un porro, así que tanto mi hermana como yo, nos acostumbramos también a estar desnudos, sobre todo cuando éramos unos críos.

Por cierto, pensé mientras me servía otro trago, que hacía mucho tiempo que, no sólo no la veía, sino que ni siquiera sabía de ella. 

Cuando niños éramos muy unidos, apenas nos llevábamos 8 meses. Siempre bromeábamos que papá debe haber preñado a mamá mientras estaba pariendo a mi hermana. Jajaja. El caso es que éramos prácticamente gemelos. Inclusive nos pusieron en el mismo grado en la escuela y como dije, durante los primeros 14 años de nuestra vida fuimos inseparables. Todo los hacíamos juntos, estudiábamos juntos, comíamos juntos y sobre todo, siempre jugábamos juntos. Fuimos de los primeros en tener consola de juegos de computadora de toda la escuela. Nos encantaba competir entre nosotros, pero cuando formábamos equipo para competir con otros, nadie nos superaba. Éramos los Tres Mosqueteros pero sólo que en vez de tres, éramos dos jajaja.

El mundo se me vino encima el día que a Jenny, mi hermana, le salieron las tetas. Bueno, quizás no precisamente ese día, pero es la mejor aproximación que puedo dar. A ella le llegó la adolescencia primero que a mí y a partir de eso momento todo cambió. De pronto ya no le gustaban las mismas cosas que a mí y yo no entendía porqué.

Se molestaba conmigo por cosas que yo no entendía y ya no quería jugar conmigo. Lo peor era que empezaron a interesarle muchachos mayores. Claro, las hormonas habían empezado a transformarla en mujer mientras que yo seguía siendo un niño.

Pronto ya ni podíamos ni hablar sin pelear. Ella se hizo amiga de varios chicas y chicos mayores que yo y yo “la hastiaba”. Así que yo me encerré en mí mismo mientras la veía como se iba alejando de mí.

Para mayor efecto, nuestros padres se separaron y yo me quedé con mamá y ella se fue con papá, que se mudó a otra ciudad. Así desde ese momento, nos veíamos poco o nada. Mamá siempre me contaba de ella, pero claro, ya no era lo mismo y dada la distancia que nos separaba, no nos vimos en mucho tiempo. Claro, tampoco veía a papá, pero la que me hacía falta realmente era mi compañera de juegos: Jenny.

Yo me dediqué a la escritura, como ya dije, mientras que ella estudió derecho, convirtiéndose en una exitosa abogada. O por lo menos así me contaba mamá. Yo tenía ya 32 años, por lo que ella debía tener 33 y entiendo que no se había casado nunca, aunque vivía con otro abogado.

Yo tampoco me había casado, pero siempre había tenido pareja. La primera, Sonia, la había conocido en la universidad y nos habíamos ido a vivir juntos apenas nos graduamos, pero la vida de pareja no fue lo que esperábamos y nos separamos a los dos años.

Luego conocí a Amanda, con la que viví por 8 años, hasta el año pasado en que nos separamos de mutuo acuerdo. Ella quería enseriarse y tener hijos y yo no quería, todavía pensaba que mi profesión como escritor no estaba suficientemente establecida y me parecía que no era oportuna tal decisión. El caso fue que eso empezó a agriar la relación y por esa grieta empezó a entrar agua y al final las goteras inundaron la casa y cada quién cogió su camino en la vida.

El caso es que, desde el año pasado yo no tenía pareja fija y aparte de una amiga de la universidad con la que había tenido un “quicky”, hacía casi un año que no tenía una noche sexo.

Apuré el segundo whisky y decidí parar un poco porque tenía sueño y a lo mejor podía dormir una siesta.

Capítulo 2

Un viento un poco frío me hizo despertar, aunque no abrí los ojos, sino que me estiré perezosamente en la tumbona. Había tenido un sueño muy sensual y me sentía excitado, así que me agarré el güevo que estaba duro y me lo acaricié.

-Ejem- oí de pronto, haciéndome abrir los ojos alarmado.

-¡Jenny!- dije soltándome el güevo y enderezándome en la tumbona.

-Hola hermano La estabas pasando bien ¿no?- dijo Jenny con una sonrisa en la cara y mirando hacia mi vientre y mi güevo todavía parado.

-Este… yo…- sólo pude balbucear.

-Ah está bien, no te angusties- me dijo restándole importancia -Tienes un güevo muy hermoso… y grande-

-Yo, este… ¿Qué haces aquí? ¿Cuándo llegaste?- le pregunté todavía muy avergonzado.

-O… tengo un rato aquí… viéndote- dijo tomándose un sorbo de whisky de mi vaso, que obviamente había rellenado -Llegué hace rato-

Jenny estaba sentada en una silla de playa a corta distancia de donde estaba yo. Tan cerca que sus pies descalzos se apoyaban en mi tumbona. Tenía el pelo suelto que le llegaba a los hombros y para mi sorpresa ¡rubio! Una blusa de color claro, blanco ostra o algo así y unos jeans negros. El pantalón le quedaba muy apretado y se le metía tanto en la entrepierna que se le marcaba claramente el pubis y la vagina. Un “camel toe” como lo llaman en internet. Tenía también los pezones erguidos y se le marcaban claramente a través de la blusa. No había duda alguna que había disfrutado viéndome.

-¿Y desde cuándo eres rubia?- le dije tratando de desviar la conversación.

-Jajaja- desde hace tiempo -Cierto que hace mucho que no nos vemos. La verdad es que he tenido de muchos colores de pelo, jajaja. Actualmente me gusta este color. ¿Y a ti? ¿Te gusta?-

-La verdad es que sí me gusta. Te queda bien- le respondí mientras me iba  tranquilizando (y mi güevo dejaba de estar parado), tomándole el vaso de la mano para tomar un trago.

-¿Y qué haces aquí en la casa de mamá?- le pregunté.

-Jajaja. No es la casa de mamá, es la casa de la familia. Nunca la vendieron y por lo tanto le pertenece a los dos-

-Claro, tienes razón, disculpa- respondí.

-No importa. Tenía un caso en la ciudad y cuando llegué me enteré que todo se había ido a la mierda y no había a nadie con quién hablar, ni qué hacer aquí y que había perdido el viaje. Entonces, mientras buscaba pasaje de regreso, se me ocurrió que, ya que había planificado quedarme hasta el domingo, podría venirme a la casa a descansar. No sabía que estabas aquí, lo siento ¿Quieres que me vaya?-

-No, por Dios. ¿Cómo voy a querer que te vayas? Al contrario, me alegra mucho que estés aquí- le dije desviando mi mirada un segundo a su entrepierna. Si ella podía verme desnudo, yo también quería verla a ella.

-¡Qué bueno. A mí también me alegra verte. ¿Cuánto tiempo hace que no nos veíamos?-

-Uf, ya ni me acuerdo- le respondí -¿Desde las navidades del 2015?-

-No sé, supongo- dijo ella sonriendo, mientras servía más whisky en el vaso. Ambos bebíamos del mismo y se acababa rápido.

-¿Y tu pareja?- le pregunté.

-Ah, eso pasó a la historia. Nos fastidiamos uno del otro. No tenía imaginación-

-Jajaja. Pero creo recordar que se querían mucho-

-Bueno, al principio todas las relaciones son así, luego vas empezando a verle las costuras al tipo y cuando los peos empiezan a olerte mal, es hora de que lo dejes. ¿Y tú? ¿Dónde está… cómo era que se llamaba?-

-Amanda-

-¡Ah sí, Amanda. ¿Dónde está ella?-

-Junto al tuyo, supongo, jajaja. Nos separamos el año pasado. Ella quería tener hijos y yo no estaba preparado para eso-

-Te entiendo. Somos un desastre ¿no?-

-Oh no- le respondí -Desastre son ellos, que no supieron reconocer nuestras bondades-

-Jajajaja- reímos los dos para luego chocar los vasos brindando.

-¡Por nosotros!-

-Y ahora mejor nos vamos para adentro- le dije a Jenny. Ya el sol se había ocultado con una maravillosa muestra de colores y el frío me hacía temblar.

Yo me dirigí al cuarto principal, donde estaba mi maleta, poniéndome unos pantalones cortos sin nada debajo y una franela. En un lado del cuarto estaban las maletas de Jenny. No sabía cuáles eran sus planes, pero yo había llegado al cuarto primero, así que ella tendría que mudarse al cuarto pequeño, donde hacía años dormíamos los dos, pero no era el momento de discutir eso.

Cuando salí a la sala vi que Jenny estaba curioseando en la cocina, abriendo la nevera y la despensa.

-¿Hay algo de comer aquí?- preguntó.

-La verdad es que no sé. Yo simplemente pido algo de comer por internet-

-¡Ah! Mejor. Pensaba cocinar algo, pero si hay quien traiga, pedimos-

-¿Tienes hambre ya?- le pregunte sentándome en el counter de la cocina, mientras le miraba el culo. La verdad es que se mantenía bien, Jenny. Y con ese jean apretado, ufff.

Ella se quedó con la nevera abierta por unos segundos.

-¿Jenny?- le pregunté de nuevo.

-Te estaba viendo por el reflejo, jajaja. ¿Me estabas viendo el culo hermanito?-

-¡Ups! Me descubriste-

-Está bien, puedes verme todo lo que quieras. Es un placer sentirse apreciada. Yo también estuve bastante rato viéndote ese rabo que tienes. ¡Jajaja. Si me descuido termino agarrándotelo-

-Jajaja- me reí yo también, pero entonces me di cuenta que mi güevo se estaba poniéndose duro otra vez y como estaba con un short delgado y sin interiores, se iba a notar demasiado. Menos mal que el counter me tapaba.

-¿Qué queremos comer entonces?- preguntó entonces Jenny cambiando de tema.

-No se ¿una pizza?- le dije.

-¡Oh, ok! Una pizza está bien. Hace años que no me como una, ya sabes, para mantener esta linea que parece que te gusta tanto-

-Es cierto, hermanita. Tienes un culo precioso…  y todo lo demás también-

-Gracias, pero ahora déjate de alabanzas y pide la comida- dijo entonces Jenny sonrojándose un poco. Nunca me había pasado eso con ella.

Una vez que terminamos de comernos la pizza y mientras Jenny recogía los platos y los vasos, me puse a buscar una cosa en nuestro viejo cuarto y lo encontré.

-Mira lo que conseguí- le dije enseñándole el Super Nintendo.

-¡No puedes ser!- dijo Jenny emocionada -Seguro que no funciona-

-No sé- le respondí -Vamos a ver-

Pasamos la siguiente media hora conectando el equipo, igual que lo hacíamos 20 años antes. La diferencia más importante era que las tetas de Jenny me mantenían más enredado que aquel entonces. Sin sostén se le movían alegremente bajo la blusa y me distraían constantemente.

Pronto lo oímos volver a la vida y encantados nos pusimos a jugar Super Mario World.

Mientras lo hacíamos me di cuenta de otra diferencia en relación a nuestros juegos de infancia, en aquel entonces tomábamos refrescos, ahora bebíamos whisky. También, cuando nos felicitábamos por alguna buena jugada, gritábamos como desaforados y nos abrazábamos contentos. Ahora éramos mucho más recatados, más conscientes de que éramos dos adultos sexualmente activos y aunque constantemente nos tocábamos en los brazos, la espalda y a veces las piernas, procurábamos mantener cierta distancia “segura”. 

Finalmente, al cabo de dos horas de juego, el whisky había minando considerablemente nuestras habilidades, y aunque cometíamos mucho más errores en el juego, los contactos físicos en las celebraciones fueron aumentando, abrazándonos y besándonos en los cachetes cada vez con más frecuencia.

-Jajaja- le dije después de hacer una muy mala jugada de mi parte -Creo que ya estoy demasiado borracho para seguir jugando.

-¡Oh nooo!- dijo ella -¡Yo también estoy borracha, pero vamos a pasar al siguiente nivel y seguimos mañana!-

Así pues que seguimos jugando hasta pasar de nivel, no me acuerdo cuál, y lanzándole el control, le dije a Jenny con voz de borracho:

-Lo siento hermanita, ya no puedo seguir jugando-

-Muy bien- respondió ella apagando su control.

-Creo que me voy a dormir- le dije pasándole el brazo por los hombros -Me alegró mucho que hayas venido y más me alegró que jugáramos como antes-

-A mí también me alegró- dije ella sonrojándose de nuevo al tiempo que me abrazaba. 

Fue un abrazo extraño. Ella se puso un poco de lado, como para evitar el contacto de sus tetas con mi pecho, al tiempo que evitaba mi mirada. Fue como un abrazo contenido, pero al mismo tiempo relativamente largo.

-Yo me voy a quedar afuera un rato más- me dijo al cabo de un momento, separándose al fin -Voy a leer mis correos y luego me voy a acostar-

-Perfecto- le respondí -Hasta mañana. ¿Tú no te levantas temprano, no?-

-No, claro que no, pero en cualquier caso, el que se levante primero espera al otro para desayunar ¿ok?-

Capítulo 3

Cuando llegué al cuarto, lo primero que hice obviamente, fue asearme, orinar y cepillarme los dientes. Luego me quité la ropa. No recordaba si había traído pijama, pero luego pensé que no importaba, Jenny dormiría en el otro cuarto. Así que me recosté en la cama y me dormí en segundos.

Amanda, mi esposa, dormía a mi lado en la cabaña al lado del mar en las islas Seychelles, donde pasábamos vacaciones. Lo cual era imposible porque por una parte, nunca tuvimos dinero suficiente para un viaje de esos y por otra, tampoco me había casado con ella, pero era un sueño y no importaba. 

Ya era de día pero entraba poca luz por la ventana cerrada. Me volteé hacia ella que, al igual que yo, estaba desnuda. ¡Qué bella era Amanda! con ese pelo rubio… Espera, pensé ¿desde cuándo tiene Amanda el pelo rubio? Ella lo tenía moreno, pero bueno, rubio se veía mucho mejor. Entonces Amanda se volteó, dándome la espalda y empujó sus caderas contra mí. Su bello trasero aprisionó mi güevo entre las redondeces de sus nalgas, por lo que empezó a ponerse duro.

Por un momento disfruté la posición, pero luego me lo agarré y lo volteé hacia abajo, para que quedara entre sus piernas. Aunque ambos nos hacíamos los dormidos, ella levantó su pierna para atrapar mi güevo en la cuña entre sus muslos y su vulva.

Yo entonces pasé mi mano libre por delante de ella y le agarré sus tetas. Mmmm, que buenas estaban. Más grandes de lo normal ¡y duras! y empecé a jugar con sus pezones, que también estaban duros y habían crecido todavía más.

Luego metí mi nariz en su pelo y aspiré su aroma. ¡Qué raro!, no olía al shampoo que ella utilizaba normalmente y en general su aroma corporal era distinto, pero igual olía rico.

Entonces la oí gemir y su voz tampoco…

¡Coño está no es Amanda, es Jenny!

Abrí lo ojos mucho, quité mi mano de sus tetas y me separé ¿Qué coño hacía Jenny en mi cama?.

Una vez que me puse a una distancia prudente o por lo menos para que mi güevo no la estuviese tocando, me quedé inmóvil esperando a ver qué pasaba, pero no pasó nada. Ella seguía inmóvil, dándome la espalda.

Entonces me levanté y me metí al baño confundido. ¿Cuánto tiempo llevaba Jenny allí? ¿Cómo no me había dado cuenta? ¿Ella estaba dormida o despierta? Aunque no sabía que era preferible.

En cualquier caso, decidí que mejor me levantaba completo, total ya era de día. Encendí la ducha y me metí. Estaba tan excitado que no pude evitar comenzar a tocarme el güevo, lo que resultó que en menos de un minuto ya estaba acabando. Wow, no había durado tan poco tiempo desde que era un adolescente. Toda la excitación acumulada desde ayer con Jenny viéndome desnudo y yo viéndole a ella sus pantalones apretados y sobretodo sus tetas sin sostén… y después esta mañana despertarme abrazándola desnuda. 

En fin, una vez que me liberé la tensión sexual que me tenía congestionado, fue que pude empezar a bañarme. Cuando terminé, me puse una toalla alrededor de la cintura abrí la puerta del baño con cuidado para no despertarla, pero ella ya no estaba en la cama.

Entonces salí del baño, me puse una franela y unos shorts limpios y salí del cuarto; tenso porque no sabía cómo me iba a tratar ella después de ese impasse mañanero.

-Holaaa- me saludó Jenny desde la cocina cuando me oyó -Ya va a estar listo el café-

Ella estaba parada de espaldas a mí al lado de la cocina, con una franela de esas que parecen tres tallas más grandes y que le dejaban un hombro al descubierto. La franela le llegaba sólo un poco más abajo del culo y no parecía tenía más nada debajo, porque la tela era tan delgada que con la luz que entraba por la ventana se podía ver a través.

-¡Gracias!- le dije acercándome todavía nervioso.

Cuando estaba detrás de ella se volteó hacia mí y me abrazó, pegando sus caderas contra mí (a diferencia del extraño abrazo de la noche anterior) y pasó sus manos por mi cuello.

-¿Cómo dormiste?- me preguntó; luego me dio un cortísimo beso en los labios y rápidamente se volteó hacia la cocina porque la cafetera estaba sonando.

-Muy bien- le respondí -Esta mañana tuve un sueño muy raro. Espero que no te haya molestado-

-¡Ah! No te preocupes. No me molestaste para nada. ¿En qué soñabas?-

-Oh, estaba en las islas Seychelles con mi ex Amanda-

-¿Y porqué era raro el sueño?- preguntó.

-Es que a pesar de que era Amanda, nada coincidía. Tenía el pelo rubio y unas tetas más grandes y… bueno, era raro- y entonces decidí callarme antes de decirle que la rubia de mi sueño era ella.

La verdad era que no sabía qué hacer o qué decir. Ni siquiera sabía si Jenny estaba despierta o no cuando la había empezado a acariciar. Pero tampoco me atrevía a preguntarle, por lo que aproveché que el café estaba listo para no decir nada y hacerme el loco. Así pues, nos servimos el café en silencio y nos sentamos en la sala en el mismo sofá donde habíamos estado jugando el día anterior. Muy juntos.

Mientras disfrutábamos del café yo la miraba de reojo. La camisa apenas le tapaba el regazo y estaba seguro que si se movía aunque fuese un milímetro le vería el pubis. 

Ella también me miraba disimuladamente y para aumentar mi incomodidad, mi güevo volvía a ponerse duro, a pesar de que me había hecho la paja hacía unos pocos momentos atrás.

-¿Y tú cómo dormiste?- le pregunté a mi vez.

-¡Ah! muy bien- me respondió -Anoche revisé unos correos y hasta contesté algunos. 

-¿Y cómo es que terminaste en la cama de mamá?-

-Jajaja. No era mi intención, pero cuando entré a buscar mis cosas, te vi tan cómodamente dormido en un lado de las cama que me pareció que podía acostarme en el otro sin despertarte. Seguro que no te diste cuenta ¿no?-

-La verdad es que no sentí nada hasta… esta mañana- le dije sonrojándome.

-¡Qué bueno! Realmente no había necesidad de irme a mi vieja cama, teniendo esa cama tan grande y cómoda- continuó Jenny.

-Si, tienes razón- le dije -Podemos dormir ambos ahí… sin molestarnos-

-Muy bien. ¿Y ahora quieres desayunar?- dijo entonces Jenny cambiando de tema.

-O sí- le dije -tengo mucha hambre-

-Muy bien ¿qué quieres que te prepare?-

-Mmmm, ¿recuerdas aquellos panes que nos preparaba mamá? Tostada francesa era su nombre ¿no?-

-¡Qué magnífica idea!- dijo Jenny -¡Vamos, ayúdame, entre los dos los hacemos más rápido-

Al cabo de una hora ya habíamos desayunado las famosas tostadas francesas con mermelada, jamón, queso, etc. No exactamente la receta de mamá, pero bastante parecidas. Luego habíamos recogido la mesa y mientras nos tomábamos un nuevo café, comenzamos a pensar en qué hacer a continuación.

-No sé que hacer ahora- dijo Jenny -¿Que quisieras hacer tú?-

-Mmmm, no sé tampoco ¿Jugamos con el Super Nintendo?- respondí.

-No, eso lo podemos dejar para la noche, ¿Y si vamos a la playa?-

-Mmm, no quisiera salir de la casa- le dije -¿Que te parece si nos quedamos alrededor de la piscina?. La verdad es que ahora mismo no me provoca bañarme, estoy lleno, pero podemos sentarnos allá afuera aprovechando que no está tan caliente y hay un sol hermoso-

-Perfecto- dijo ella -voy a buscar unas toallas-

-¿Traes para los dos?-

Capítulo 4

Una hora después estábamos sentados en la piscina, a la sombra y en silencio, cada uno con su computadora, y entonces le pregunté:

-¿Será que nos tomamos algo?-

-Mmmm… sí, la verdad es que me gustaría ¿qué sugieres?- respondió ella.

-No sé… mmm… no me apetece whisky, pero ¿qué tal un coctel?-

-Buena idea ¿Alguno en especial?-

-Mmmm, vi unos limones en la nevera. Con un poquito más podemos hacer un gin tonic o algo así-

-Muy bien, ¡aceptado!- dijo Jenny.

Me fui a la cocina y empecé a recolectar los ingredientes. No había ginebra, pero había ron, así que no sería gin-tonic sino ron-tonic, pero estaba seguro de que “los clientes” no tendrían problemas.

Cuando llegué con la bandeja de ingredientes me encontré que Jenny se había quitado la camisa y se había acostado desnuda en la tumbona sobre una toalla. Por un momento me quedé desconcertado, nunca la había visto desnuda de adulta y la verdad era que tenía un cuerpo espectacular. Tenía las tetas blancas y de tamaño mediano y los pezones y rosados erguidos. El resto del cuerpo estaba más o menos bronceado con la excepción del área del bikini. El vello púbico lo tenía bien recortado, en la clásica forma de triángulo. Las piernas perfectas. 

-Wow- dije al poner las cosas en la mesa.

-Si, como si nunca me hubieses visto desnuda- dijo ella.

-Hacía años que no te veía desnuda. Desde que teníamos, no sé,

-Aparte de esta mañana, claro- me recordó.

-Claro, aparte de esta mañana- reconociendo así que estaba despierta.

-Y aparte también de que esta mañana mientras nos desayunábamos, cada vez que me inclinaba, me mirabas las tetas por el escote-

-Eso no cuenta- protesté riendo.

-¿No? ¿Cuándo cuenta? ¿Sólo cuenta si me ves el coño desnudo?-

-Mmmm… podríamos aceptar esa definición- dije mientras preparaba los tragos.

-Aquí tienes- le dije dándole su vaso. La verdad es que me había quedado muy bien el trago, pensé mientras probaba el mío. No solo de buen sabor, sino que hasta lo había adornado con una ramita de perejil.

-Mmmmm delicioso- dijo Jenny probándolo también -Quizás un poco del lado “fuerte” ¿Estás pensando en emborracharme para seducirme después?-

-Jajaja- me reí. Realmente lo había pensado pero ¡no iba a admitirlo!

Entonces busqué la otra tumbona y la puse al lado de la de Jenny, con una mesita entre los dos para los tragos.

-Oh no, me dijo ella. Pon la mesita del otro lado y tu tumbona pegada a la mía- me dijo ella.

La miré extrañado, pero hizo lo que me pidió. Puse mi tumbona al lado de la suya y quitándome la ropa me acosté desnudo también. Ahora estábamos los dos desnudos y muy cerca el uno del otro. En realidad esta mañana habíamos estado aún mas cerca pero ella estaba dormida, bueno ya me había dicho que no estaba.

Volvimos a quedarnos en silencio, disfrutando del sol que calentaba nuestra piel y del aire fresco que soplaba del mar.

Pronto los nos habíamos tomado nuestros respectivos tragos y esta vez fue Jenny al que hizo la nueva preparación.

-Wow- le dije cuando lo probé -Y después me dices que el mío estaba fuerte-

-Si, la verdad es que se me pasó la mano- dijo ella -Déjame ponerle más limón y más soda-

Le devolví el vaso y ella botó un poquito del contenido, reemplazándolo con un chorrito de limón y otro de soda extra.

-Perfecto- la alabé cuando probé de nuevo el trago.

-¿Quieres que te ponga protector solar?- me preguntó entonces Jenny, que se había acostado de nuevo con el protector y se lo restregaba por todo el cuerpo, especialmente por las tetas y la zona del bikini. No tenía esas zonas demasiado blancas, pero tampoco tan bronceadas.

-No gracias- le respondí. Yo estaba completamente bronceado. Inclusive en la zona del traje de baño, porque frecuentemente me ponía al sol desnudo -Tu tampoco necesitabas bronceador cuando éramos niños- 

-Jajaja. Es cierto- respondió Jenny poniendo finalmente el bronceador a un lado y tomando su vaso de ron-tonic -Obviamente no tengo tanto acceso a playas nudistas como tú. O como cuando éramos niños-

Por un rato me quedé pensando y finalmente le hice la pregunta que me atormentaba desde hacía casi 20 años.

-Jenny- le dije con voz seria -¿Qué nos pasó hace 20 años?-

-Mmmm… yo sabía que algún día me ibas a hacer esa pregunta- me respondió poniéndose de lado en la tumbona, viendo hacia mí -Nunca te enteraste ¿verdad?-

-¿Nunca me enteré de qué?- le pregunté poniéndome también de lado y viéndola a lo ojos.

-Yo sé- empezó a contarme -Yo sé que éramos como uña y carne. Que nos criamos más como gemelos que como hermanos normales y que en realidad yo era 10 meses mayor que tú-

-¡Ocho meses!- protesté.

-Es cierto. Siempre decían que papá había embarazado a mamá antes de que yo hubiese nacido. Jajaja-

-Quién sabe. Nunca me atreví a preguntarles-

-¡Yo sí!- dijo Jenny -Yo le pregunté a papá, pero él tampoco sabía. Por supuesto que hacían el amor mientras mamá estaba embarazada de mí, pero ellos pensaban que ella podía quedar preñada nuevamente mientras todavía yo estaba en la barriga. Cuando se descubrió el segundo embarazo, todo el mundo pensaba que simplemente tú eras un bebé prematuro, pero cuando naciste y tenías el peso normal, es decir, que no eras realmente prematuro, todos tuvieron que pensar en otras posibilidades, pero la verdad es que nadie sabe-

-¿Sabes?- le dije -Todavía después de todos estos años no me puedo imaginar a papá cogiéndose a mamá. No sé, es como un bloqueo-

-Jajajaja. ¡Yo tampoco! Es más, ni siquiera me puedo imaginar a papá con… una erección- rió Jenny mirando hacia mi güevo que dio un respingo.

-Bueno, pero regresando a tu pregunta- siguió diciendo Jenny -el caso es que éramos casi idénticos… hasta que yo llegué a la pubertad. Un día me desperté y tenía dos bultos en el pecho y unos pelos oscuros en el pubis. Al principio no le di mucha importancia, pero de pronto en el colegio, me di cuenta que había un chico muy buenmozo en el grado de arriba. El siguiente al nuestro. Roberto se llamaba ¿lo recuerdas?-

-No, no lo recuerdo- respondí.

-Me pareció un pensamiento extraño porque yo nunca me fijaba en otros chicos, pero de pronto éste llamó mi atención. Y la cosa se fue poniendo peor cada día-

-¿Se fue poniendo peor?- le pregunté -¿Peor como?-

-En los dos sentidos, físico y mentalmente- me respondió Jenny -Los bultos no paraban de crecer, al igual que los vellos. Así que le pregunté a mamá y ella se alegró mucho porque “había llegado a la pubertad” y “me estaba convirtiendo en mujer”. Ninguna de las dos cosas las entendía muy bien. Entonces ella empezó a explicarme lo de la adolescencia, las hormonas y el ciclo menstrual y todo eso-

-Ok- le dije a Jenny embelesado por su historia, que yo no conocía.

-Yo empecé a entender- continuó contándome Jenny -pero una cosa es entender y otra saber manejar el asunto. De pronto ya no me interesaba jugar contigo, quería jugar con Roberto, ¡que ya tenía bigotes!-

-¿Tenía bigotes? Jajajaja-

-Bueno, no eran realmente bigotes, era un bozo, un montón de pelos en camino a ser un bigote. Pero para mí era un bigote. ¡Y él también pensaba así! Además, yo quería estar con él, que me agarrara las manos ¡que me tocara!-

-¿Ya querías que te tocara las tetas?-

-Bueno, como te dije, yo no estaba nada clara. Yo quería que me tocara toda, me agarrara las manos; que me dijera que me quería, que me besara y sí, ¡que me tocara las tetas! Aunque me aterraba que lo hiciera-

-¿Y te tocó las tetas?-

-¡Oh sí! Me tocó las tetas y otras cosas más-

-¿Queeé?- dije alarmado -Nunca supe nada-

-Nadie sabía nada. Yo había hablado con mamá, pero no tenía mucha… ¿cómo decirlo?… dirección, de parte de ella. Tampoco mis amigas, yo era la primera que había florecido-

-¿Florecido?- pregunté como un bobo.

-Jajajaja. Si, así se le decía: florecer, llegar a la adolescencia-

-¡Ah! No sabía- dije.

-Ese era parte del problema. Mi amigo, mi pana, mi compinche que eras tú, estaba ahora en otra galaxia. Ya no me entendías, no entendías mi lenguaje y… todavía me da pena decírtelo, no me mirabas cómo yo quería-

-No entiendo ¿Cómo querías que te mirara?- pregunté nuevamente despistado.

-¡Como lo que me había convertido: En una mujer!. Yo quería que me vieras las tetas. Bueno, no llegaban a tetas, apenas unos pezones más o menos elevados, pero para mí eran importantísimas. ¡Y tú no me las mirabas como lo hacían los otros chicos!-

-¡Pero sí te miraba!- protesté.

-Si, pero no con ganas de tocármelas. Me mirabas como… no sé, con la misma curiosidad con que yo me las había visto el primer día, como ¿qué serán éstas cosas?-

-Bueno, yo…- tartamudeé sin saber qué decir.

-Ahora no te culpo, hermanito, pero en aquel entonces, con la cabeza llena de hormonas alborotadas, no sabía pensar derecho. El caso era que entonces me dediqué a mis nuevos amigos que sí que apreciaban mis tetas y mis poco a poco desarrolladas caderas y todo lo demás-

-Ok. Eso lo recuerdo-

-¿Qué cosa?- me preguntó Jenny.

-Bueno, que de pronto te reunías sólo con los chicos de IVto. año y no conmigo, ni con ninguno de los de IIIro.-

 -Si, pero el problema era que no sólo “andaba” con ellos. Me había convertido en una chica fácil. Lo único que ellos querían era tocarme ¡y yo los dejaba!-

-¡No puede ser!- dije alarmado, aunque eso había sucedido hacía 20 años.

-¡Y yo no sabía cómo controlar la situación!- continué -A los pocos meses perdí la virginidad con otro chico del Vto. año-

-¡Ups!-

-Se lo dije a mamá y ella me llevó al médico que me revisó y dijo que no había ningún daño-

-¿Cómo que daños?-

-Ninguno de los dos sabía muy bien lo que hacíamos esa primera vez y a mí me había dolido mucho y vertí mucha sangre. En realidad era que me había bajado la regla y no solo la ruptura del himen, pero ¿qué iba a saber yo?-

-¿Era tu primera regla?-

-No, ya la regla ya me venía desde hacía un tiempo, pero todavía era muy irregular y yo no sabía cuándo me iba a venir. Así que ese día me bajó justo en el momento en que Ernesto me lo metió-

-¿Ernesto?- pregunté.

-Si, así se llamaba el imbécil ese-

-¿Imbécil?-

-Si, casi que sale corriendo cuando vio toda esa sangre, pensando que me iba a morir-

-Jajajaja-

-Bueno, el caso es que no sólo no me morí, sino que estaba bien físicamente. Simplemente me pusieron un dispositivo intrauterino para evitar los embarazos y me hablaron de las enfermedades de transmisión sexual, del sida y de todas esas cosas-

-¿Y entonces?-

-El problema era que mi reputación de… bueno tengo que decirlo, de chica fácil no era fácil de quitar. Entonces llegó el problema del divorcio de papá y mamá y la ida de él a otra ciudad y yo vi la oportunidad de un nuevo comienzo. Una nueva escuela en la que nadie me conociera-

-Si, recuerdo esos días terribles- dije. 

-Tú decidiste quedarte con mamá y yo me fui con papá. Como te dije, una nueva escuela y un nuevo comienzo- continuó Jenny.

-¿Y fuiste feliz allí?- le pregunté.

-Nunca como antes, cuando estábamos juntos- me confesó Jenny -Pero esos días nunca volverían, yo era ahora “una mujer” y tenía muchas cosas que resolver en la vida. En esa nueva escuela me comporté mucho mejor, me conseguí un novio formal, con el que tenía sexo claro, pero ya sabía cómo hacerlo. En realidad ya no era muy distinta a los otras chicas de la escuela. Me gradué, fui a la universidad, bueno, el resto te lo sabes más o menos-

-Bueno, sí. Pero ahora entiendo mucho mejor tu ida- le dije pensativo -Como tú misma dijiste, yo no entendía nada. ¿Porqué habías empezado de pronto a comportarte tan raro? ¿Porqué ya no querías jugar conmigo?-

-Pobre hermanito-

-Lo peor es que la situación en la casa se estaba poniendo más y más difícil y yo no me atrevía a preguntarle a nadie o ya ni recuerdo si lo hice y nadie me hizo caso. Pero la realidad era qué, de pronto, yo estaba solo. Tu no me hacías caso y papá y mamá se la pasaban peleando y siempre estaban de mal humor-

-La verdad es que lo siento mucho hermanito. Me siento un poco culpable- me dijo Jenny moviendo su pierna hacia mí y acariciándome la mía con su pié.

-Por cierto, ¿No deberías ponerte de espalda y tomar un poco de sol? ¿No te parece?-

-No sé- le respondí -yo nunca “tomo sol” para verme buenmozo, lo hago porque me parece agradable y ya-

-Jajaja. Menos mal que lo haces para verte buenmozo, ya estás tan bueno, que si te pones más bello vas a causar un motín entre las mujeres-

-Jajaja. Exagerada como siempre- le respondí, pero sintiéndome un poco mejor.

-Realmente. Eres como el patito feo de los cuentos. Eras más bien flaco y feíto cuando éramos niños y mírate ahora ¡estás buenísimo!-

-Jajaja, muchas gracias, pero ni te cuento cuando llegué a la pubertad. La cara se me llenó de granos y me veía horrible. ¡Y aquellos lentes enormes!-

-Cierto. Ya ni me acordaba de los lentes. Te operaste los ojos ¿no?-

-Si, como a los 22 años. Cuando empezó mi transformación-

-Jajaja. ¡Tal como te dije, el patito feo que se convierte en cisne!-

-No tanto como un cisne- le dije un poco avergonzado.

-Claro que sí. Mírate ese cuerpo. Mira esos músculos, las piernas y mmm… lo otro- dijo Jenny apuntando con la cara hacia mi güevo ¿Cómo fue que hiciste?-

-La piscina. En la universidad comencé a nadar y lo hice tan bien que entré al equipo de competencias, lo que me llevó a nadar más-

-Eso explica los músculos y el buen cuerpo, pero ¿y lo otro?-

-¿Qué otro?- pregunté como un bobo.

Entonces Jenny miró otra vez hacia mi güevo, señalándolo con un movimiento de los labios: 

-¡Ese!-

-¡Ah! Ese… bueno, ese creció solo. Supongo que será una herencia de papá. Por lo que recuerdo, él tenía también una buena… pinga- le dije a Jenny un poco embarazado, además de que mi güevo había empezado a engordar al oír que hablar de él.

-Si, ahora que lo mencionas, es cierto. Claro, cuando íbamos a las playas nudistas con ellos, yo todavía no había llegado a la edad en que podía apreciar eso, pero si recuerdo que era más o menos grande-

-¿Y después que te mudaste con él nunca volviste a verlo desnudo?- le pregunté.

-Oh no. El ahora tenía más cuidado y ya no andaba desnudo por la casa, sabiendo que yo ya “era grande”. Bueno, que ya tenías tetas y esas cosas. Luego se casó con Isabel y un tiempo después yo me fui a la universidad y nunca más viví en su casa más de un par de días. Vacaciones y esas cosas. Y como te dije, él se volvió más reservado en eso-

-Entiendo. Me imagino que no sería fácil para él-

-Oh no. Nos llevábamos bastante bien. Después de mi desastre sexual inicial, como te dije, yo me volví mucho más prudente cuando nos mudamos. Dejé de ser promiscua, me busqué un novio y nos portábamos “bien”. Teníamos la libertad de que podíamos tirar en su casa y no teníamos que usar la de papá. Yo siempre regresaba más o menos temprano a la casa y papá no tenía quejas de mí. Mis notas volvieron a mejorar y en fin, me convertí en una buena chica-

-Pero sígueme contando de ti- siguió diciendo Jenny -Me dices que tuviste muy mala piel durante la adolescencia-

-Oh sí. Me salieron granos por todas partes. Estaba horrible. Por supuesto que ninguna chica quería acercarse a mi-

-¿Y cómo te curaste?-

-Mamá me llevó a varios dermatólogos, pero por muchas cremas y cuidados que me mandaran, la cara seguía igual. Sin embargo, como te dije, al llegar a la universidad, la piel se me mejoró y desaparecieron los granos-

-Y no te quedó ninguna marca- dijo Jenny acariciándome la cara.

El güevo respondió inmediatamente a la caricia de Jenny y dio otro paso a su total endurecimiento, por lo que decidí ponerme boca abajo. No tanto para broncearme sino para que ella no me viera otra vez excitado.

-Ok. Voy a hacerte caso y broncearme un poco por la espalda- le dije volteándome rápidamente.

-Hey, estás muy pálido por la espalda- dijo entonces Jenny -Voy a ponerte un poco de bronceador-

-¡O no!, no es necesario- protesté, pero Jenny no me hizo caso. Se levantó de su tumbona y tomando la botella de bronceador se sentó sobre mis nalgas.

El hecho de que ella estuviese desnuda sentada sobre mí, no era lo más propicio para mi estado de excitación, pero no podía hacer mucho, así que crucé mi brazo y apoyando la cabeza en éste, cerré lo ojos y la dejé hacer.

Ella tomó el bronceador y empezó a cubrirme la espalda con amplios movimientos de las manos. Mi excitación se hacía por momentos insoportable, pero no quería hacer nada para interrumpirla. 

Al terminar mis hombros y la parte superior de la espalda Jenny, luego de volver a tomar bronceados, empezó a ponérmelo en la parte baja de la espalda, incluyendo los lados del cuerpo.

-Mmmm- gemí de placer, sin querer.

-¿Te gusta?- me preguntó.

-Mmm… sii- le respondí con la voz ronca de deseo -Pero… ¿puedes levantarte un instante?-

-¿Te estoy haciendo daño?- preguntó inquieta, subiendo un poco el cuerpo.

-Es que estoy un poco incómodo- le dije metiendo mi mano y acomodándome el güevo, que había estaba doblado hacia abajo y conforme se iba poniendo duro, necesitaba una posición más adecuada.

-Ay, ya está- suspiré aliviado con la nueva posición.

Ella no podía ver lo que yo había hecho, pero se lo suponía.

-¿Estás más cómodo?- me preguntó con un tono divertido de voz. 

-Si- le respondí -Puedes sentarte sobre mi otra vez-

Ella entonces volvió a sentarse, pero esta vez lo hizo sobre mis muslos, para poder untarme crema protectora en las nalgas.

-Mmm… tienes unas nalgas… muy… sexys…- dijo.

-Como te dije, los años nadando- respondí -Todavía trato de ir todas las semanas a la piscina y nadar por un par de horas-

Por un rato más, Jenny siguió poniéndome crema por las piernas y al final dijo levantándose:

-Bueno, ya estás listo y ahora yo voy a ir al baño un momento. Me muero de las ganas de hacer pipí-

Yo me levanté también, a pesar de mi güevo parado y pude ver que ella tenía la cara sonrojada y los pezones a reventar. Seguramente estaba tan excitada como yo.

-¿Quieres otro trago?- le pregunté.

-Oh si, por favor. Prepáramelo mientras regreso- dijo Jenny corriendito hacia el baño.

Cuando iba a ponerle hielo a los vasos, me di cuenta que ya no quedaban y como Jenny ya había desaparecido, decidí buscar más. Aprovechando para traer también algo de picar, un poco de queso o algo.

Entonces, mientras caminaba hacia la casa, se me ocurrió que yo también podría orinar, así que me acerqué al baño y en ese momento, me pareció dir unos suaves quejidos.

Lo primero que pensé fue que quizás algo le podía haber caído mal a Jenny, pero cuando iba a preguntarle si estaba bien, oí un nuevo y más largo gemido:

 -Mmmmmm… aaaahhh-

Y caí en cuenta que no era que algo le había caído mal, por el contrario, ¡estaba masturbándose en el baño!.

Mi güevo, que había bajado un poco mientras venía a buscar el hielo, pegó un nuevo brinco y no pude evitar agarrármelo y acariciarlo, mientras me quedaba cerca de la puerta del baño oyéndola. Pero luego me dije que no, que no quería hacerme otra vez la paja. ¡Ya me la había hecho esta mañana!

Así pues, haciendo acopio de voluntad, recogí las cosas que había ido a buscar y regresé a la piscina, preparé los tragos y me senté a la sombra a esperar el regreso de Jenny. 

-Listo- me dijo ella, regresando con una alegre sonrisa en la cara -¿Y ahora que te puse protector solar te pones a la sombra?-

-Jajaja- respondí -Así es la vida. Uno quiere una cosa y luego hace lo contrario-

-Muy bien. Yo sí voy a tomar un poco de sol por la espalda- dijo Jenny acostándose en la tumbona boca abajo, pero apoyada sobre los codos viéndome.

-¿Quieres que te ponga protector?- le ofrecí.

-Oh no. Voy a estar sólo un momento así-

El tono de su voz había regresado a su nivel normal. Obviamente la masturbación la había liberado de la tensión que tenía unos momentos antes.

-No me terminaste de contar antes- me dijo entonces Jenny -¿Cuándo fue tu despertar sexual? ¿Cuándo tuviste tu primera relación?-

-No sé…- dije tratando de esquivar la pregunta que volvería a excitarnos a los dos. O por lo menos a mí.

-Ah no, yo te conté todo. Ahora te toca a ti-

-Bueno…- dije dudando -Desde luego fue mucho después del tuyo. No sé, dos o tres años después de que ustedes se mudaron-

-¿Tanto? ¡Si somos casi de la misma edad!-

-Si, pero igual. No fue sino cuando tenía… no sé, catorce o quince que empecé a darme cuenta de que las mujeres tenían tetas-

-Jajaja ¡No puede ser!-

-Bueno. No me refiero a saber que tenían tetas. Bastante que las había visto en la playa, me refiero a que a esa edad fue que las tetas empezaron a hacerme algún efecto- dije -Poco a poco fui dándome cuenta de cómo la vista se me iba tras las tetas de las muchachas de la escuela y de las mujeres de las revistas-

-¿Tenías revistas de mujeres?- preguntó Jenny.

-No todavía. Me refiero a las revistas en general, cualquier fotografía en Cosmopolitan o en esas revistas de moda o deportivas o cualquier cosa. Siempre me quedaba viendo las fotografías de las mujeres en la que se les viera el pecho, ¡y no me refiero a que estuvieran desnudas!, bastaba con que tuvieran una ropa pegada o algo así. Finalmente una noche me llevé una al cuarto y me masturbé por primera vez-

-¿A los quince?-

-Si, más o menos-

-¿Y luego?-

-¿Luego? Nada. Recuerda que yo era feo y lleno de granos, por lo que ninguna chica se acercaba a mí. O por lo menos eso era lo que yo sentía y ni siquiera lo intentaba-

-O sea que sólo te masturbabas-

-Todo el día-

-¿Todo el día?- preguntó ella.

-Bueno. No tooodo el día, pero si casi todos los días… y a veces varias veces al día… por años-

-¿Y entonces? ¿Cuándo fue tu primera vez que una mujer?-

-Uff. Como te dije, primero tuve que graduarme, empezar en la universidad, la natación los lentes de contacto y luego la operación de los ojos-

-¿Y entonces?- dijo impaciente.

-Bueno, con todo esas transformaciones, mi “visibilidad” con las chicas fue mejorando. Se me empezaron a acercar y me hablaban, y ya no salían corriendo cuando yo me les aproximaba. Finalmente, en una fiesta, una chica empezó a bailar conmigo. Tampoco era que yo supiera bailar mucho. Jajaja. Todavía no sé, pero era un ritmo lento y más que todo, era restregarnos mutuamente-

-Jajaja. Si, conozco la época-

-Bueno. El caso es que después de restregarnos durante toda la noche, me llevó a su cuarto y se encargó de todo-

-¿Y?- preguntó Jenny.

-Un desastre. Tardé como 20 segundos en acabar y ella se molestó mucho conmigo-

-Jajaja. Pobre. Me ha pasado muchas veces. Si estás excitada es muy frustrante. Te sientes que te dejaron por fuera- rió Jenny.

-¿Que te dejaron por fuera?- pregunté sin entender.

-Eso. Es una expresión. Es como que alguien se va de fiesta y no te invitan. ¡Te dejaron por fuera!-

-¡Ah!, Ok- dije -Si claro, pero es que en ese momento no sabía cómo aguantarme. En fin. Luego ella se apiadó de mí y me dio otra oportunidad… la que desaproveché también, porque en vez de 20 segundos tardé 25. Jajaja-

-Jajaja. ¡Muy bonito!- rió Jenny también.

-Bueno. Finalmente aprendí. Ella decía que yo tenía un… una herramienta muy bella, que tenía que aprender a usarla y que ella me iba a enseñar-

-¿Y aprendiste realmente, no?-

-Jajaja ¿Estás preocupada? Jajaja-

-Bueno. Te he visto la “herramienta” y opino lo mismo que la chica, que sería una pérdida para la humanidad que no hubieses aprendido-

-Jajaja. Bueno, si ella sí me enseñó. Ella y otras, porque la voz se va corriendo y como tu sabes, Uds. las mujeres se fijan en las señales-

-Oh sí- dijo Jenny – También sé que has tenido parejas por un cierto tiempo, por lo que asumo que has aprendido a… no regarla. Jajaja-

-Bueno. No quiero alardear, pero luego obtuve fama de ser un buen amante y mis parejas reconocieron mis… habilidades-

-Me alegro mucho por ellas- dijo Jenny apartando la vista y sonrojándose.

Así pasamos la tarde hablando en la piscina. Cuando se nos acababan los temas de conversación, nos dábamos un baño, luego nos recostábamos en las tumbonas a esperar que el sol nos secara para luego volver a la sombra.

-¿Y no vamos a comer nada?- le pregunté finalmente a Jenny.

-Oye, verdad- respondió ella, con la cantidad de tragos, se nos pasó comer y ahora me doy cuenta que tengo mucha hambre- respondió ella.

-¿Quieres que te prepare algo?- le dije.

-Oh no. Me gustaría salir un poco. No sé, comernos algo y luego un helado. ¿Qué te parece?. ¿Sigue existiendo la heladería italiana que nos gustaba tanto?-

-Jajaja. Creo que sí-

-Bueno ¿Qué te parece entonces si aguantamos un poco más el hambre y luego vamos al pueblo, nos comemos algo y al final un helado de postre?-

-Claro, hermanita. Todavía recuerdo tus helados de chocolate, con capa de chocolate y lluvia de chocolate. Jajaja-

-¡Todavía me los como así!- dijo Jenny riendo.

Capítulo 5

Finalmente levantamos “campamento” como a las 5 de la tarde. Recogimos todo y entramos en la casa. Mientras ella lavaba todos los vasos y platos que habíamos ensuciado, yo me daba una ducha.

Apenas salí, le avisé y ella se metió en la ducha mientras me vestía. Luego aproveché para lavar y guardar los vasos y lo que habíamos ensuciado. Finalmente tomé la aspiradora y limpié un poco la sala y la cocina. Por último, sin saber ya qué hacer, me senté a leer mis correos en internet.

Cuando Jenny salió del cuarto, apenas la vi, el corazón me dio un salto y perdí uno o dos palpitaciones. ¡Estaba bella!

Se había maquillado para hacer lucir su bronceado, pero además llevaba un vestido de verano de color azul claro en la parte superior, que se iba haciendo más oscuro a medida que bajaba. En la parte de arriba tenía dos tiras que se amarraban en la nuca y de allí bajaban por su pecho uniéndose más o menos a la altura del ombligo, dejando un enorme escote por delante y la espalda completamente al descubierto. Obviamente no llevaba sostén. Alrededor de la cintura el vestido era pegado al cuerpo, para luego abrirse en una amplia falda que llegaba hasta más o menos a la rodilla. Cuando se movió, me di cuenta sin embargo que el vestido tenía una abertura que cuando ella caminaba permitía ver sus piernas. Muy sexy.

-¿Qué te pasa?- me preguntó cuando me vio con cara de pasmado.

-¡Estoy impresionado!- le dije.

-¿Te gusta?- dijo dándose una vuelta, con lo que la falda revoloteó alrededor.

-¡Está… precioso!- le respondí -O mejor dicho, ¡tú estás preciosa¡… ¡las dos están preciosas, el vestido y tú!-

-Gracias. Tú tampoco estás mal- dijo sonriéndome seductoramente.

-Nada que ver. La bella y la bestia- le dije. Yo me había puesto mi mejor camisa, medianamente apretada, lo que me permitía lucir mi espalda y mis músculos de nadador y unos shorts de color caqui. 

-Jajaja. No te hagas el pendejo hermanito, tú también estás de rechupete. Voy a tener que llevar un bate para repeler a las mosquitas muertas del pueblo que van a querer robarte para ellas-

-Jajaja-

Y después de ese concurso de piropos mutuos, nos dirigimos a la puerta.

-¿Tu carro o el mío?- preguntó Jenny.

-Ninguno de los dos. Nos vamos en la vieja moto de papá-

-¿La moto? No me digas que todavía funciona-

-Y que te lo digo. La mandé a restaurar el año pasado-

Así pues, abriendo el garaje saqué la “gran moto” de papá. Jajaja. En realidad parecía habría que llamarla “motoneta”. Creo que no tendría más de 25 caballos de fuerza, pero era un recuerdo muy querido para nosotros y, para ir al pueblo a unos 4 kilómetros, era mas que suficiente.

Cerré el garaje y Jenny se sentó detrás de mí. 

-No tenemos casco- le dije -Espero que no nos vayan a parar por eso-

-Bueno. Ya veremos. En cualquier caso no vayas rápido- respondió Jenny abrazándome fuerte y pegándose a mi espalda. No pude evitar un estremecimiento de placer al sentir sus muslos alrededor de mis caderas y sus tetas duras en mi espalda.

En menos de 10 minutos ya estábamos en la calle principal del pueblo. Era temprano para cenar, por lo que primero decidimos dar una vuelta en la moto, para finalmente acercamos a la heladería. Allí descubrimos que se podían comer sandwiches, así que decidimos quedarnos allí y comernos un club house yo y un sandwich de pollo para Jenny, del cual se dejó todo el pan y la mitad del pollo, jajaja. 

Realmente no eran los mejores sandwiches, pero tampoco estaban tan mal y el sitio era limpio y agradable. 

Al final de la comida, tal como habíamos planeado, ella pidió su tradicional helado de chocolate. Una barquilla con tres bolas de chocolate, luego un chorreado de chocolate derretido por encima y finalmente unas chispas también de chocolate. Eso solo helado seguramente tendría más calorías los sandwiches y que todos los tragos que nos habíamos tomado en la mañana, pero estábamos celebrando nuestro reencuentro, así que cada quién podía comer lo que quisiera. Yo pedí un sencillo helado de mantecado y cerezas.

Mientras nos comíamos los helados, salimos del local a caminar por la plaza. Ya era un poco mas tarde y el sol estaba ocultándose, por lo que había mucha gente caminando como nosotros y tal como había predicho Jenny, atraíamos montones de miradas. La mayoría eran hacia ella, pero también algunas chicas y hasta mujeres mayores me miraban con descaro. Realmente las normas sociales se habían cambiado en los últimos años. Antes me parecía que eran más discretas. Hoy hasta se me quedaban viendo el paquete entre las piernas. Igual pasaba con los hombros que parecían desvestir a Jenny con la mirada.

Pero realmente, ninguno de los dos les prestamos mucha atención porque íbamos conversando alegremente. Jenny me agarraba del brazo y yo le pasaba el brazo por la espalda. Además de que de vez en cuando me daba un beso en la mejilla.

-¿Y eso?- le pregunté la primera vez.

-Nada. Me provocó besarte ¿Algún problema?

-Oh no. Ninguno. Jajaja-

Finalmente, acabado los helados y desaparecido el sol bajo el horizonte, decidimos volver a la casa y al juego de Super Nintendo, así que tomamos la moto y regresamos a la casa. 

Mientras yo guardaba la moto en el garaje, Jenny entró a la casa. Cuando yo entré después, pude ver que se había quitado el vestido y se había vuelto a poner la blusa blanca extra-grande que la cubría hasta un poco por debajo de las nalgas y dejaba al descubierto un hombro. 

-¡Ooohhh! Te quitaste el vestido- dije lamentándome.

-Jajaja. Sí, tenía miedo de que se me fuera a romper jugando. Es una tela muy fina-

-Yo te hubiese cuidado- le dije sonriéndole.

-Si, claro, con lo cuidadoso que eres, no dudo que en algún momento emocionante pudieras caer sobre mí y romper el vestido-

-¡Yo no soy así!-

-Jajaja. Claro, eso fue lo que dije, que tu eras muy cuidadoso-

-Pero yo…- volví a protestar.

-Nada, nada. Deja la protestadera y prepáranos algo de beber-

-¿Quieres más cocteles?-

-Nada de licor. Ya esta mañana tomamos demasiado. Tráeme una…Coca-cola Zero ¿tenemos?- 

-No sé. Si no hay, te puedo preparar una limonada-

-Eso. Tomaré limonada- dijo con una sonrisa en la cara.

-Vale- respondí y me fui a la cocina a preparar una jarra de limonada para los dos, mientras ella encendía el equipo.

Llevábamos como 3 horas jugando y estábamos eufóricos. Parecía como si hubiésemos recuperado nuestras habilidades de muchachos. Dicen que eso es como saber montar bicicletas: una vez que aprendes, no lo olvidas nunca más. Puedes dejar de usarla por años y al montarte en una de nuevo, empiezas a pedalear y ya.

Al principio del juego sin embargo, tuve un poquito de problemas de concentración, pues la camisa de Jenny tenía la tendencia de mostrarme por lo menos una parte o el busto completo, cada vez que ella se inclinaba de cierta forma. Cosa que me parecía que ella hacía más veces de lo necesario, pero yo no me iba a quejar. A veces también me enseñaba el culo, pues como dije, la camisa no era demasiado larga. Llevaba puesto un hilo dental y las nalgas al aire me saludaban cada dos por tres. A pesar de todo, poco a poco me fui concentrando en el juego y ella también, con lo que los “flashes” se hicieron menos frecuentes o por lo menos yo me daba menos cuenta.

A cambio ella se había puesto más táctil. Es decir, cada vez que hacíamos algo, subir de nivel, o matar un monstruo especialmente difícil, ella me  abrazaba, lo que estaba bien porque me encantaba que lo hiciera, pero era por decir lo menos, un poco raro. También a veces se sentaba sobre mis piernas, lo que me hacía más difícil para manejar el control, pero nuevamente ¿quién iba a quejarse?.

Capítulo 6

Finalmente, como a las once, cuando íbamos a empezar un nuevo nivel, ella dijo:

-Bueno, listo. Vamos a acostarnos-

-Pero estamos jugando muy bien- protesté.

-No. Ya vamos- dijo poniendo cara seria.

Yo no entendí porqué se había puesto seria de pronto. Inclusive por un momento pensé en decirle que se fuera ella primero, pero había algo en su mirada que me hizo dejarlo de ese tamaño. 

-Si, vamos- le respondí entonces apagando el equipo. 

Ella me extendió entonces la mano, yo se la agarré y así nos fuimos caminando hacia el cuarto de papá y mamá. Ya la noche anterior habíamos dormido juntos ahí, por lo que ahora no había porqué pensar en otra cosa. Pero esta vez, apenas pasamos de la puerta, ella se volteó hacia mí y por un momento se me quedó mirando a los ojos, como esperando algo. Luego, sin decir media palabra, me abrazó y pegó su boca a la mía.

Yo me sorprendí mucho, pero inmediatamente reaccioné y comencé a devolverle el beso, al tiempo que le pasaba los brazos por la espalda y la apretaba contra mí.

Por los siguientes minutos estuvimos abrazados besándonos, pero toda la acción estaba concentrada en la boca. Nuestros brazos no se movían y no nos acariciábamos.

Finalmente, ella se separó de mí, sin aliento.

-Aaajjj- dijo cogiendo aire y luego me dijo con la voz un poco ronca de la excitación -Estaba deseando hacer esto desde ayer que te vi desnudo en la piscina-

-¿Y porqué no lo hiciste antes?- le pregunté. Seguíamos abrazados muy juntos, con nuestros cuerpos unidos de la cintura hacia abajo, las caras muy cerca. Mi güevo que ya estaba completamente duro y apretado contra su vientre y yo podía sentir sus pezones contra mi pecho.

-No me atreví- dijo antes de volver a besarme. Nuestras lenguas exploraban cada espacio de nuestras respectivas bocas, pero ahora las manos habían comenzado a recorrer nuestros cuerpos.

Al cabo de varios minutos, otra vez volvimos a separarnos para coger aire. Entonces ella me dijo:

-Esta mañana pensé que me ibas a coger, pero de pronto huiste y me dejaste ardiendo. Yo pensé que sólo ibas a hacer pipí y volvías, pero cuando oí la regadera me di cuenta de que el momento había pasado-

-Si. En realidad estaba soñando y cuando me di cuenta de que eras tú, me asusté- respondí.

-Jajaja. Somos un par de bobos… Después nos pasamos el día desnudos y yo por dentro me estaba derritiendo-

-¿Y yo? ¿Qué te crees? Cuando inventaste ponerme protector solar y te sentaste sobre mi… yo sentía tu vulva… tus pelos…-

No pude seguir hablando porque ella volvió a besarme. Pero ahora además, me empujaba hacia la cama. Cuando retrocediendo llegué a ésta me caí hacia atrás. Ella se me quedó viendo un segundo y entonces se agarró la blusa y se la sacó de un tirón por la cabeza.

-¿Qué haces que no te quitas la ropa?- me preguntó con voz cada vez más ronca.

Entonces me arranqué la ropa en un segundo. No era mucho tampoco. Me saqué la camisa y la tiré al suelo. Luego le siguieron los pantalones y el interior y desnudo retrocedí en la cama.

Jenny se había quitado también el hilo dental, que estaba por cierto completamente mojado con sus jugos, y arrodillándose en la cama fue siguiéndome hasta quedar sobre mí a la altura de mis caderas.

-¿No quieres que te…- le dije señalando hacia su vientre y ofreciéndome para comerle su concha.

-No te preocupes. Ya habrá oportunidad para eso después, ahora vamos a coger. Ya tengo dos días de “calentamiento”-

Así pues, sin pensarlo más, me agarro el güevo y lo apuntó hacia arriba. Luego se fue bajando poco a poco hasta que la cabeza se introdujo un poco en su vagina. Finalmente con un gran suspiro, cogió aire y siguió bajando.

-Mmmm- gimió conforme mi güevo se abría paso por su vientre.

Ella estaba bien lubricada, pero aún así yo sentía como su vagina se expandía para dejarme entrar. Ella no se detuvo nunca y lentamente siguió bajando hasta que sus nalgas quedaron sobre mí.

-Ay hermanito, qué rico es…- dijo, para luego respirar profundamente varias veces, como acostumbrándose a la sensación.

Luego apoyó sus manos en mi pecho y movió un poco las caderas hacia atrás, lo que lo sacó un poco. Inmediatamente volvió a moverse hacia adelante y el güevo se le encajó más adentro.

-Mmmm…. siiii… estaaa… ricooo- dijo mientras repetía la operación.

Yo, hasta ese momento había mantenido mis manos en sus piernas, pero mirando sus tetas que vibraban y saltaban con cada movimiento de sus caderas, decidí que tenía que agarrárselas. Así que puse, mis manos sobre sus tetas y se las apreté.

-Siiii- gimió mientras seguía moviéndose -Agárramelas… duroooo-

Y cada vez los movimientos de cadera de Jenny se hacían más pronunciados. Cuando las echaba hacia atrás, mi güevo se doblaba un poco y su clítoris se restregaba contra la base. Luego, cuando se movía hacia adelante, el güevo entraba profundamente y empujaba su útero hacia adentro.

Luego empezó a darle vueltas a las caderas, es decir, ya no sólo iba de adelante hacia atrás, sino que las movía lateralmente, con lo que mi güevo le revolvía aún más sus entrañas.

Yo seguía jugando con sus tetas. Ya no solo las apretaba, sino que le acariciaba los pezones o los agarraba entre el índice y el pulgar y los retorcía para luego acariciarlos suavemente y finalmente volver a agarrar toda la teta con la mano.

Entonces Jenny cambió sus movimientos otra vez y ahora había empezado a subir y a bajar el cuerpo completo, apoyada en las rodillas. La primera vez se equivocó y se levantó tanto que se le salió el güevo.

-¡Ay no!, no te salgas- gimió mientras lo agarraba de nuevo y se lo metía otra vez, mientras se bajaba hasta el fondo.

La siguiente subida fue más cuidadosa y no se le salió el güevo, y cuando bajó de nuevo, lo hizo lentamente y así ambos pudimos disfrutar de la muy agradable sensación de la penetración y de cómo la vagina se abría para mi.

-Mmmm…. queeee ricooo como me entraaa…- dijo Jenny.

-A mi me gusta también…- le respondí esta vez

El nuevo juego fue subir y bajar despacio, pero pronto yo perdí la paciencia y empecé a empujar con mis caderas hacia arriba mientras ella bajaba.

-Siii… cógeme durooo… siii… queee… ricooo…-

-Mgregsmmrf- gruñí conforme me acercaba al orgasmo.

Así seguimos unos minutos, pero ambos estábamos muy excitados y yo me temía que no iba a poder aguantar mucho más.

-Estoy muy ceeerca hermanitaaaa- le dije.

-Yo taaambieeen- respondió ella -Mmmm… ¿puedes aguantaaaar… mmmm…. un poquitoooo?-

-Creoooo que siiii- respondí.

Ella entonces cambió de juego y apoyándose otra vez en mis caderas, comenzó a moverse adelante y atrás cada vez más rápido.

-Asssiiii… voyyy… asiii… vooooyyy… aaaahhhh… AAAAAHHHH… SSSIIIIIII- gritó finamente Jenny doblándose hacia adelante sobre mí, mientras su vagina empezaba a pulsar apretándome y aflojando rítmicamente con el orgasmo.

-MMMMMGGGGGRRRR- gruñí entonces yo también, mientras mi semen empezaba a bañar su interior.

Sus piernas y todo su cuerpo temblaba en forma descontrolada, mientras yo la abrazaba y trataba de seguir moviéndome como para empujar más adentro mi semen, también presa del orgasmo.

Ella trataba de tranquilizarme:

-Shhhh… yaaa… paraaa…. yaaa…-

Después de un largo rato, Jenny se re-acomodó desdoblando las piernas y acostándose sobre mí y así pasamos un rato más, recuperando el aliento. Mientras mi güevo iba perdiendo rigidez, mi semen y sus jugos iban saliendo poco a poco y después de caer sobre mi bajaban hasta la cama.

“Va a haber un enorme mojado en la cama” pensé, pero no me importaba, estaba demasiado feliz. 

En algún momento su vagina, que cada cierto tiempo pulsaba apretándome el güevo, hizo que éste, ya demasiado blando, se saliera completamente, acompañado de otro montón de jugos que cayeron nuevamente sobre mí. Ella entonces levantó riendo, mientras miraba el desastre ecológico que habíamos creando.

-No te preocupes hermanito, ya busco algo para limpiarte-

Jenny fue entonces al baño y luego regresó con un par de toallas, una húmeda y otra seca y procedió a limpiarme todo lo que me había caído encima.

-Gracias- le dije mientras le daba un beso -Déjame ir al baño a terminar de limpiarme y ya regreso-

Cuando volví, Jenny ya había quitado la sábana mojada y había puesto otra.

-Caramba, qué rápida- le dije.

-Jajaja. Procuremos no ensuciar ésta, porque no hay más sábanas limpias-

-No tenía intención de…- empecé a contestarle.

-No sé si tu tenías intención- me interrumpió -pero yo sí, así que mejor te preparas, jajaja-

No le contesté nada, sino que me acosté sobre ella abrazándola y besándole la cara por todas partes.

Después de besarnos por un rato, nos pusimos de lado en la cama, uno frente al otro, y comenzamos a conversar.

-He pasado todo el día como una perra en celo- me dijo.

-¿Cómo es eso?- le respondí, aunque entendía a lo que se refería.

-Como te dije. Cuando llegué ayer y te encontré desnudo en la piscina, con ese hermoso güevo parado, no lo podía creer. Por una parte yo tenía bastante tiempo de… “sequía”-

-¿Pero no tienes tus juguetes?- le dije.

-Claro que tengo mis juguetes, pero hay algo especial en un hermoso y duro güevo, que no tienen los juguetes- dijo bajando la mano para acariciármelo, aunque no estaba duro -Especialmente si está pegado a un cuerpo como el tuyo-

-Jajaja- me reí mientras le pasaba la mano por la cara, acariciándosela. 

-Me porté bien y no hice nada. Inclusive en la noche, cuando te encontré desnudo en la cama. ¡Me costó un montón dormirme!-

-Después me despertaste todo alborotado- continuó Jenny -Y pensé que porfin me ibas a coger, tal como te conté antes, pero después saliste corriendo-

-Jajaja. Ya te conté que no sabía qué hacer y ante la duda ¡mejor huir!- respondí.

-Y después toda esa conversación sobre mi despertar sexual… ¡Tuve que ir al baño a masturbarme!-

-Yo sé. Yo te oí- le dije.

-¿Tu me oíste?- 

-Si. Iba al baño a orinar pensando que tu estabas haciendo lo mismo y cuando me acerqué, oí tus quejidos-

-¡Ay, qué vergüenza!-

-Nada que ver- le dije -En realidad me encantó. En realidad creo que nos pasamos todo el día tratando de excitar al otro. Eso me demostraba que lo estaba logrando-

-Es verdad. Yo también estaba buscando excitarte. Cuando fuimos a comer, me puse el vestido más sexy que tenía ¡y no me puse pantaletas!-

-¿No te pusiste pantaletas?-

-Jajaja, el asiento de la moto debe haber quedado todo mojado. Yo por lo menos lo estaba y sentía como me corrían los chorros por las piernas mientras caminábamos por la plaza-

-¡Uff! La verdad es que no noté nada cuando guardé la moto-

-Después, cuando me cambié para jugar, tuve que primero limpiarme la totona y ponerme unas pantaletas, para tratar de no mojar toda la sala-

-Jajaja-

Mientras conversábamos no habíamos parado de tocarnos y acariciarnos mutuamente. Mi güevo hacía rato que se había puesto duro otra vez y los pezones de Jenny parecían querer reventar, pidiendo a gritos que los acariciaran, así que decidí no hacerlos esperar más.

Empujé suavemente a Jenny para que se pusiera boca arriba, mientras que yo me acostaba sobre ella con la cara a la altura de sus tetas y me dispuse a comérmelas con toda la calma del mundo.

Por los siguientes minutos, Jenny no hizo sino gemir y retorcerse mientras yo me comía una teta con la boca y acariciaba la otra con la mano. Luego cambiaba y comenzaba a comerme la segunda, mientras acariciaba la primera con la mano.

Después bajé por su abdomen, besándola y lamiéndole todo el cuerpo, mientras seguía acariciándole las tetas con las manos. Ella abrió las piernas para dejarme pasar y se preparó para disfrutar. Ambos sabíamos a dónde me dirigía. 

La primera vez recorrí toda la vulva desde el culo hasta el monte de Venus con la lengua plana. Ella respondió estremeciéndose toda.

Luego lo volví a hacer, pero ahora la lengua estaba en punta y ésta se iba introduciendo en cada recoveco de la vulva, recreándose finalmente en el clítoris que parecía gritar pidiendo que lo acariciaran.

Luego volví a repetir la caricia con la lengua plana. Obviamente eso le gustaba menos, pero la hacía esperar por las otras caricias. 

Así estuve un rato, hasta que soltándole las tetas por un momento, le levanté las piernas, doblándoselas hacia arriba. Eso hizo que su culo se levantara más lo que me permitió jugar con la lengua alrededor de su ano.

-Mmmm- gimió Jenny mostrándome que le gustaba.

Después comencé a jugar con los dedos y luego de mojármelos con saliva, empecé a empujar para metérselos en el ano.

-No, no todavía- dijo entonces ella, sujetándome la mano.

-¿No quieres que te toque por allí?- le pregunté extrañando.

-Ahora no. Yo te aviso cuando puedas-

Iba a preguntar qué pasaba, pero algo me dijo que no me preocupara, ya había dicho que ella me avisaría. Así que moví mis manos de regreso a sus tetas y me concentré en seguir comiéndole el coño.

Luego de pasarle la lengua a todo lo largo un par de veces y le dije:

-Muy bien, pero ahora te voy a comer tan rico que se te va a dar amnesia temporal, se te van a borrar todos los recuerdos de las pasadas horas y lo único que vas a recordar en el placer que te voy a dar-

-Mmmm, promesas, sólo promesas, mmm- volvió a gemir.

-Y luego te voy a coger tan duro que el güevo te va a llegar a la barriga. Se te van a revolver todas las tripas tanto que no vas a poder cagar por una semana y ¿sabes qué? Vas a adorarlo, cada retortijón de barriga que tengas después, te va a recordar mi güevo revolviéndote por dentro y vas a volver a acabar-

-Oooohhh…. siiii… mmmm… – gimió cuando mis labios le chuparon el clítoris otra vez.

Entonces ella me agarró la cabeza con los muslos y me la apretó, inmovilizándome. Eso me hizo perder contacto con el clítoris, así que la castigué bajando a jugar con el resto de su vulva y hasta que aflojó la presión con los muslos y pude moverme de nuevo.

-Eres buenooo… en estoooo… aaaahhh- gimió otra vez.

Después de torturarla un rato acariciándola por todos lados menos por el clítoris,  decidí volver a jugar otra vez con éste.

-Mmmm…. siiiii… ahiiii…. no pares…. mmmm-

Ahora además, me traje la mano derecha y le introduje dos dedos en la vagina.

-Oooohhh… siii….ahhhh…. siii-

Y mientras buscaba el punto G, deslizaba mi lengua despacio por todo el clítoris, lo que la hizo empezar a mover las caderas, mientras me agarraba la cabeza con las manos para que no me moviera del clítoris.

-Siii…. sigue asiiii…. no pares…- seguía diciendo, como si por alguna razón extraña yo pensara parar.

Pronto encontré con los dedos la zona donde debía estar el punto G, un poco más rugosa que el resto, y empecé a mover los dedos haciendo presión sobre ella, al tiempo que volvía a chuparle el clítoris con los labios.

-Aaaaahhhhh…. siiiiii…aaaaahhhhh… siiii…aaahhh… AAAAAHHHHHH-

Entonces Jenny explotó de nuevo, un chorro de líquido bajó por su vagina mojándome las manos y la cara mientras levantaba sus caderas contra mi boca y empezaba a temblar.

-AAAAAAAAAHHHHHHHHH- gritaba cuando una vez alcanzada un máximo de elevación de sus caderas, cayó de nuevo en la cama gimiendo.

-Yaaaa…. paraaaaa…. yaaaaa….- 

Mientras que con sus manos trataban de apartarme.

Yo le hice caso, saqué mis dedos y levanté mi cara de su vagina y la dejé descansar un momento. Ella seguía estremeciéndose cada dos o tres segundos, cada vez que una oleada de placer le recorría el cuerpo.

Mientras, yo me iba moviendo sobre ella. Apoyándome en los brazos y las rodillas, me acomodé y agarrándole las piernas, se las levanté casi hasta la cabeza. A continuación comencé a bajar mi cuerpo, viendo por entre los dos para apuntar y cuando sentí que mi güevo rozaba su vulva, aún palpitando por el reciente orgasmo, me bajé penetrándola hasta el fondo en un sólo movimiento.

-AAAAA….UUUUU…HHHHH- gimió ella, moviendo la cabeza a los lados.

No la dejé pensar, ni hacer nada, sino que inmediatamente comencé a cogérmela. 

Cada vez que llegaba al fondo, mi pelvis chocaba contra la de ella: 

-¡Plaf!-

-AAAAAHHHH- gemía Jenny.

-¡Plaf!- sonó de nuevo.

-SSSIIIIIII-

-¡Plaf!-

-AAAAAAHHHH- gimió, para luego añadir -Meee…. estaaasss…. mataaandoooo…-

-¡Plaf!-

-OOOOOHHHH-

-¿Quieres… queeee… pareeee…?- le pregunté jadeando.

-Sii… paras… ¡Te matoooo…!- respondió ella, con la voz roca y sin aire.

Y así pues, seguí cogiéndomela con toda la fuerza de que era capaz, mientras ella gemía y se movía y gritaba, mientras tenía un orgasmo tras otro, expulsando grades cantidades de líquido por la vagina, cada vez que ésta se contraía en un nuevo orgasmo.

Mi cuerpo sudaba con el esfuerzo, pero era una cogida divina y no iba a parar a menos que se me acabasen las fuerzas y eso no parecía que fuese a pasar muy pronto.

Y aunque no quería, me llegó el momento de acabar, ya no podía aguantar más. Y digo de acabar yo, porque Jenny seguía teniendo orgasmos sin parar.

-Voooy aaa acabaaaar… prontooo…- le dije.

-Aaaahhh… ssiiiii….aaaahhh… cuandoooo. quieraaas…- respondió Jenny que ya casi ni voz tenía.

Finalmente me empujé dos o tres veces más contra su cuerpo:

-¡Plaf!-

-Aaaahhh-

-¡Plaf!-

-Siiiiihhhh-

-¡Plaf!-

-Ooouuuhhh-

Y entonces exploté otra vez en su vientre, llenándola de leche y de sudor y de… amor.

Cuando caí sobre ella, me abrazó con fuerza, bajando sus piernas, que todo el tiempo había tenido dobladas, apretándome con ellas alrededor de las caderas, y así pasamos varios minutos, con continuos estremecimientos de placer de cada uno, intercalados con suspiros en busca de aire.

Finalmente, luego de un rato, me tocó a mi levantarme a buscar una nueva toalla para limpiarnos un poco. Después, ella fue al baño a terminar de limpiarse, mientras yo contemplaba la cama buscando cómo hacer, pues había una nueva y todavía más grande área mojada ¡y no teníamos más sábanas! Así que medio acomodamos una toalla cubriendo la zona y nos dormimos.

Capítulo 7

Cuando abrí los ojos de nuevo, ya era de día, pero lo que me había hecho despertar era la sensación de algo húmedo y agradable en mi güevo. Miré hacia abajo y allí estaba Jenny con mi güevo en la boca.

-Hola- le dije -¿Te despertaste con hambre?-

Entonces ella se la sacó de la boca y me respondió:

-Oh si, tenía mucha hambre y entonces vi esta salchicha por ahí y se me ocurrió probar a qué sabe-

-Jajaja- me reí -¿Y sabe bien?-

-Mmmm- dijo mientras se la metía en la boca de nuevo.

Ella estaba desnuda, claro, acostada perpendicular a mí y su hermoso culito parecía estar lo suficientemente cerca para agarrárselo. Sin embargo, cuando traté de hacerlo, ella me quitó la mano y luego sacándose del güevo de la boca me dijo:

-Quédate tranquilo y disfruta-

-Pero yo quiero tocarte- insistí.

-Ya tendrás tiempo de tocarme todo lo que quieras. Ahora quiero concentrarme en esto… ¡y quiero que tú también te concentres en tu placer!-

-Muy bien… ¿Puedo hacer pipí antes?- le dije recostándome de nuevo en la cama y concentrándome en mi güevo.

-Nada- me respondió sacándoselo de la boca un instante -Disfruta ahora-

Jenny se dedicaba, por ahora, solamente a la cabeza, cubriéndola con los labios y deslizando su lengua a todo su alrededor. Sus manos no hacían mucho, sólo me mantenía el güevo vertical para ella jugar con sus labios y lengua.

Al cabo de un rato, empezó a metérselo mas adentro en la boca. Cubriéndolo completamente con la lengua y los carrillos, bajando su cabeza hasta que el güevo le llegaba al fondo de su garganta. Luego lo sacaba un poco y lo movía hacia los lados mientras la lengua volvía a rodearlo.

Su otra mano comenzó a jugar con mis bolas, acariciando delicadamente la piel para luego apretarlas un poco y luego volver a deslizar los dedos por fuera. Yo disfrutaba perfectamente relajado, sabiendo además que no tenía que hacer nada, sólo gozar.

En algún momento Jenny me sorprendió, apoyando el güevo en el fondo de su garganta y haciendo vibrar su garganta con una especie de zumbido.

-Jummmm- oí que hacía, pero más que oírla, la vibración de su garganta se trasmitía muy agradablemente a mi glande.

-Mmmm muy rico eso… – le dije.

No me contestó, sino que siguió “zumbando” en mi güevo por un rato, pero creo que tenía algo de problemas para hacerlo y respirar al mismo tiempo, porque tan pronto terminó de hacerlo, se sacó el güevo de la boca y aspiró aire profundamente:

-Aaaaajjjj. Me falta el aire- dijo entonces, pero una vez que respiró con fuerza dos o tres veces, volvió con los zumbidos.

-Juuuummmm- 

A mi me gustó mucho, por lo que le puse la mano en la cabeza, acariciándola para luego decirle:

-Eso del zumbido está muy rico hermanita. Me imagino que es similar a tener un vibrador en el clítoris-

-Esa es la idea- me dijo luego de sacarse el güevo para descansar -Si te gusta puedo buscar mi vibrador-

-Oh no- le respondí -Con tu boca es suficiente-

-Esta bien, otro día será- dijo y volvió a meterse el güevo en la boca. 

Por un rato estuvo jugando sólo con el glande, deslizando la lengua por todo el borde del glande, una zona especialmente sensible, pero después de un raro, volvió a metérselo hasta el fondo de su boca y comenzó a vibrar otra vez.

-Jummmmm-

Ya yo estaba acercándome poco a poco al orgasmo, pero no tenia ninguna prisa y tranquilamente disfrutaba las caricias de Jenny.

De pronto, ella se sacó el güevo de la boca otra vez, respiró profundamente y entonces volvió a metérselo hasta el fondo. Esta vez, sin embargo, no “zumbó”, sino que se lo apretó contra la garganta y en seguida la cabeza pasó y unos instantes después sus labios estaban rozando mi pubis.

-Ooohhhh- gemí de placer al sentir como su garganta me apretaba el güevo al tratar de tragar.

Pero no aguantó mucho, creo que ni un minuto, y se lo sacó.

-Aaaahhhh- dijo aspirando aire.

-Es muy grande hermanito. Me cuesta mucho tragármelo-

-No te preocupes- le dije -Haz sólo lo que quieras-

-Jajaja- rió -Eso es justamente lo que estoy haciendo. Quiero tragármelo completo, pero es un güevo grande. Uno de los mas grandes que he tenido y tengo que aprender a jugar con el-

Entonces, sin decir más, volvió a metérselo a la boca y luego de ponérselo en el fondo de la garganta volvió a “zumbar”

-Juuuummmmm-

Y de pronto, sin dejar de zumbar, volvió a metérselo hasta adentro.

-MMMMmmmm… gemí de placer sintiendo como mis bolas empezaban a tensarse.

-Si sigueess asiii…- le dije agitándome -vooy a acabaaar… muy prontoo-

Ella levanto la vista desde su posición mirándome a los ojos de una forma que interpreté como una invitación a acabar en su garganta y entonces le sujeté la cabeza, apretándola contra mi vientre y dejé que el orgasmo me arrollara-

-Oooooohhhh…. siiiii-

Y el primer chorro de semen salió de mi güevo, cayendo en la garganta de Jenny. Sus ojos seguían clavados en los míos, pero parecía estar llegando al final de su aire y su capacidad de mantenerme allí.

Entonces llegó el siguiente espasmo y éste también entró directo a su garganta.

Y el tercero.

Pero ella ya no pudo más y sacándose el güevo casi totalmente de la boca, dejando sólo el glande adentro, y respiró.

-AAaaaaahhhhh-

Yo volví a tener otro espasmo y el semen simplemente se quedó en su boca. Sus labios se mantenían apretados alrededor de la cabeza del güevo para impedir que se saliera algo.

-Hmmmm- dijo ella sin apartar los ojos de los míos.

Todavía tuvo dos o tres espasmos más, pero casi no salía ya nada.

Finalmente, ella se tragó lo que tenía en la boca y sacándose el güevo lo lamió un par de veces más para limpiarlo y luego se incorporó.

-Bueno. Ya me tomé el aperitivo, ahora podemos desayunarnos-

El desayuno transcurrió de manera absolutamente cordial y como si no hubiese pasado nada entre nosotros. Si algo habría que mencionar era que si bien yo había comido como un oso, ella había desayunado como un pajarito. Se preparó un batido de frutas y lo acompañó con café negro.

-¿Eso es todo lo que vas a comer?- le pregunté -Anoche no comiste casi nada y ahora menos-

-Estoy a dieta- me dijo.

-¿A dieta? ¿A dieta para qué?, ¡si estás más buena que el pan dulce!-

-Y estoy así porque me cuido, pero igual, luego te digo- me contestó dejándome un poco confundido, pero no iba a pretender entender a las mujeres y menos a esta hermana loca que me había dado la naturaleza.

Después de recoger la mesa y meter los platos en la máquina de lavar decidimos volver otra vez a la piscina.

-¿Otra vez las mismas bebidas?- le pregunté.

-¡Oh sí! Ayer nos fue bien. No nos emborrachamos… demasiado y no nos dio nada de resaca, así que podemos seguir con lo mismo-

Entonces tomé una botella de ron (una nueva, porque la de ayer había fenecido, jajaja), unas latas de soda, limones y hielo y poniéndolos en una bandeja, salí a la piscina. Jenny se encargó de las toallas, un par de botellas de crema y esas cosas.

-¿Quieres beber algo ya?-

-Mmmm… la verdad es que no. Todavía tengo el sabor del café en los labios.

Así que luego de poner todo en la mesa de la piscina, me quité la camisa y el short y los puse en la otra silla. Cuando me volteé, me di cuenta que Jenny me miraba fijamente mordiéndose el labio.

-¿Qué?- le pregunté.

Ella se sonrojó y volteó al suelo. Habíamos estado tirando toda la noche y todavía se sonrojaba cuando la miraba. Pero mejor así, pues cuando hacía eso se veía aún más adorable.

Luego me dio la espalda y después de asegurarse que tenía toda mi atención, se agarró el vestido y se lo sacó por la cabeza. Debajo estaba, por supuesto, completamente desnuda y se había parado de forma tal que su figura resaltaba como la de una modelo. Tenía los pies uno delante del otra, con lo que las caderas se veían más pronunciadas. El pelo lo llevaba suelto y le caía por la espalda, contrastando con su piel… todo un espectáculo y ella sabía lo que estaba haciendo. Finalmente se sentó.

Por un rato nos quedamos en las poltronas, pero con el espaldar levantado, es decir, sentados y no acostados. No nos hablábamos y cada uno estábamos hundidos en sus pensamientos.

-¿En qué piensas?- le dije finalmente.

-Jejeje. No te voy a decir- respondió.

-¿No me vas a decir? ¿Y porqué?-

-Porque no quiero. Jajaja. Es muy pornográfico- 

-¿Muy pornográfico? ¡Wow! Ahora sí quiero que me lo cuentes-

-Oh no. Bueno. Te lo voy a contar, pero todavía no-

-¿Todavía no? ¿Cuándo?- Insistí.

-Ay hermanito ¡cómo me recuerdas cuando éramos niños¡. Cuando tú querías jugar y yo no quería, te impacientabas todo y querías que me decidiera ya y me decía exactamente lo mismo ¿Todavía no? ¿Cuándo? Jajaja- Jenny había imitado mi voz en esa última parte.

-Jajaja. Tienes razón hermanita. Además tú siempre llevaste la dirección. Casi siempre eras tú la que decidía lo que íbamos a jugar, dónde y en qué momento-

-Bueno. Yo era más grande que tu-

-¿Eras?- le pregunté levantando una ceja.

-¡Claro! Ahora me llevas… ¿Cuánto? ¿Tres años? Jajaja-

-Jajaja-

Un rato más tarde, me dijo entonces Jenny:

-Hace mucho sol, déjame ponerte un poco de crema protectora-

-Pero estamos en la sombra- protesté.

-Igual hace mucho sol-

-Bueno, como tu digas hermanita ¿me acuesto en la tumbona?-

-No. Está bien. Puedes quedarte sentado ahí-

Entonces Jenny tomó el frasco de protector solar y acercándose a mi puesto, puso una rodilla a mi lado izquierdo y la otra a mi lado derecho para finalmente sentarse en mis muslos.

-Muy bien- dijo -Levanta la cara y cierra lo ojos-

Hice lo que me pidió y esperé.

Pronto sentí como sus dedos mojados con crema empezaron a deslizarse por mi frente, mi nariz, mis pómulos y los cachetes.

-Ahora levanta más para ponerte un poco en el cuello-

Habiendo hecho lo que me pedía, abrí los ojos.

-¡No, no! No abras lo ojos!- dijo.

Entonces sentí como sus manos me recorrían el cuello y la parte superior del pecho con la crema protectora.

-Baja un poco la cabeza- continuó diciendo ella.

Yo bajé la cabeza y me quedé esperando… pero no pasaba nada.

Y entonces, de pronto, sentí sus labios contra los míos. El beso fue muy corto y cuando ella se apartó, yo traté de seguirla.

-Shhh… quédate tranquilo- me dijo -No te muevas. Déjame a mi-

Entonces sentí como deslizaba el cuerpo más adelante, hasta ese momento había estado sentada más o menos encima de mis rodillas. Ahora se había deslizado hacia adelante hasta que quedó pegada a mí, su vientre contra el mío. Luego puso sus manos en mi cabeza para ajustar el ángulo y volver a besarme. Esta vez el beso fue más profundo y su lengua entró en mi boca casi hasta mi garganta, para luego jugar con mi lengua y mis dientes por largo rato.

Cuando por fin se separó de para que ambos pudiéramos respirar, yo abrí los ojos para verla. Por unos momentos, me devolvió la mirada. Una mirada de deseo absoluto.

Pero luego bajo la cara hacia mi oreja, lo que la hizo pegar su cuerpo más al mío. Sus tetas y sus pezones apretados contra mi pecho. Allí me volvió a hablar, pero ahora despacio y al oído.

-¿Recuerdas que me preguntaste en qué estaba pensando?-

No esperó mi respuesta, sino que siguió susurrándome al oído, al tiempo que sus labios y su lengua se deslizaban por mi oreja:

-Estaba decidiendo cuándo te iba coger. Si ya o en rato. Y luego en cómo lo iba a hacer. Si esperaba a que estuvieses acostado. O quizás esperaría a que estuvieses en la piscina y me metería contigo y te cogería en el agua-

-¿Y sabes a qué conclusión llegué?- siguió diciendo Jenny -Que te voy a coger de todas esa formas. Que te voy a coger ya mismo sentado aquí-

Entonces puso su boca en mi cuello y me chupó, produciendo una marca, para luego cambiar de oreja y continuar:

-Y que después también te voy a coger cuando estés acostado en la tumbona-

Entonces me produjo también un “chupón” en ese lado, para regresar a la otra oreja:

-Y después te voy a coger en el agua-

Por último su boca se detuvo a mi boca y volvimos a besarnos.

A todas éstas, mi güevo se había puesto super duro, pero ella estaba sentada de una forma que no podía subir, es decir, estaba por debajo de su cuerpo a lo largo de su culo.

Pero entonces ella se separó un poco y sin dejar de besarme en la boca, se levantó justo lo suficiente para agarrarme el güevo, apuntarlo hacia su vagina y bajarse de nuevo, encajándoselo profundamente.

-MMMMMMMMmmmmmmm- gimió en mi boca mientras mi güevo se abría paso por su estrecho canal.

Luego que llegó al fondo, comenzó a cogerme con movimientos cortos de sus caderas de adelante a atrás.

-¿Y no me vas a preguntar a mis por mis planes?- le pregunté la siguiente vez que dejó de besarme.

-No. Tu haces los planes que tú quieras… mmmm…. y te ocupas de cogerme como… mmmm…. siiii… se te antoje. Pero eso tendrá que ser adicional a los míos-

-Ooohhh… mmm… ¿y no será mucho?- le pregunté, mientras su ritmo se empezaba a hacer un poco desordenado.

-No seeee… – respondió -Pero si te faltan las… fuerzasss… procuraaa que seaan en tu… turnoooo… aaaAAAHHHH…-

Y así estuvimos tirando por los siguientes minutos. En algún momento ella subió las piernas para cambiar el ángulo de penetración y ahora, con cada empuje de sus caderas hacia adelante, podía sentir la punta del güevo empujarle el útero más adentro.

-Vaaamoooossss…. vamooossss…- empezó entonces a decirme echándose hacia atrás y colgándose de mí, de los brazos. Unidos ahora sólo por nuestros vientres -Vaaaamooosss…. meeeteeemeloooo… maaasss… adeeentrooo….-

-Mmmmgggrr- gruñía yo cada vez que su pubis chocaba duro contra el mío en sus violentos empujes.

Al final ella explotó antes de que yo lo hiciera y su orgasmo la hizo perder todo el orden de la cogida, haciéndola saltar y temblar, al tiempo que un chorro de líquidos salía de su vagina y caía en mis piernas.

Pero no tuve mucho tiempo de pensar o hacer nada, pues con los espasmos de su vagina y sus estremecimientos, hizo que yo también llegase al orgasmo y empezase a llenarla de semen.

Unos minutos después, mientras los últimos espasmos nos hacían todavía  estremecernos de placer, me dijo:

-¿Ya te eché crema en los hombros? No me acuerdo. Jajajaja-

A lo que no pude sino reírme -Jajajaja- sintiendo que mi risa hacía que mi güevo brincara todavía profundamente encajado en su vientre.

-Pero ahora me voy a meter en el agua, que estoy muy acalorada. Ya te echaré crema después- dijo Jenny y levantándose se lanzó a la piscina.

Yo me quedé inmóvil un rato, todavía disfrutando del placer post-orgásmico, pero viendo cómo Jenny disfrutaba del agua, me decidí y teniendo cuidado de que todos líquidos que Jenny había dejado caer sobre mí no ensuciaran la silla, me lancé también al agua.

-¡Aaahhhh…. está heladaaaa!- grité sorprendido por el frío.

Capítulo 8

Un rato después mientras estábamos sentados los dos al sol secándonos, me dijo Jenny:

-Voy a buscar mi computara, tengo que contestar algunos correos ¿Quieres que te traiga algo de la casa?-

-Mmmm… de pronto me puedes acercar mi portátil también y así veo si escribo un poco. Tengo algunas ideas revoloteándome por la cabeza-

-Claro- dijo Jenny yendo a la casa.

Y me le quedé viéndole el culo mientras se alejaba.

-Coño hermana, ¡qué buena estás!- le grité.

Ella volteó a verme, se sonrió y movió el culo de lado a lado antes de seguir caminando. En cualquier caso, preparé dos nuevos tragos, a los otros se les había disuelto el hielo y estaban desabridos y calientes, por lo que se necesitaba un refill.

A los pocos momentos regresó Jenny con ambas computadoras.

-¿Qué me estabas diciendo antes? Me pareció oírte decir algo pero no alcancé a entender.

-Jajaja. ¡Qué mentirosa! En cualquier caso decía que estabas muy buena. Que tienes un culito delicioso y que lo mueves que es un primor cuando caminas. Que gustaría comérmelo todo el día y que…-

-Ya, ya. No era tan largo. Estás inventado- me interrumpió ella.

-No es ningún invento, es la pura verdad-

-Bueno, sí es verdad que tengo un culito rico. Me lo veo en el espejo todos los días, me refería a que tu frase original no era tan larga-

-Es que ahora que te vi regresando, pienso mejor de tu culito y de todo el resto-

-Jajaja. Eres muy piropero, pero está bien. Los acepto con mucho gusto. Y toma tu computadora- me dijo dándome mi máquina.

Un rato más tarde, luego de haber estando los dos tecleando furiosamente, ella se interrumpió de pronto y me dijo:

-Lo que estás escribiendo no tiene nada que ver conmigo ¿no?-

Paré de escribir y la miré sorprendido:

-¿Qué te hace pensar eso?-

-Nada especial- respondió -De repente me vino la idea. He leído todos tus libros y sé que contiene unos cuántos pasajes… subidos de tono-

-Jajaja. Alguien me ha dicho que son pornográficos, jajaja-

-Bueno, yo no tengo nada en contra de la pornografía y sí, algunas personas de mentes retorcidas podrían considerarte pornográfico, pero el contenido, digamos “no-sexual”, también es lo suficientemente bueno para considerarte un excelente escritor-

-Jajaja. Gracias, pero no has contestado mi pregunta- le dije.

-Bueno, no podría decirte porqué pensé lo que pensé, pero tú tampoco me has respondido si lo que escribes tiene que ver conmigo-

-Bueno, lo mejor que puedo hacer es dejarte que leas un poco- le respondí ofreciéndole mi computadora para que leyera. Ella se la puso en las piernas y leyó por un rato.

-Hace mucho sol, déjame ponerte un poco de crema protectora- dijo Jasmín, tomando la botella de protector solar y acercándose a mi puesto, puso una rodilla a mi lado izquierdo y la otra a mi lado derecho para finalmente sentarse en mis rodillas.

-Muy bien- dijo ella -Levanta la cara y cierra lo ojos-

Pronto sentí como sus dedos mojados con crema empezaron a deslizarse por mi frente, mi nariz, mis pómulos y los cachetes. Luego sentí como sus manos me recorrían el cuello y la parte superior del pecho con la crema protectora.

-Baja un poco la cabeza- me dijo.

Y sentí sus labios contra los míos. El beso fue muy corto y cuando ella se apartó, yo traté de seguirla.

-No te muevas. Déjame a mi-

Entonces sentí como deslizaba el cuerpo más adelante hasta que quedó sentada pegada a mi. Su vientre contra mi vientre. Luego puso sus manos en mi cabeza para ajustar el ángulo y volver a besarme. Esta vez el beso fue más profundo y su lengua entró en mi boca casi hasta mi garganta, jugando con mi lengua y mis dientes por largo rato.

Cuando por fin se separó de mi para que ambos pudiéramos respirar, yo abrí los ojos para verla. Por un instante, ella me devolvió la mirada. Una mirada de deseo absoluto.

Luego comenzó a susurrarme al oído, al tiempo que sus labios y su lengua se deslizaban por mi oreja:

-Estoy decidiendo cómo te voy a coger. Si espero a que estes acostado. O quizás a que entres en la piscina, me meterme contigo y te cogerte en el agua-

-¿Y sabes a qué conclusión llegué? Que te voy a coger de todas esas formas, pero que ahora te voy a coger ya mismo, aquí sentado como estás-

Entonces puso su boca en mi cuello y me chupó, produciendo una marca, para luego cambiar de oreja y seguir diciendo:

-Y que después también te voy a coger cuando estes acostado en la tumbona-

Entonces cambió al otro lado del cuello y volvió a producirme un “chupón” para subir luego a la otra oreja:

-Y después te voy a coger en el agua-

Por último su boca había llegado a mi boca y volvimos a besarnos.

A todas éstas mi güevo se había puesto super duro, pero ella estaba sentada de una forma que no podía subir, es decir, estaba por debajo de su cuerpo a lo largo de su vulva.

Pero no duró mucho rato allí, pues en algún momento ella se separó un poco, sin dejar de besarme en la boca. Se levantó lo suficiente para agarrarme el güevo, apuntarlo hacia su vulva y entonces bajarse de nuevo, encajándoselo profundamente.

-MMMMMMMMmmmmmmm- gimió en mi boca mientras mi güevo se abría paso por su estrecho canal.

Luego comenzó a cogerme con movimientos cortos de sus caderas de adelante a atrás.

Y así estuvimos tirando por los siguientes minutos. En algún momento ella subió las piernas para mejorar el ángulo de penetración y ahora, con cada empuje de sus caderas hacia adelante, podía sentir la punta del güevo empujarle el útero más adentro.

-Vaaamoooossss…. vamooossss…- empezó entonces a decirme echándose hacia atrás y colgándose de mí, de los brazos. Unidos ahora sólo por nuestros vientres.

-Vaaaamooosss…. meeeteeemeloooo… maaasss… adeeentrooo….-

-Mmmmgggrr- gruñía yo cada vez que su pubis chocaba duro contra el mío en sus violentos empujes.

-Jajajaja, ¡Ya lo sabía!- dijo Jenny cuando terminó de leer -Está claro que Jasmín no está en nada basado en mí. Jajaja, ¡es un plagio!-

-Jajaja. No todo -le respondí. Hay algunas cosas que por razones obvias no me acuerdo, jajaja-

-Te voy a cobrar royalty o te voy a demandar por derechos de autor. Jajaja-

-Bueno. La verdad es que no hay demasiadas formas distintas de describir una relación sexual. Él se la coge ella o ella se lo coge a él. Luego cambian de posición, acaban juntos o uno acaba primero y el otro después… Pero sí, acabo de describir una escena de sexo en una playa que pudiéramos ser nosotros hace una hora. Ella sobre él, sentados en una poltrona…- le dije.

-Si, pero en este caso se siente… ¡ufff! Y aprovecho para contarte que me excita mucho pensar que millones de personas van a “vernos” tirando. Yo soy un poco exhibicionista ¿sabes?. Jajaja- dijo Jenny.

-Con unos padres como los nuestros, que nos estuvieron llevando la playas nudistas desde que nacimos, no es de extrañar-

-¿Quieres otro trago?- me preguntó después de un rato Jenny, que se había levantado y estaba preparándose uno.

-Oh sí, por favor- le dije mirándola.

Me estaba dando la espalda y se afanaba con los vasos y las bebidas. Entonces me le quedé mirando el culo y… me paré, dejé la computadora en mi silla y acercándome a ella, la abracé desde atrás.

-¡Ay, me asustaste!- me dijo dando un brinco cuando le agarré las tetas desde atrás. Mi vientre pegándose a su culito.

-Mmmm… lo siento, pero no aguanté las ganas de abrazarte- le dije mientras le apretaba las tetas.

Ella movió el culito varias veces contra mí, restregándose provocadoramente.

-¿No aguantaste qué?- preguntó haciéndose la loca, mientras trataba de seguir preparando las bebidas.

-No aguanté las ganas de abrazarte y jugar con estas tetas tan ricas que tienes. Pero de lo que mas tenía ganas era de apretarme contra este culito respingón- le conteste moviendo también mis caderas contra ella.

-¿Culito respingón? Jajaja ¡Que expresiones raras tienes hermanito! Por cierto, parece que hay también otro interesado en mi culo- dijo Jenny abriendo las piernas un poco más para dejar pasar mi güevo, que iba poniéndose duro y se apretaba contra su raja.

-¿Puedes agacharte un poco más?- le dije.

-Oh, no sé- respondió ella agachándose y abriendo más las piernas -No me parece prudente-

-Si, es claro que no te parece prudente le dije mientras yo me separaba un poco de ella y soltándole la teta derecha, me agarré el güevo y apuntándolo un poco hacia arriba, restregué la cabeza contra su vulva que estaba más que mojada, empapada, y una vez que conseguí la entrada, empujando duro, se lo metí.

-Mmmm…- gimió -ya sabía yo que esos piropos no eran gratis. Si hubiese sabido antes, me pongo un blindaje-

-Mmgrfg- gruñí mientras empezaba a cogérmela -¿Quieres ponerte un blindaje? ¿Seguro?-

-Ohhhh… siii… un…. un… blindaje…. Una anda por ahí… de lo maaas… tranquila… y de repente… se encuentra…. un… aaaahhhh…. queee… ricooo… se encuentraaa… un… güevooo duuurooo… ahhhh-

-Mmm… bueno… si… quieres… te lo sacooo…- le dije mientras me la seguía cogiendo. Ella se había agachado todavía más, con la parte superior del cuerpo casi tocando la mesa. Con eso aseguraba que mi güevo le llegara bien adentro.

-Oh… nooo… ni se te ocurraaa…- dijo. Pero luego siguió:

-O mejor es si… mmm… me le sacas… y luego me lo metes…. seguidoooo…-

-Ssssiiii…. ahhhhh-

Esta vez tardamos mucho más tiempo en acabar los dos, ya habíamos tenido sexo dos veces hoy y todavía no era mediodía. El caso es que yo acabé primero, pero por suerte o por resistencia, mi güevo se mantuvo duro lo suficiente para poder seguir cogiéndola hasta que ella tuvo su orgasmo.

Capítulo 9

-Creo que me voy para adentro- me dijo Jenny un rato más tarde -Hace demasiado sol y por más que me he puesto protector, no quiero quemarme demasiado-

-Tienes razón- le dije -Vámonos adentro, pero antes me voy a dar una última remojada-

-Buena idea-

Ambos nos metimos en la piscina que a pesar del sol, no estaba demasiado caliente. Al fin y al cabo estábamos ya en octubre.

Por un rato nadamos en la piscina y luego de salirnos nos dirigimos a la casa.

-¿Vas a bañarte?- me preguntó Jenny.

-¿Bañarme, para qué? Lo acabo de hacer-

-Para quitarte el cloro, bobo. Recuerda que mamá nos lo decía siempre-

-Es cierto, pero no. Me baño antes de dormir-

-Ok. Yo sí me voy a bañar ahora- dijo Jenny dirigiéndose al cuarto principal donde dormíamos y estaba el baño grande-

Yo me había secado y así, desnudo como andábamos los dos, me senté en la sala a seguir escribiendo, con la computadora sobre mis piernas en un cojín.

Al cabo de un largo rato, regresó Jenny del baño, con una toalla enrollada en la cabeza como única vestimenta. Un respingo de mi güevo bajo el cojín me reforzó el sentimiento de que estaba tan buena que dolía, ¡Jajaja!

-¡Vaya! Ese fue un baño largo- le dije viendo el reloj.

-Bueno, no fue solo bañarme- respondió Jenny.

-¿No?-

-No te voy a dar detalles, pero aproveché para ciertas “diligencias”, jajaja-

-¿Número dos? ¡Ah!, muy bien- respondí recordando que cuando estábamos niños le decíamos así cuando íbamos al baño a hacer pupú.

-¿Eres celoso?- me preguntó al cabo de un rato Jenny.

-¿Yo celoso? Para nada, ¿porqué?- le respondí extrañado.

-Es que después de leer tu cuento de cómo hacíamos el amor, se me despertó mi vena exhibicionista y si vamos a comer al pueblo, puede ser que…- dijo dudando un poco al hablar -muestre un poco demás-

-Jajaja ¿Más que ayer?- le dije riendo -Ayer tenías la espalda aire y luego esa abertura de la falda…-

-Es cierto, hoy voy a ponerme algo similar, pero además, voy a flirtear con el mesero y bueno, no sé. Lo que quiero decirte es que no voy buscando nada, sólo divertirme y que si te molesta, no lo hago y ya-

-Oh no hermana, no te preocupes. No me molesta que enseñes un poco de más o que flirtees con el mesero. Sin pasarte claro.

-Muy bien, entonces vayamos a comer-

En realidad el traje de hoy de Jenny era distinto del que se había puesto ayer (claro) y en realidad parecía que mostraba menos. Tenía una blusa de colores que le cubría la espalda, pero no sólo era ligeramente transparente sino que era muy escotada y si se agachaba un poco se podían ver las tetas. La falda era pegada y muy corta y de un solo color, que hacía perfectamente juego con la blusa. Las sandalias eran abiertas y cómodas. El rubio cabello caía en cascada sobre los hombros y también hacían juego con la blusa. No había que decirlo, estaba espectacular.

Esta vez no fuimos en la moto, sino en mi carro y cuando Jenny se sentó, la falda se le subió un poco, confirmándome que su falda no sólo era corta, que tenía una abertura por la que salieron sus piernas. Entonces tuve una sospecha.

-¿Vas rueda-libre?- le pregunté.

-¿Qué es eso?- me preguntó.

-¿Que si no llevas pantaletas?-

-Jajaja ¿Me estabas viendo picón? Jajaja-

-No puedo evitarlo. Tienes unas piernas preciosas y con esa falda… Recuerdo cuando empecé con la adolescencia que me encantaba mirar las piernas de las mujeres…- le dije.

-Si, era un dilema constante entre ponernos la falda más corta posible y no mostrar las pantaletas, jajaja. ¡O quizás para mostrarlas, jajaja!- respondió Jenny.

-Si, nunca he entendido cómo deciden las mujeres cuánto mostrar. Si ponerse un escote grande o pequeño, una falda larga o corta-

-Oh, yo creo que ni nosotras mismas lo entendemos bien. Es más o menos instintivo. Un día estás de humor de mostrar y al día siguiente no. Todos estos días yo he estado… “frisky”, es decir, con ganas de mostrar-

-Y que lo digas, ¡hemos pasado todo el día desnudos!. Jajaja- me reí.

-Si, pero aparte de eso. Ayer, cuando salimos, me puse ropa bien… liberal. Y hoy lo mismo. Ahora mismo estoy pensando en los ojos del mesonero cuando me vea, jajaja. Ya lo estoy disfrutando-

-Jajaja-

-Y lo más raro es que, no es que me quiera acostar con el mesonero. O con quién sea la persona que me vea. Simplemente me gusta provocarlos, excitarlos… para luego cogerte a ti ¿Tiene sentido eso?- preguntó.

-La verdad es que no tiene mucho sentido, pero sí. He oido que los exhibicionistas, como me dijiste tú que eras, no lo hacen para provocar a los demás, sino por el placer en sí mismo-

-Absolutamente cierto. El problema es que los “demás” se creen que es una invitación ¡Y no lo es!-

-Tienes que tener mucho cuidado entonces-

-¡Y lo tengo!- me respondió ella enfáticamente -Trato de hacerlo sólo en condiciones controladas y cuando estoy con una persona que me cuide-

-Jajaja ¿Quieres que te cuide?- le pregunté.

-¡Claro que quiero que me cuides!- respondió Jenny inclinándose hacia mí y dándome un beso en la mejilla cuidando de no distraerme -No sólo eres mi hermano, sino que eres mi…-

Y entonces Jenny se quedó callada en medio de la frase.

-¿Soy tu qué?- le pregunté.

-No sé…- respondió evitando mirarme y viendo hacia el mar pensativamente -Más tarde te digo-

Pronto llegamos al estacionamiento del restaurant. El mejor restaurant del pueblo, que además tenía dos estrellas Michelin, lo que lo hacía una atracción regional. No había muchos carros porque era temprano. Me bajé primero y le abrí la puerta a Jenny, que seguía pensativa.

Al entrar nos recibió una mesonera. 

-¿Tienen reservación?- me preguntó.

-O no, no tenemos. No sabía que se necesitara- respondí.

-No hay problema- dijo la chica, muy joven, por cierto -Todavía es temprano y los puedo ubicar en una mesa. Si llegan a venir dentro de una hora, los hubiese tenido de rechazar-

-Suerte de principiante- le dije riendo.

-¿No les importa sentarse aquí? No es la mejor mesa, pero…- nos dijo llevándonos a una mesa que estaba en un rincón. La mesa era alargada y estaba medio encerrada por un paraban que impedía la vista del resto del restaurant. Una mesa casi privada.

-No, no hay problema ninguno- respondió Jenny dándole a la chica la mejor de sus sonrisas, mientras nos sentábamos uno al lado del otro en un banco. La mesa tenía bancos en los dos lados largos.

-Ya les traigo los menús y les tomo el pedido de beber-

-Muchas gracias, ¿señorita…?- le dije.

-Me llamo Ana- respondió ella con una sonrisa y se fue.

-Jajaja- le dije riendo a Jenny mientras me acomodaba a su lado -Perdiste tu oportunidad. No nos tocó mesonero, sino mesonera-

Ella se había sentado muy pegada a mi. Tanto que nuestros muslos quedaron en contacto.

-Jajaja. No te diste cuenta ¿no?- me preguntó Jenny poniendo su mano izquierda en mi muslo.

-¿De qué tenía que dar cuenta?-

-De los ojos de Ana. Cuando entramos y ella nos vio, los ojos se le pusieron como el dos de oro-

-¿Los ojos como el dos de oro?- pregunté, poniendo mi mano derecha en su muslo. Sólo que su muslo estaba desnudo al abrirse la falda y mi mano quedó muy cerca de su vulva. Nada malo, claro.

-Si chico, que los ojos se abrieron mucho cuando nos vio caminado hacia ella. ¡Y sus ojos se detuvieron en mi escote mucho más de lo debido!-

-¿Pero cómo te fijaste en todo eso tan rápido?-

-Jajaja. Esas son parte de las armas femeninas- respondió Jenny riendo -Es como el águila que mira la presa desde muy alto y ya sabe si tiene posibilidades-

-Muy bien- respondí -¿Y entonces cuál fue el resultado de tu análisis?-

-Bueno. Ana es mesera profesional y está trabajando, por lo que primero que nada, tiene que hacer su trabajo, pero sus ojos la traicionaron. ¡Además que no habían mesas libres! Esta debe ser una de las mesas que dejan en reserva para casos de emergencia-

-¡Pero el restaurant no está lleno!-

-No, pero le eché una mirada al libro de reservas y la lista es gigantesca, pero ella simplemente escribió algo y nos pasó. Así que estaba lo suficientemente interesada para dejarnos entrar-

-Wow-

-Pero mejor que eso. No sólo me miró las tetas a mi, a ti también te chequeó el paquete, así que no sé todavía cual es su preferencia. En cualquier caso, creo que vamos a divertirnos mucho hoy-

Unos minutos después regresó Ana con los menús y una libreta para los pedidos. Yo quité mi mano de la pierna de Jenny, pero ella rápidamente me la agarró y se la volvió a colocar entre las piernas, cerrándolas después para mantenérmela allí.

-Aquí tienen  el menú- dijo Ana viendo nuestras respectivas manos bajo la mesa en una posición que no dejaba lugar a dudas donde estaban, pero profesionalmente nos miró a la cara y preguntó:

-¿Ya saben qué desean beber?-

-Mmmm…- dudé yo, pero entonces Jenny le preguntó:

-¿Qué vino nos recomiendas?-

-Depende de la comida- respondió Ana, acercándose un poco intentando ver mejor que hacíamos con las manos. O quizás simplemente ver mejor el escote de Jenny.

-Probablemente comeremos carne, así que preferiblemente querríamos un vino rojo- dijo ésta, llevándose la mano libre al escote y rascándose un poco el pecho y abriendo así un poco más la blusa.

Yo estaba ahora atento y podía fijarme en los ojos de Ana y ver que sus pupilas se dilataban viendo el gesto de Jenny.

-Tenemos un Cotes du Rhone excelente- dijo Ana sin dejar que su voz la delatase.

-Muy bien- respondió Jenny -Seguiremos tu recomendación, Ana-

-Muy bien. Ya les traigo la bebida-

Apenas salió, Jenny se volvió hacia mi:

-¿Viste? La pobre no podía quitarme los ojos del escote-

-Jajaja. Cierto, ¡Y solo bajaba la vista para ver lo que hacías con las manos bajo la mesa- le respondí.

-Jajaja- reímos los dos como cuando estábamos haciendo maldades cuando éramos niños.

-Aquí tienen la bebida- dijo Ana, regresando con la botella de vino y mostrándomela, al mismo tiempo que su mirada se dirigía al escote de Jenny y luego a tratar de ver qué hacíamos con las manos.

De acuerdo con la tradición, abrió la botella y me dio el corcho para que lo revisara. Yo hice como que lo hacía, aunque realmente nunca he estado muy claro de qué era lo que tenía que ver. 

Después de aprobado el corcho, ella sirvió un poco de vino en mi copa y esperó a que lo catara. Todo el tiempo ella permaneció a mi lado, lo más cerca que le permitía el banco en que estábamos sentados. Yo había tenido que quitar la mano de entre las piernas de Jenny, porque necesitaba mi mano derecha, pero Jenny se había puesto más creativa y me había abierto la bragueta y había metido la mano en mi pantalón. No estoy seguro, pero creo que desde la posición de Ana, se podía ver la mano de Jenny.

-Muy bien- le respondí a Ana, luego de probar el vino.

Ella me sonrió y procediendo a servirme el vino. No podría asegurarlo pero mientras lo hacía sus ojos trataban de seguir qué hacía Jenny bajo la mesa. 

Pero más interesante se puso cuando Ana rodeó la mesa al lado de Jenny para servirle a ella, dándose cuenta que ésta se había desabotonado aún más la blusa y el escote mostraba tanto los senos, que se podían ver las rosadas aureolas. 

Cuando Ana se inclinó un poco para servirle el vino a Jenny, le tembló un poco la mano, pero sin embargo no se le derramó ni una gota, enderezando el cuerpo cuando terminó. Yo que la había estado viendo fijamente, me dí cuenta de que estaba un poco sonrojada.

-Gracias Ana- le dijo Jenny levantando la copa hacia ésta.

-De nada- respondió Ana bajando la mirada, nerviosa. Luego puso la botella a un lado y respiró profundamente, como tranquilizándose

-En un momento regreso a tomar su orden- 

-Mmmm- dijo Jenny cuando se fue la mesera -¡Qué divertido. Me encanta!-

-Pobre chica- dijo yo -La pobre no sabe qué hacer-

-Jajaja. ¡Si sabe, lo que pasa es que no lo puede hacer!, jajaja- dijo Jenny metiendo la mano otra vez en mis interiores, pero esta vez me sacó el güevo, que ya, por supuesto, estaba totalmente duro.

-¿No es como mucho?- le pregunté aunque no le impedí hacerlo.

-Oh no. No te preocupes, no se ve nada desde el resto del restaurant. La única que podría ver tu querido güevo es Ana… y yo- dijo Jenny inclinándose hacia mí y besándome sensualmente en el cuello.

Entonces me dije: “lo que igual no es trampa” y metí mi mano entre sus piernas. Jenny estaba completamente mojada y con facilidad pude meterle mi dedo medio profundamente en su vagina. Luego lo saqué y empecé a acariciarle el clítoris. Y así estuvimos masturbándonos un rato mientras revisábamos el menú.

-¿Ya sabes qué quieres comer?- le pregunté.

-Creo que si- me respondió Jenny mientras su mano subía y bajaba despacio -Creo que me voy a comer un paté de la casa de entrada y luego un filet mignon-

-Wow ¿Y la dieta? Ayer no comiste casi nada-

-Ah, ya no es necesaria-

-¿Cómo que no es necesaria? No entiendo- le dije mientras la seguía acariciando.

-Mmmm- dijo cerrando los ojos, disfrutando -Esta noche te lo explico-

Pronto regresó Ana a tomar el pedido.

-¿Ya decidieron qué quieren cenar?- preguntó.

Sin prisa quité mi mano de la vagina de Jenny, pero ella en cambio siguió masturbándome, lo que me puso un poco nervioso, así que me incliné hacia adelante para tapar la vista un poco, lo que por la cara de Ana, no impidió que entendiera lo que Jenny hacía.

-Si, ya sabemos. Yo quiero un paté de entrada- respondió Jenny con voz ronca, aunque no creo que Ana se diera cuenta del cambio de tono voz, pero ahora era mucho mas sensual que su voz normal.

Ana entonces se acercó hacia el extremo de la mesa del lado de Jenny, lo que le daba un mejor ángulo de visión y se colocó en posición de escribir en su pequeña libreta, aunque en realidad los ojos se le iban entre el escote de Jenny y lo que ésta hacía con sus manos.

-Tenemos dos tipos de paté. Tenemos foie gras y tenemos paté de la maison. ¿Cuál prefiere?-

-Mmmmm…- dijo Jenny, sin que se pueda saber si era un gemido de placer o de indecisión -No se…-

-Hagamos una cosa- intervine yo -Tráiganos los dos. Así probamos ambos-

-Muy bien- dijo Ana, anotando -Y de segundo el filet mignon. ¿Y qué acompañantes?-

-¿Con qué viene normalmente?-

-Vegetales y puré-

-Muy bien. Vegetales y puré está bien-

Luego Ana se movió hacia mi lado de la mesa y preguntó:

-¿Y Ud?- y su mirada volvió otra vez a lo que hacía Jenny con mi güevo, pero por más que intentaba, no lograba ver.

-Después del paté, yo quiero comerme un filet tartare- le dije.

-Filet tartare muy bien. Ya les traigo sus pedidos- dijo Ana alejándose.

Pero entonces Jenny le dijo antes de que se alejara mucho:

-¡Ah!, Ana, una cosa más-

-¿Si, dígame?-

Y entonces poniendo la cara más sexy que pudo y exagerando los movimientos de su mano le dijo:

-Puedo dejarte ver lo que estoy haciendo, pero tú tendrías también que enseñarme algo de ese cuerpo tuyo tan bello-

Ana se quedó petrificada por un instante sin saber qué hacer, ni qué contestar, hasta que, bajando la voz le respondió a Jenny.

-No puedo. Así es mi uniforme y no puedo…-

-¡Ah, qué lástima!- le dijo Jenny -Bueno… si se te ocurre algo…-

Pero Ana se alejó rápidamente antes de decir nada.

-Creo que la asustaste- le dije y me recosté hacia atrás para estar más cómodo mientras Jenny volvía a masturbarme despacio. Igualmente busqué otra vez con mi mano entre sus piernas y luego de deslizar mis dedos a lo largo de su muy mojada vulva, le introduje el índice y el medio lo más adentro que el ángulo me permitía.

-Mmmm- gimió Jenny -Siii… méteme los dedos… mmmm…-

Y luego dijo:

-Si, creo que se asustó, pero te aseguro que va a volver. Ya verás. Te apuesto que en este momento está pensando qué hacer.

Efectivamente, unos minutos después, Ana regresó con una bandeja con agua y unos vasos anunciando al entrar:

-Aquí está el agua que me pidieron-

Nosotros no habíamos pedido agua, por lo que era obvio que estaba tramando algo, y entonces comenzó a poner los vasos en la mesa, al lado de los que ya estaban. Luego se acercó al lado de Jenny y mientras le servía el agua le dijo:

-No me puedo desarreglar el uniforme, pero puedo dejar que me toques…-

-Mmmm… es una oferta interesante- dijo Jenny e inmediatamente trató de meter su mano derecha entre las piernas de Ana.

Ella tenía un típico uniforme de mesonero. Una camisa blanca con una corbata negra y pantalones igualmente negros. Además llevaba un delantal gris desde la cintura hasta casi los zapatos, lo que me impedía ver qué hacía la mano de Jenny que se perdía bajo el delantal.

Al mismo tiempo Jenny se inclinó hacia atrás para que Ana pudiese ver mi güevo en su mano.

-Como ves, mi marido tiene un hermoso miembro que pronto va a meterme muy adentro… ¿te gusta?-

-Ooohhh- gimió Ana. No sé si por efecto de la mano de Jenny o por la visión de mi güevo siendo acariciado por ésta.

-Me… me tengo, que ir… -dijo Ana luego de un momento, separándose de Jenny, lo que impidió a ésta seguir toqueteándola. La cara muy roja.

-¿Y mi esposo nada?- le dijo entonces Jenny -No vas a dejar que él disfrute un poco también? Él es tan bueno. Ahora mismo tiene dos dedos metidos en mi vagina que me están haciendo enloquecer… mmm… Estoy segura de que a él le gustaría tocarte esas tetas tan lindas que tienes ¿Porqué no lo dejas?-

Ana se quedó otra vez sin saber qué hacer, pero finalmente rodeó la mesa y se acercó a donde estaba yo y se inclinó hacia mí ofreciéndome las tetas. 

Yo saqué mi mano de la vagina de Jenny y primero me chupé los dos dedos enfrente de la cara de Ana, que respiró profundo y quizás hasta olió el aroma de la vagina de Jenny.

Luego de secarme los dedos en la servilleta, puse mi mano en sus tetas. Eran más grandes que las de Jenny y aunque tenía puesto un sostén relativamente grueso, pude sentir que eran muy duras y los pezones estaba completamente erguidos.

-Muy bien, ya regreso con la comida- dijo entonces Ana, levantándose con la cara más colorada todavía.

Después de que Ana salió le pregunté a Jenny:

-¿Cómo fue eso de “mi marido”?-

-Jajajaja. Fue lo primero que se me ocurrió. Iba a decirle “mi hermano”, pero a tiempo me contuve pues iba a sonar muy raro, así que cambié a “mi marido”. ¿Te molesta?-

-O no- le respondí dándole un corto beso en la boca -Al contrario. Me encanta. Siendo que ambos tenemos el mismo apellido, nadie va a pensar nada… –

-¿Sólo te gusta por lo de tener el mismo apellido?- dijo Jenny haciéndose la ofendida.

-Por supuesto que no. Pero si empiezo a decirte todo lo que me gusta de ti, van a cerrar el restaurant y no habré terminado-

Jenny se me quedó viendo con ojos amorosos y luego de unos segundos me devolvió el beso, sólo que esta vez fue largo y profundo.

Unos momentos después, Ana regresó con los patés. Jenny y yo habíamos dejado de acariciarnos después de su visita anterior, principalmente porque no queríamos acabar en el restaurant, pero también debido a que si yo acababa… no podríamos controlar fácilmente la cosa, a menos que lo hiciese en la boca de Jenny, pero eso iba a ser difícil, así que habíamos decido esperar a más tarde.

-Aquí están las entradas- dijo Jenny que al ver que nuestras manos estaban sobre la mesa, se dio cuenta de que habíamos bajado “la temperatura”.

-Muchas gracias Ana- le dijo Jenny -Eres muy amable-

Ana se le quedó mirando con ojos de deseo y luego de echarle una nueva mirada a las tetas de Jenny, se fue sin decir nada más.

Inmediatamente empezamos a comer, constatando la razón por la que el restaurant tenía dos estrellas Michelin. Ambos patés estaban deliciosos y el pan que los acompañaba también tenía la consistencia y el sabor adecuado. Ligeramente tostado, mmm, delicioso.

Apenas terminamos con los patés, Ana regresó con la comida principal. Que igualmente estaba deliciosa. El filet mignon de Jenny estaba increíble, perfectamente cocido y jugoso. Mi tartare no estaba mal, pero al fin y al cabo es carne cruda por lo que no era tan difícil hacerlo bien. Los acompañantes también estaban deliciosos. En fin, una cena insuperable.

Cuando terminamos, Ana regresó a buscar los platos y limpiar la mesa. Ya la magia había pasado y no nos dijimos nada nuevo. Ella nos ofreció postre, pero no quisimos. Íbamos a tener una larga noche de sexo y no queríamos quedar demasiado llenos, así que pedimos la cuenta. 

Luego de darle una muy buena propina a Ana, Jenny se acercó a ella y le murmuró algo al oído, mientras que con la mano le acariciaba ligeramente el trasero. Según hablaba Jenny, la cara de Ana se le fue poniendo cada vez más roja.

Al final, Jenny se inclinó y la besó en los labios y se alejó. Yo entonces me acerqué y le deseé buenas noches antes de besarla en los labios también.

-¿Qué le dijiste?- le pregunté a Jenny mientras nos acercábamos al carro.

-Ah, le dije que yo tenía que salir de la ciudad mañana, pero que volvería la semana siguiente y que la íbamos a invitar a comer a la casa. Y que entonces íbamos a poder ver todas esas cosas que ella tenía-

-Jajaja. Con razón se puso tan colorada- dije -¿Y te respondió?-

-No con la voz, pero sí con los ojos. Estoy segura que ahora mismo tiene el coño tan mojado como el mío-

-Jajaja- me reí abriéndole la puerta del carro a Jenny y aprovechando para verle las tetas cuando el vestido se abrió al montarse.

-Por cierto- le dije cuando me monté en el carro yo también -No sabía que ibas a regresar la otra semana-

-No pensarías que me iba a ir y dejarte solo ¿no? Ahora que nos re-descubrimos tenemos que recuperar el tiempo perdido-

-¿Cómo es eso de recuperar el tiempo perdido?- le pregunté.

-Bueno, vamos a ver. Si hubiésemos aprendido a coger al mismo tiempo, cuando teníamos 14 años y suponiendo que hiciésemos el amor 5 veces por semana. Veamos, son 52 semanas al año, por 5, son 260 veces al año. Por 20 años, tenemos alrededor de 5.200 orgasmos que tenemos que recuperar- dijo Jenny.

-Wow- le respondí -Eso es mucho-

-Bueno, el camino es largo, pero no nos vamos a rendir antes de empezar ¿no?-

-No, claro que no-

-Entonces vámonos ya a la casa antes de que te coja en el próximo semáforo. Jajaja-

No me cogió en el primer semáforo, pero sí en el garage de la casa. Apenas metí el carro, Jenny se comenzó a besarme sin dejar que me bajase. Pronto se había montado sobre mí, por lo que eché el asiento hacia atrás lo suficiente como para que ella cupiese entre mi cuerpo y el volante. Mientras, ella me desabotonaba el pantalón y me sacaba el güevo. 

Sin mayor introducción, se lo metió hasta el fondo.

-Aaaahhhhh- gimió -Tengo tantas horas esperandoooo…-

Enseguida empezó a cabalgarme, moviendo todo su cuerpo y aprovechando la puerta y el asiento del carro para apoyarse.

-Aaaaahhhh…. ssiiiiii….. que ricooo….-

-Aaaahhh…-

-Siiiiii….-

Pronto Jenny tuvo un primer orgasmo y sentí cómo su vagina empezaba a contraerse rítmicamente contra mi güevo. 

Yo estaba cerca, pero todavía me faltaba, así que esperé a que ella terminase. Pero ella misma empezó a moverse antes de terminar. Todavía poseída por el orgasmo, empezó a mover las caderas en todas direcciones haciendo que mi güevo se retorciera en su vientre.

Así estuvimos por varios minutos más, hasta que yo sentí cómo mis bolas empezaban a tensarse anunciando mi propia explosión de placer.

-Siiii…. sigue asi…- le dije -Yooo tambieeen…-

-Aaaahhhh…. siiii…. venteeee… lléeenameee de tuuu lecheee…-

Y así exploté dentro de ella al tiempo que ella tenía su segundo orgasmo. Mientras me vaciaba dentro de su vientre, un pensamiento idiota se abrió paso por mi cerebro empantanado de placer: ¿Ahora faltarían 5.199 o 5.198? Porque ella había tenido dos orgasmos y yo uno solo.

Una vez que entramos y nos limpiamos un poco le pregunté:

-¿Vamos a jugar Nintendo esta noche?-

Ella me miró con cara de niño que hace una pregunta boba y luego sonriendo me preguntó:

-¿Todavía nos quedan 5.199 y tú piensas en jugar nintendo?-

Eso me respondió dos preguntas, la primera era que no íbamos a jugar esa noche y la otra que ella contaba la del carro contaba como una sola. Jajaja.

-Jajaja- se rió entonces Jenny -¡Qué cara pusiste! Jajaja. No te angusties, querido, tengo que dejar que te recuperes y podemos a jugar Nintendo mientras tanto-

Yo no es que me quejara, pero pensar que ella quisiese tener cinco mil orgasmos en corto tiempo me atemorizaba un poco. Así que la perspectiva de hacer otras cosas distintas a tirar, me iba bien.

Así pues, resuelto el problema, nos dirigimos a la sala donde estaba el Nintendo. Ella sólo se había puesto una tanga minúscula. Para no ensuciar el sofá con mis “cosas”, me dijo. Muy considerada. Yo sí me había puesto una camisa y unos shorts. Digamos que por costumbre.

De esa forma pues empezamos a jugar, acompañándonos con Coca-cola y papas fritas. Nada elegante después de la deliciosa cena, pero es que no hay mucho más pegue con un juego en el que el objetivo es matar monstruos.

Un par de horas después, hicimos una pausa para descansar. Mientras lo hacíamos, Jenny se acostó en el sofá, con la cabeza en mis muslos. 

-Nos divertimos esta tarde con Ana, ¿no?- dijo ella de pronto.

-Jajaja. Cierto, pobre chica. No sabía qué hacer- le respondí.

-No sé. Yo creo que es más experta de lo que parecía. Lo que creo es que la situación la sorprendió. Y por otra parte, su trabajo estaba en riesgo-

-¿Tú crees?-

-O sí. Por una parte, he podido detectar que los jóvenes son mucho más experimentados de lo que parecen-

-¡Pero nosotros somos jóvenes!- protesté.

-Jajaja. Claro, pero me refiero a que con la internet y eso, ellos, me refiero a los quinceañeros, saben mucho más del sexo de lo que sabíamos nosotros a esa edad. Es decir, empiezan con ventaja-

-No sé. No conozco muchos jóvenes- le dije -Es decir, no en ese sentido-

-Bueno, yo tampoco, pero he oído hablar de las hermanas de mis amigas y a algunas chicas que andan por ahí… En especial, del tipo de las que se te quedan viendo las tetas como Ana-

-¿Qué quieres decir?- le pregunté.

-¿No te diste cuenta?-

-No se ¿de qué tenía que darme cuenta?-

-¡Ana estaba más interesada en mis tetas que en tu güevo! Bueno, no sé si más, pero por lo menos igual-

-O sea, que según tú, Ana es bisexual-

-Bueno, no sé si bisexual, pero se moría de ganas de agarrarme una teta-

-Ahora que lo pienso, sí. Me recuerdo sus ojos muy abiertos viendo tu escote-

-Umjú…- dijo Jenny.

Recordando los jugueteos en la tarde nos estaban excitado de nuevo. Los pezones de Jenny se habían levantado buscando guerra y mi güevo, también empezaba a reaccionar.

-Por cierto- dijo Jenny, subiendo su brazo, poniendo su mano entre mis piernas y comenzando a acariciarme -No me has dicho qué piensas de mi invitación a Ana para la próxima semana ¿Estás de acuerdo?-

Pensar en un trío con Jenny y Ana causó que mi güevo reaccionar más rápido que mi mente… ¡y Jenny se dio cuenta de inmediato!

-Jajaja. No tienes que decirme nada. Jajaja. Ya él me contestó- dijo acariciándomelo a través del short.

-Bueno. La verdad es que todavía tengo tantas ganas de ti, que no pensaría en compartirte con otra persona… pero podemos hacerlo-

-Ay hermanito, qué tierno… ¡Yo también te quiero mucho, pero esta oportunidad salió sola! Si no quieres…-

-Jajajaja. No inventes, no salió sola. Desde que le pusiste los ojos encimas a esa pobre chica, ya se veía que querías cogértela-

-Bueno, sí, pero como te dije antes. Que “quiera cogérmela” no significa que lo vaya a hacer. Una cosa es el deseo y otra el cerebro. Estoy segura de que ves muchas mujeres a las que te gustaría coger y simplemente no haces nada-

-Eso es cierto. Pero no te preocupes. Vamos a hacerlo… y por cierto ¿Tú eres bisexual?-

-No realmente- respondió Jenny -No me importa de vez en cuando acostarme con otra chica, pero prefiero los hombres… y desde hace unos días ¡a uno especialmente!-

Un calor me subió por todo el cuerpo con la confesión de Jenny. No era que no fuese obvio, pero cuando te lo dicen… Así que me incliné y comencé a besarla en la boca.

Al cabo de unos minutos, sin embargo, tuvimos que separarnos porque me era muy difícil besarla en esa posición, con todo mi cuerpo doblado. 

-¿Vamos al cuarto?- me dijo entonces Jenny levantándose.

Cuando me paré a su lado ella me miró el short que estaba todo levantado por el güevo que lo empujaba y dijo riendo:

-¡Pobre!, siempre está todo apretado. No sé cómo no inventan una ropa que lo mantenga libre y se pueda levantar cada vez que quiera-

-¿Qué tal una falda?- le dije mientras caminábamos agarrados de mano.

-Jajaja ¡Muy bien! ¡De ahora en adelante todos los hombres andarán de falda!-

Ya en el cuarto me quité la ropa y ella las pantaletas y nos acostamos en la cama, con ella arriba de mi, y empezamos a besarnos apasionadamente. 

Luego de un rato, empecé a buscar sus tetas y ella las mías, por lo que tuve que girar un poco y ponerme en ángulo. Pronto me estaba comiendo sus tetas y sus pezones, que parecía que iban a explotar de lo duro que estaban. Ella imitaba mis acciones y me comía las tetillas a besos y mordiscos, aunque obviamente no tenía tanto dónde escoger, jajaja.

Pronto ella se fastidió y comenzó a bajar y agarrándome el güevo, se lo metió de un golpe hasta el fondo de la boca.

-Mmmm- gemí de placer -Me encantaaa…. pero, te fastidiaste tan pronto de mis “tetas”…-

-¡Ja! Valientes tetas. Yo me imagino que mis caricias te gustaron, al fin y al cabo tienes montones de terminaciones nerviosas como en mis pezones, pero ¡No hay dónde agarrar!- dijo Jenny sacándose mi miembro de la boca y mirándome a la cara.

Luego volvió a metérselo a la boca y a acariciarme la cabeza con la lengua.

-Mmmm… es cierto. Es muy agradable que me comas las tetillas, pero también te entiendo que sea medio fastidioso. Nada tan rico como esto- le dije apretándole las tetas con las manos mientras le chupaba los pezones otra vez.

-Siii…. es muy rico…- volvió a decir Jenny -A veces acabo con sólo la estimulación de las tetas-

-¿Quieres intentarlo ahora?-

-O nooo… mmmfff… hablar con la boca llena es muy difícil y si es un güevo, menos… ahora tengo pensado otra cosaaaa… mmmfffggg…-

-Si… siempre tienes algo pensado- le dije mientras me dirigía a comerle el coño.

Por un rato estuvimos haciéndo un delicioso 69. Su técnica para comerme el güevo era simplemente deliciosa y por mi parte, creo que lo hago muy bien también. Además que me gusta hacerlo, es decir, no soy de los que solo lo hace para preparar a la mujer para metérselo. No, para mi son dos cosas distintas, te como para hacerte acabar y te cojo para hacerte acabar también.

Y sin embargo, cuando comencé a sentir que Jenny se estaba acercando al orgasmo, mientras le acariciaba el punto G con dos dedos y le chupaba el clítoris, me detuvo abruptamente.

-Para, para…- me dijo empujándome la cara suavemente con las manos.

-¿Qué pasa?- le pregunté.

-Saca los dedos… mmmm… también- respondió.

Una vez que detuvimos todo, ella se levantó de la cama y me dijo:

-Recuerdaas… qué me preguntasteeees… que porqué no había comiidooo- me preguntó todavía jadeando por la proximidad del orgasmo.

-Si- le respondí mirándola mientras ella buscaba algo en su maleta.

-Estaba preparándome- parecía que estaba recuperando la respiración. También había encontrado lo que buscaba.

-¿Preparándote para qué?- le pregunté mientras veía lo que traía en la mano: un frasco y un vibrador.

-Para que me cojas por el culo- me dijo mirándome con la cara más sensual que he visto en mucho tiempo.

-¡Oh!-

-Me encanta coger por el culo, pero odio los… tropezones. Así que si quiero hacerlo, me preparo. Como poco y procuro hacer una gran… cagada. Y perdona la palabra. Pero así me aseguro que no te vayas a encontrar un… “submarino” allá adentro-

Jenny había vuelto a la cama y se había arrodillado a mi lado. Luego tomó el frasco que resultó ser crema lubricante para el sexo y echándose un poco en la mano, me lubricó el güevo.

-Pero a mí no me importa- le dije.

-¡Pero a mí sí!- respondió enfáticamente -¡Recuerda que también me encanta metérmelo a la boca!-

-¡Oh!, es verdad- reconocí.

Mientras, ella se había puesto en cuatro y se había echado una abundante cantidad de lubricante en el ano. Después, me apuntó con el culo y lo meneó de lado a lado como un perrito que mueve la cola.

-Y ahora… ¡vamos¡-

Yo me arrodillé detrás de ella y apoyé mis manos en sus caderas, acercándome hasta que el güevo le rozó las nalgas.

-¡Con cuidado! ¿eh?- me advirtió -El que me guste que me cojan por detrás no significa que me gusta que me duela y esa vaina tuya es un poco gorda…-

-No te preocupes- le dije tranquilizándola.

-Claro que me preocupo. En este caso lo importante no es lo largo, sino lo grueso ¡Y tú lo tienes largo y grueso!-

Acercándome un poco más, el güevo se encontró primero con la vagina y sin poderme aguantar, se lo metí como hasta la mitad.

-¡Por ahí no es!- protestó Jenny.

-Yo sé, pero no me pude aguantar- le respondí metiéndoselo y sacándolo completo varias veces.

-Mmmm… a mi me encanta tambieeen… pero vamos a lo nuestrooo-

Así pues le saqué el güevo e inclinando un poco mis caderas hacia arriba, se lo puse en el ano y empujé con cuidado.

-¡Hey! Tampoco es por ahí. Más arriba-

Volví a apuntar y al empujar… y el güevo se deslizó por arriba del ano, entre las nalgas abiertas.

-Mas abajo…- volvió a decir.

Al intentarlo más abajo volví a constatar que estaba empujando en el perineo, demasiado abajo.

-A ver- dijo entonces Jenny -Déjame apuntarlo yo misma-

Entonces me lo agarró y se lo colocó ella misma en la entrada.

-Empuja ahora-

Y lo hice, empujé y empujé pero nada pasó. El ano se negaba a abrirse.

-¿Qué pasa?- le pregunté.

-Espera- respondió respirando profundamente varias veces -Estoy tensa y no me estoy concentrando. Ya te digo-

Entonces la sentí respirar profundamente varias veces y vi como el ano se dilataba un poco, aflojándose.

-Ahora, ¡empuja!- dijo Jenny.

Así, la cabeza del güevo empezó a abrirse paso poco a poco, al tiempo que anillo del culo de Jenny se iba expandiendo alrededor del glande mientras éste iba entrando. Despacio. Un par de milímetros… otro par… el ano parecía estar estirado al máximo y de pronto, toda la cabeza estaba adentro.

-Oooohhhh… mmmm- gimió Jenny, para luego decirme -Sigue, empuja más-

Así lo hice y pronto tenía medio güevo en el culo.

-Para ahoraaa… uurghh, paraaa- gimió otra vez.

-¿Te duele? ¿Quieres que lo saque?-

-Si, me duele un poco… y no, no quiero que lo saques… mmmfffppp… Ya va… pasando el dolor… mmmm…. y… lo quee…. quieroo…. es que me lo metassss adentro… pero esperaaa….-

Pacientemente esperé que Jenny me dijera cuándo seguir. Mientras le acariciaba el culo y la parte baja de la espalda.

Entonces ella movió un poco el culo, girando las caderas, como para aflojar la presión que hacía con el músculo anal. Inmediatamente sentí como el esfínter se aflojaba de nuevo.

-Vamos- dijo -empuja ahora-

Volví a presionar y ella a aflojar el ano y el güevo le entró por completo.

-Ooooohhhh- gimió cuando sintió mis caderas contra sus nalgas.

-¿Empiezo a moverme?- le pregunté.

-Noo…, todavía nooo…-

Entonces pasé mis manos alrededor de su cintura, le agarré las tetas que colgaban de su pecho indefensas y se las apreté duro.

-Mmmmm…. que ricooo…-

Por un rato me divertí con sus tetas, en vista que a pesar de tener mi güevo enterrado hasta el fondo de su culo, pero no me podía mover. Pero poco a poco la presión del ano empezó a ceder al tiempo que ella volvía a mover el culo.

-No te muevas… – me dijo -Déjame a mi-

Entonces ella se echó un poco hacia adelante, con lo que el güevo salió un par de centímetros.

-Uuuhhhh… es taaaannnn gordooo…. uuhhh-

Y luego retrocedió con fuerza, encajándoselo de nuevo hasta el fondo.

-Aaaahhhh…. siiii…-

Y otra vez hacia adelante y hacia atrás.

-Aaahhh… siii… es…. muuuy… ricooo-

El ritmo y la profundidad se fue incrementando. Cada vez el güevo entraba y salía más, mientras yo seguía jugando con sus tetas.

-Siiii…. queee…. rico… teneeerteee… taaannnn… adentrooo-

-A miii.. me gusta… también…- le empecé a hablar también.

-Siiii…. hermanitooo… tienes un güevooo tan graaadeee…. y me lo tieeenes… en el… culoooo…-

-Siiii….. no te imaginas… lo rico que… es ver como… te entraaaa… hasta el fondoooo…- le dije.

Y entonces ella estiró la mano y agarrando el dildo lo encendió y se puso la punta en el clítoris.

-Aaaaahhhhh… siiiii…. ahhhh-

-Mmmm….-

-Siiiii…-

-Meeeteteloooo- le pedí.

-Nooo puedooo…. no me vaaa a cabeeer- respondió ella.

-Siii… andaaaa…- le insistí. 

Yo me había unido a sus movimientos y retrocedía y empujaba al mismo ritmo que ella, con lo que el güevo llegaba casi hasta afuera. A veces inclusive, se me salía, pero el ano no se le cerraba, sino que se quedaba abierto y yo podía volverle a meter el güevo sin problema, hasta llegar al fondo de nuevo, cuando sus nalgas chocaban duro contra mi.

Entonces sentí la cabeza del dildo vibrando contra su vagina, muy cerca de mi güevo. 

-Hmmm…. siii…- le dije -Sigue…-

-No cabeee…- protestó ella.

Pero ella siguió intentándolo y pronto ya se había metido un pedazo del dildo en la vagina. Las vibraciones se trasmitían claramente a través de la pared de la vagina y el recto.

-Mmmeee… vas… a… mataaar…- se quejaba sin parar de meterse el dildo y sin dejar de coger por el culo.

Pronto tuvo el dildo completamente metido, mientras yo seguía chocando su culo con mis caderas. Mis bolas oscilaban con cada envestida y estrellaban contra su mano con la que sostenía el dildo.

-Aaahhh… yaaaa…. sigueeee…. ahhhh…-

-Siii…. duroooo…. dale…-

-Nooo…. puedooo…. maaassss-

Entonces Jenny explotó en un orgasmo violento. Lo primero que pasó fue que soltó el dildo, el cual salió expulsado de su cuerpo. Por otro parte, un chorro de líquido claro salió expulsado por su vagina, mojándome las piernas y la cama, mientras sus piernas y todo su cuerpo temblaban incontroladamente, mientras ella se derrumbaba hacia adelante en la cama.

-AAAAAHHHHHHHH- gritó muy fuerte.

Yo seguí empujando mientras caía sobre ella, tratando de que mi semen, empezaba a explotar en su interior no se saliese.

-AAAAAHHHHHHH- la acompañé en su grito, mientras mis cuerpo también se estremecían de placer.

Cuando me desperté me encontré solo en la cama. Ya era de día y buscando el reloj me di cuenta que eran las 8:30 de la mañana. Hoy se iba Jenny recordé entristecido.

Luego de estirarme, me levanté y entré al baño. Allí estaba ella en la ducha.

-Hey, buenos días- me dijo al oírme.

-Buenos días preciosa ¿Ya te estás preparando para irte?- le dije mientras orinaba.

-Si- me respondió Jenny -Todavía tengo que manejar al aeropuerto, devolver el carro alquilado, hacer el chequeo de la maleta. Ya sabes-

-Si- le dije triste mientras abría la puerta de la ducha y metiéndome bajo el agua, la abrazaba por detrás.

-Mmmm…- ronroneó al sentirme abrazarla por detrás. Su culito respingón contra mi güevo que empezaba a reaccionar.

Le quité el jabón de las manos y empecé a enjabonarle las tetas, mientras le besaba el cuello.

-Mmmm… no creo… que tengamos tiempo para… mmm… –

-No sé a qué te refieres- le dije -Sólo te estoy enjabonando-

-Si, claro… mmm… si le sigues poniendo jabón a mis tetas… mmm… se van a disolver… mmm-

-Oh no, eso no lo podemos permitir- le dije.

-Además que hay una cosa chocándome el culo… ¿trajiste un bate de baseball a la ducha?-

-¿Bate de baseball?- le dije mientras le seguía comiendo el cuello y mis manos bajaban a enjabonarle el abdomen.

-Bueno. No sé que es, sólo sé que es duro y gordo ¿tú no sabes qué pueda ser?-

-No sé de que me estás hablando- le dije, apretándome más duro contra su culito.

Entonces ella se volteó y buscó mi boca para besarme apasionadamente, mientras que pegaba su vientre contra mi güevo.

Después de besarnos por un rato bajo la ducha caliente, se separó diciéndome:

-Anoche… mmm… me dejaste fuera de servicio por varios días-

-¿Fuera de servicio?- pregunté.

-Claro. Me tenías un autobús metido en el culo y un pepino en la totona. ¡No voy a poder caminar derecha por tres días!-

-¡Oh! Lo siento- aunque en realidad, no lo sentía nada, ¡al contrario!

-Además ahora  voy a tener que pasar varias horas sentada en el avión, ¡no sé cómo voy a hacer! Pero en cualquier caso me rompería el corazón dejarte así, todo alborotado…-

Entonces se arrodilló en el suelo de la ducha y se metió mi güevo profundamente en la boca. 

Luego se lo sacó un poco y empezó a mover su cabeza adelante y atrás rápidamente.

Yo puse mis manos en su cabeza y simplemente apoyé sus movimientos, pero ella de pronto se detuvo y despacio empezó a empujar el güevo más adentro hasta que llegó a su garganta. Luego siguió todavía más hasta que su nariz chocó contra mi pubis. ¡Ya no daba más!

-Aaahhhh- respiró cuando se lo sacó, unos momentos después.

Enseguida volvió a los movimientos rápidos de cabeza para luego metérselo hasta la garganta por segunda vez.

-Aaaahhh- dijo luego de sacarlo para respirar.

-Mmmm… esto no parece estar funcionando- dijo.

-O si- le dije -Claro que está funcionando-

-Yo sé- respondió ella mirándome desde abajo con una sonrisa malévola -Sólo que no tengo todo el día… aunque me gustaría-

Entonces volvió a meterse el güevo en la boca para seguírmelo mamando, pero además agarró el jabón que se había caído en el piso de la ducha y empezó a enjabonarme el culo.

-¿Qué haces?- le pregunté inquieto, presintiendo lo que iba a hacer.

No me respondió, pero efectivamente, una vez que me hubo enjabonado sentí como su dedo índice presionaba contra mi ano.

-¿Qué crees tú?- respondió finalmente sacándose mi güevo de la boca un instante  -Un poquito de lubricación para darte placer de nuevo-

Entonces me metió el dedo hasta el fondo y empezó a presionarlo contra mi próstata.

-Ooohhh…- gemí con una sensación extraña en el interior.

Ella se volvió a meter mi güevo en la garganta, al tiempo que seguía acariciándome la próstata en perfecto sincronismo.

No tardé de explotar y vaciarme en su garganta.

-Aaaaaahhhhh- gemí mientras ella recibía mi semen.

Luego ella retiró con cuidado el dedo, al tiempo que procuraba limpiarme el culo del jabón que me había puesto. Al mismo tiempo dejó que el güevo que se desinflaba rápidamente, saliera de su boca y también lo limpió con agua.

-Muy bien ¡Ya estás listo!-

-¿Y tú?- le pregunté.

-Oh no. Anoche quedé servida por los próximos días. Por lo menos hasta el próximo fin de semana, no quiero nada alrededor de mi-

-Jajajaja-

-¿Y adivina dónde voy a estar el próximo fin de semana?-

-Mmmmm- pude apenas decir mientras nos besábamos de nuevo.

Una hora después, estábamos despidiéndonos en la entrada de la casa. Después de besarnos una vez más, ella se separó de mi diciendo:

-Basta, me vas a hacer perder el vuelo-

-No, no lo vas a perder- le respondí buscando su boca de nuevo, pero ella me evitó y desde la puerta del carro, me dijo:

-¡Te quiero!-

-¡Y yo a ti!- le respondí -Avísame cuando llegues a la casa-

-¡Claro!. Cuando llegue a la casa, cuando salga, cuando…-

Y ocultando la cara para que no viera sus ojos llorosos, se montó en el carro y se fue.

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